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Tema del momento
¡Ay, qué situación!

El problema real --grave y preocupante--, no es el desempleo, sino que la gente, sencillamente, no quiere trabajar o no está capacitada para desempeñarse bien

Publicada 29 de julio de 2006, El Diario de Hoy

María Alicia de López Andreu*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

“Qué terrible está la situación, niña”, me comenta, afligida, una querida amiga, ama de casa, madre y abuela ejemplar. “Esto de que tanta violencia y la vida tan cara y el desempleo… ¡una no sabe qué le espera a los hijos y a los nietos!”

“Qué terrible está la situación, doña María Alicia”, me repite una joven ejecutiva, que se desempeña con excelencia, en el hogar y en el trabajo. “Me preocupan mis niños, mi esposo… ¡tanto desempleo!”.

“Mujer, por Dios Santísimo, qué terrible está la situación, y con tanto desempleo que hay, esto se va a poner cada vez peor”, me comentan las amigas de mi generación.

“Y tú, ¿qué estás haciendo en la empresa en esta situación?”, es el tema de conversación entre amistades del sector empresarial. “Tengo que producir, hacer cambios, ejecutar nuevos proyectos, pero necesito (equis) empleados más ¡y no los encuentro!”

“¡Qué situación tan grave! Todos los trabajos en la finca están atrasados; no puedo entregar los productos a tiempo y quizá me baje la calidad del fruto, porque no encuentro gente para trabajar. Necesito el triple de empleados. Pago bien, pero el personal y los ingresos cada vez son más escasos, mientras la inseguridad y el robo aumentan. ¡Qué problemas! ¿Y a ti, cómo te va?”, me comenta un preocupado agricultor.

Y así, entre angustias y quejas, a todos nos aflige “la situación”, y con justa razón. Pero, lo peor que aún podría sucedernos, es permitir que nos domine el negativismo y perdamos nuestro espíritu de lucha y deseos de superación... que es, precisamente, el objetivo de la violencia.
Y vamos por partes.

Primero, quiero aclarar en mi nombre y en el de mis agobiados colegas empresarios, principalmente los agricolas, que sí hay empleo, y en abundancia. Si usted lo duda, mire las ofertas de trabajo en este mismo periódico y dése una vueltecita por el campo.
Entonces, el problema real --grave y preocupante--, no es el desempleo, sino que la gente, sencillamente, no quiere trabajar o no está capacitada para desempeñarse bien.

El primer caso quizá se deba a que se han acomodado a vivir de la remesa que les llega, o están vegetando, mientras el “coyote” les arregla cómo irse “para los Esta-dos”, en busca del sueño americano (lástima que desperdicien la oportunidad de hacerse un futuro en nuestra tierra, pero esa es su decisión).

Irónico, porque nuestro país es ahora el “sueño americano” de nuestros vecinos, que aquí sí encuentran trabajo y, además, ganan en dólares. Nuestro gobierno, entonces, facilitando la contratación de centroamericanos, estaría proporcionándonos una solución “ganar-ganar”: empleo para el trabajador y trabajadores para el empleador.

El tema de la falta de capacidad es mucho más difícil de resolver, además de que tomará, al menos, una generación para lograr un cambio significativo. Por eso mismo, se debe comenzar hoy a exigir que los maestros, verdaderamente, merezcan ese título, y que sólo se gradúen y titulen aquellos estudiantes que realmente lo merecen. ¿Que las escuelas y universidades se quedarían vacías? Quizá, pero si continuamos como estamos, jamás vamos a progresar.

¿Nos quejamos porque todo está caro? En todo el mundo, pero con la falta de personal, todo encarece aún más. Peor todavía, si añadimos la inseguridad, la violencia, el robo, el irrespeto absoluto a la ley y a la vida; es decir, si nos invade el caos.

Esa responsabilidad de restablecer el orden, es casi exclusiva de nuestras autoridades. Por lo tanto, a ellas debemos exigirles que cumplan y apliquen las leyes, que protejan al honrado y castiguen al criminal y que, sin miramientos, ejerzan el mandato que han recibido de establecer y mantener el Estado de Derecho. A nosotros, como ciudadanos, sólo nos corresponde cumplir la ley, apoyar a la autoridad y trabajar muy duro.

Si, además, erradicamos el negativismo, conservando la fe y la esperanza y si todos cumplimos nuestras responsabilidades individuales… entonces, definitivamente, mejorará “la situación”.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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