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Vivencias
Pensamiento mágico en El Salvador
La teosofía, que a simple vista puede parecer sólo un frívolo interés por el misterio, por las cosas del más allá o por la alquimia, tuvo una seria proyección hacia fines de mayor trascendencia en la política, la economía
Publicada 29 de julio de 2006, El Diario de Hoy
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| Rolando Monterrosa*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Desde hace mucho tiempo gran número de salvadoreños ha sido aficionado a la teoría y práctica de las ciencias ocultas o esoterismo. Aunque el espiritismo, las magias blanca y negra, así como otras formas de adivinación y ocultismo, encontraron acomodo en todos los niveles de la población, se consideraban como supersticiones a las que pocos querían verse públicamente ligados.
Pero a mucha distancia de la tendencia popular, surgieron desde finales de 1800 varias corrientes afines de un nivel cultural más elevado. Es probable que salvadoreños que cursaban estudios en Europa, sobre todo médicos que acudían a las prestigiosas escuelas de medicina de Francia, hayan entrado en contacto con las corrientes esotéricas de moda en Europa: The Golden Dawn (Amanecer Dorado), los manifiestos rosacruces alemanes, los escritos sobre hipnotismo del doctor Jean Marie Charcot y muchos más.
Más adelante, en El Salvador de la primera mitad de 1900, se leía con fruición sobre estos temas que apasionaban a profesionales del derecho, la medicina, filosofía, letras e innumerables disciplinas más: Salarrué y Masferrer estudiaron los escritos de Mada-me Blavatsky; de igual manera, habiendo bebido de las fuentes del Dr. Charcot y Mesmer, especializado este último en el uso clínico del magnetismo, el Ing. Oscar René Lindo fue considerado como un excelente hipnotista, que ayudó a quienes querían renunciar al alcohol, al tabaco o que sufrían trastornos nerviosos. Su hermano, el jurista y poeta Hugo Lindo, también navegaba con entusiasmo por las aguas esotéricas.
Otro personaje que hizo faro de la integración del hombre con la naturaleza, fue la teósofa Ma-dame Ella Ruth Rostau, quien además de haber fundado la logia Blavatski, instaló la primera y más prestigiosa academia de cosmetología del país.
Alrededor de Madame Rostau se reunía un selecto grupo de personas de diversa condición para intercambiar conocimientos y para leer y discutir los textos de la Blavatsky, espiritista y fundadora a finales del Siglo XIX de la escuela occidental de teosofía, con sede en Nueva York. Al grupo de Madame Rostau pertenecía el literato chileno don Juan Felipe Toruño, fundador, con otros intelectuales, del Ateneo de El Salvador.
Uno de sus hijos, el médico Helmo Roger Toruño, ya fallecido, destacó por sus métodos de tratamiento a enfermos de cáncer, así como por sus prácticas de la gimnasia sicofísica yoga y promoción de la orinoterapia, consistente esta última en el empleo de orines para preservar la tersura del cutis y, según esa escuela, curar diversas enfermedades. El Dr. Toruño asistió a Madame Rostau hasta que ella murió, a causa de una enfermedad terminal, en el hospital “La Divina Providencia”.
Pero el que quizá alcanzó mayor fama por su práctica esotérica, fue el general Maximiliano Hernández Martí-nez, cabeza de un régimen dictatorial que le mantuvo en el poder durante trece años, entre 1931 y 1945. Su afición a la teosofía le valio el sobrenombre de “El Brujo de las Aguas Azules”, por atribuir a este color poderes curativos.
Sin embargo la teosofía, que a simple vista puede parecer sólo un frívolo interés por el misterio, por las cosas del más allá o por la alquimia, tuvo una seria proyección hacia fines de mayor trascendencia en la política, la economía, la sociología, la educación y prácticamente en todas las ramas del quehacer ciudadano.
La investigadora española, Marta Elena Casaús Arzú, ha publicado el libro “Las redes intelectuales centroamericanas y sus imaginarios de nación (1980-1945)”. Destaca en él la influencia que ejercieron en ese período “las corrientes laicas de pensamiento espiritualista, especialmente la teosofía y el vitalismo y el enfrentamiento de éstas con el positivismo y el marxismo”. De esta interesante obra nos ocuparemos en un próximo artículo.
*Periodista.
rolando@elsalvador.com

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