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Breve Análisis
Un programa para América Latina

La principal debilidad de las economías latinoamericanas es que serán incapaces de generar el tipo de crecimiento rápido y sostenido que se necesita para crear empleos y reducir la desigualdad y la pobreza

Publicada 29 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Sebastián Edwards*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Durante los últimos tres años, América Latina ha vivido un auge económico sin precedentes. El crecimiento ha sido sólido, la inflación está bajo control y las reservas internacionales han aumentado a paso constante. El período que va de 2004 a 2006 ha significado los tres mejores años para las economías de América Latina desde principios de los 60.

Esta bonanza se ha debido principalmente a un ambiente internacional extraordinariamente positivo. Los precios de exportación de las mercancías básicas se encuentran en niveles nunca antes alcanzados, ha habido una gran liquidez global y las tasas de interés internacionales se han mantenido bajas.

Sin embargo, a pesar de las buenas noticias, el mapa político del continente se ha invertido, generando dudas sobre si se puede sostener el éxito económico. Una cantidad creciente de países latinoamericanos ha elegido presidentes de izquierda que critican las reformas de mercado y la globalización.

Recientemente, Colombia marcó una diferencia frente a esta tendencia, y ahora parece que el candidato izquierdista de las elecciones presidenciales de México, Andrés Manuel López Obrador, ha sido derrotado por un estrecho margen. Sin embargo, los votantes han catapultado a políticos de izquierda en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Perú, Venezuela y Uruguay, mientras que López conserva la capacidad --y quizás la voluntad-- de movilizar a sus partidarios.

La principal inquietud es que los políticos de izquierda implementen políticas populistas que generen grandes déficit fiscales, alta inflación y, finalmente, el derrumbe de sus monedas.

Las crisis externas tienen una larga historia en la región. Desde los años 70, los países latinoamericanos han sufrido, en promedio, 1,6 crisis de balanza de pagos por década; algunas de las mejor conocidas son la crisis mexicana de 1994-95, la crisis brasileña de 1999 y la crisis argentina de 2001-2002.

No obstante, la preocupación acerca de las políticas populistas no se justifica del todo. La generación actual de líderes de izquierda es diferente de los “caudillos” populistas del pasado. Entienden que los desequilibrios macroeconómicos --y, en particular, la inflación-- son costosos y producen frustración. Incluso Hugo Chávez de Venezuela --el más vociferante de ellos-- comprende la importancia de mantener la estabilidad macroeconómica.

Más aún, en los últimos años, las economías latinoamericanas han experimentado importantes transformaciones económicas que han aumentado su resistencia ante las adversidades externas. Entre ellas, las principales han sido la adopción en varios países de tipos de cambio flexibles y la reducción de la deuda externa, particularmente la deuda del gobierno. Estos cambios estructurales han puesto a la mayoría de estas economías en buen pie, reduciendo su vulnerabilidad a los embates externos, como la desaceleración del crecimiento de la economía mundial, mayores tasas de interés internacionales y menores precios de la mercancías básicas.

Sin embargo, una mayor estabilidad macroeconómica no significa que todo esté bien. La principal debilidad de las economías latinoamericanas es que serán incapaces de generar el tipo de crecimiento rápido y sostenido que se necesita para crear empleos y reducir la desigualdad y la pobreza.

Para generar este rápido crecimiento de largo plazo es necesario que cumplan tres condiciones: Primero, deben acumular capital, lo que implica altos índices de ahorro que les ayuden a pagar nuevas máquinas, equipos e infraestructura.

En segundo lugar, deben usar sus fuerzas laborales de manera eficiente, lo que exige una legislación laboral moderna que estimule el empleo de las mujeres, los jóvenes y los ciudadanos de mayor edad. Finalmente, deben lograr un alto índice de crecimiento de la productividad, lo que sólo se puede lograr asegurando un sistema educacional de alta calidad y amplio acceso.

El principal reto para los nuevos líderes de América Latina, ya sean de izquierda o derecha, es implementar reformas que aceleren el crecimiento. Sólo si el crecimiento es significativamente más rápido en el largo plazo comenzarán a aumentar los estándares de vida para la vasta mayoría de los votantes de la región.

Copyright: Project Syndicate. *Profesor de Economía en la UCLA.

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