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| Futuro. Luis Landaverde dice que al salir del penal pondrá su propia panadería para que sus dos hijas y esposa salgan adelante. Foto EDH |
Juner Guzmán
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Purgar penas en un recinto no impide que 289 reos (52 mujeres) del penal de Sensuntepeque aprendan un oficio que les ayudará en el futuro.
Los cursos de panadería, sastrería, carpintería y cerámica son impartidos por Cáritas de ElSalvador, de lunes a viernes, de 8:00 a 5:00 p.m.
De éstos, al menos 26 internos se graduaron en panadería, en una capacitación que duró tres meses.
Ángela de Merino dijo que Cáritas da los cursos como parte del proyecto Pastoral penitenciaria, cuyos fondos provienen de la Conferencia Episcopal Italiana.
“Cáritas trabaja con talleres laborales, jornadas educativas, formación y evangeliza por medio de la Iglesia Católica”, acota.
Al gusto del cliente
Julio Alas, comandante del recinto, asegura que los reos están muy animados.
“Muchos han adquirido experiencia y aseguran que pondrán su negocio cuando salgan”, dijo.
La creatividad en los internos se desborda; hacen tortitas, guarachas, galletas, peperechas y pan francés.
Tiempo atrás, el pan que consumían los reos lo compraban afuera, pero hoy no.
José Bonilla es instructor en panadería y dice que los internos ponen mucho empeño en aprender.
Según Bonilla, al hacer el pan los reclusos mantienen la mente ocupada en algo.
“Antes ellos se quejaban por comer el mismo pan, pero hoy les hacemos variedad”, dijo el interno Jaime Arévalo, quien recién se graduó de panificador.
El entusiasmo crece en los internos y muchos dicen que piensan venderlo afuera del recinto.
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| Afrodicio Abarca elabora todo tipo de muebles, pero también sabe tallar figuras en madera. Foto EDH |
“Me han dicho que esperan vender el pan en tiendas del municipio”, dice Alas.
Por su parte, la representante de Cáritas manifestó sentirse satisfecha por el entusiasmo de los reclusos.
“Nos satisface apoyar a uno de los penales más olvidados”, expresó.
Otros reos ya se ven como dueños de su propio negocio. “Al salir, quiero poner mi propia panadería. Si cometí un error, me servirá para ya no caer en lo mismo”, expresó Diana, una interna.
Pero los reos no sólo hacen pan en el recinto, otros aprenden sastrería, carpintería y otros oficios.
De Merino comentó que el pasado lunes inauguraron el curso de piñatería y que algunas internas aprenden corte y confección.
Cáritas trabaja en el penal desde junio de 2005.
Hoy están a la espera de conseguir fondos para seguir con los cursos.
Caritas imparte otros cursos
Capacitan a las mujeres en Corte y Confección
- Además aprenden a elaborar piñatas. Ahí asisten al menos 21 homosexuales.
- Corte y confección reúne a 32 internas.
- La Universidad Alberto Masferrer, a través de alumnos, enseña reglamentos internos del penal.
- Algunos reciben educación a distancia que les ayuda a actualizarse en sus estudios.
- Para incentivarlos se ha puesto una sala de ventas donde los internos muestran sus artesanías para venderlas a quienes les visitan.
“Ya aprendí a hacer semita y guarachas”
Con 30 años de edad y cinco de estar interno, Luis Landaverde asistió a los cursos de panadería impartidos por Cáritas y ya vio los frutos.
Hoy es parte de la promoción recién graduada.
El interés por el oficio nació hace un año, de tal forma que asegura ya no se apena al hacer pan de toda clase. “Con lo poco que gano ayudo a mi esposa y a mis dos hijas para que tengan qué comer en la mesa”, acota.
Los cursos de Cáritas son intensivos, ya que bastan tres meses para volverse “experto en el área”.
Cada interno es reproductor de los conocimientos en su área, y eso es lo que hace Luis.
“Es una experiencia de superación. Al salir, quiero poner una panadería con mi esposa”, asegura.
El proceso para hacer el pan inicia a las 3:00 p.m. del día anterior. Preparan la masa y la dejan reposar, pues a las 5:00 de la mañana la meten al horno.
“Nos levantamos temprano para hornear el pan dulce; después es el pan francés”, dice.
Un horno pequeño y diez bandejas es la base para hornear el producto.
A las 11:00 de la mañana degustan el “pan salido de entre las rejas”.
El oficio de sastre ya ganó espacio
Óscar Palacios, de 48 años, tiene esposa y dos hijos, a quienes mantiene desde la cárcel a través de la sastrería, oficio que ejerce en el penal de Sensuntepeque.
Originario de La Paz, Palacios tiene 15 años de ser interno y dice estar aprendiendo mucho dentro del recinto.
Asegura hay gente que confía en ellos y les lleva trabajos para que les confeccionen trajes. También hacen costuras a los mismos internos.
Asimismo, hacen los uniformes a los celadores del penal.
León Portillo es dueño de un bazar de Sensuntepeque y para él darle trabajo a los internos es ayudar a levantarles la moral.
“Ellos tienen mucho talento y trabajan muy bien. Les llevo mi trabajo con el objetivo de que se sientan útiles para la sociedad, porque sí lo son”, testimonia Portillo.
La madera desborda la creatividad en la cárcel
Afrodicio Abarca tiene 50 años y doce de ellos los ha pasado interno. En su estadía ha aprendido a hacer muebles, gracias a los cursos impartidos por Cáritas de El Salvador. Además está estudiando bachillerato a distancia.
“Aquí he estado estudiando desde primero hasta mi último año de bachillerato, hoy sé que nunca es tarde para aprender”, expresó el artesano.
Abarca es originario de SanSebastián, San Vicente, y pese a no tener familia, dice que sobrevive con lo poco que gana de los trabajos que hace en el taller de carpintería.
“Cuando llegué al penal me gustaron los cursos de cerámica y pintura, pero me interesé por la carpintería; en ella pongo mi creatividad”, expresó.
En el taller, cada interno compra sus herramientas o material que utilizará para elaborar los muebles o para tallar la madera. Así es fácil encontrarse con esculturas de diversos tipos.
“Nosotros lo que hacemos es apoyarlos. Los cursos impartidos por Cáritas están ayudando a que los reos desborden sus conocimientos en los diferentes oficios en que se les encuentra”, dijo Julio Alas, director del penal.
Prueba de lo anterior es el águila que ha hecho don Afrodicio en el recinto.
Sin embargo, cuando hay pedidos de muebles, algunas casas comerciales les llevan la materia prima para que trabajen.
“Cada quien reza por su santo. Aquí compramos lo que se necesita, pero con lo poco que tenemos estamos saliendo adelante”, expresó.
No es de sorprenderse que dentro del recinto quien llegue de visita al penal se encuentre con finos decorados en madera.
También hallarán hamacas, portaretratos y lindos recuerdos hechos de madera de laurel.
Para exhibirlos, los internos tienen una sala de ventas con precios accesibles al bolsillo.
“Cuando me va bien, gano 20 dólares a la semana. Gracias a Dios, todos los días tengo trabajo”, dice muy emotivo.
La autoestima ha crecido en los internos y se sienten muy seguros de su labor.
“No tengo por quien luchar, pero al salir voy a trabajar para seguir siendo útil a la sociedad”, dijo.
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