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Economía para todos
Exógenos, endógenos (¿!) y Supertramp

¿Cuáles son las tres principales causas de progreso tecnológico? La calidad del capital humano (educación), el grado de innovación (ingenio empresarial), y quizás la más importante: el tipo de políticas económicas (gobierno)

Publicada 1 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Es probable que usted haya escuchado hablar sobre los factores exógenos y los factores endógenos (¡ohh!), así como también su incidencia en los resultados económicos, lo cual aplica tanto a la macroeconomía de un país como a la microeconomía de una empresa. Pero, ¿qué son tales factores?

Se entiende por exógeno a todo factor que no depende de la voluntad de quien “está a cargo” de los resultados: el agricultor no puede decidir cuándo va a llover, a qué precio podrá vender su cosecha, ni tampoco puede saber si le fallará el tractor.

Por supuesto que puede (¡y debe!) estudiar cuáles son las épocas del año en que usualmente llueve, e inclusive puede estimar, en base a lo acontecido en los últimos años, cuánto espera que llueva.

De igual forma puede ¡debe! presupuestar, en base al precio de mercado de su producto, a cuánto podrá venderlo (¡lo más caro que se pueda, papito!), así como también ¡debe! darle buen mantenimiento al tractor para que le falle menos…, pero nunca tendrá seguridad sobre el comportamiento de los factores genéricos “lluvia”, “precios de mercado” y “fallas mecánicas”.

Y más importante aún, usualmente el agricultor en cuestión, que bien podría haber sido un empresario de cualquier otra rama, no puede hacer nada para modificar el comportamiento de esos factores, porque le vienen dados.

Por otra parte, y como contraparte…, se entiende por endógeno a todo factor que depende de la voluntad de quien “está a cargo” de los resultados, bien sea en forma directa, o al menos como claro efecto de decisiones anteriores. ¿Le explico?

Por ejemplo, si el agricultor se va a la playa en vez de sembrar, o si riega más de lo necesario, el rendimiento de su cosecha será más bajo de lo que pudiera haber sido. Es decir, el “rendimiento” es un factor endógeno del trabajo y del riego (Luis Miguel diría “no culpes a la playa, no culpes a la lluvia”).

Verá que tal como es frecuente en la economía, las palabras complicadas suelen tener significados… simples, aunque cabe destacar que las diferencias entre factores exógenos y factores endógenos son más fáciles de identificar en ciencias naturales, como la física.

Porque al ser una ciencia social, la economía tiene una amplia gama de grises y no todo es “blanco o negro”, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con la ley de gravitación universal de Newton (la de la manzana que cayó en la cabeza de Isaac, ¿recuerda?...). Eso sí, algunos grises de la economía son bien claritos, y otros bien oscuritos…, ¿eh?

Finalmente, es ilustrativo analizar el caso del “crecimiento” en un contexto macroeconómico, pues según la escuela (¿?) que se considere, será un factor exógeno o endógeno. ¿What?

En efecto, tanto para la escuela clásica del escocés Adam Smith, quien desarrolló la idea del libre mercado, como para la escuela neo-clásica del inglés Alfred Marshall, quien propulsó el concepto de que los mercados tienden al equilibrio, el “crecimiento” económico es un factor “exógeno”, pues lo consideran dependiente del “progreso tecnológico”, al cual no explican mayormente.

Por su parte, otras escuelas económicas consideran al “crecimiento” económico como un factor “endógeno”, pues intentan explicar las causas básicas del “progreso tecnológico”.

¿Cuáles son las tres principales causas de progreso tecnológico? La calidad del capital humano (educación), el grado de innovación (ingenio empresarial), y quizás la más importante: el tipo de políticas económicas (gobierno).

Y, ¿en qué aspectos prácticos se diferencian las distintas políticas económicas? En el mayor o menor reconocimiento a los derechos de propiedad, en el mayor o menor grado de libertad de comercio, en el mayor o menor nivel de gasto público, y en la mayor o menor tasa de inflación. Era fácil, ¿vio?

¿Cuál es mi escuela predilecta? School, de Supertramp. ¡Ah!, ¿usted dice de economía? La austríaca, de Mises y Hayek, aunque le recomiendo que no crea ni en los encasillamientos ni en la verdad absoluta de ninguna. Son sólo líneas de pensamiento, mejores o peores, pero no verdades reveladas (¡occhio!).

¡Ah!, la escuela de Alfred Marshall se llama “neo-clásica”, pero no es por “Sweet neo-con”, la canción que los Stones le acaban de dedicar a los neo-conservadores estadounidenses (¿la letra?, ¡imperdible!).
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com


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