|
La
Nota del Día
Predican la paz y prosiguen la guerra
El blanco final de comunistas y fundamentalistas
es el Orden Occidental basado en la democracia, el Estado de Derecho,
las libertades individuales, la economía de mercado y la globalización.
Publicada 29 de julio de 2006, El Diario de Hoy
|
| El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Casi de inmediato, después del asesinato de dos policías
a manos de efemelenistas, uno de los cuales fue concejal de Mejicanos
y enlace del partido con el régimen chavista, los rojos se cubren
con piel de oveja, se cuelgan camándulas, van a iglesias, se declaran
amantes de la concordia y el diálogo y organizan, por interpósita
mano, concentraciones “por la paz”. Sobran solapados, exguerrilleros,
exrectores de la UES, compañeros de viaje e inclusive personas
serias y patrióticas, que caen en el juego.
Los comunistas hablan ahora de “total desarme” aunque siguen
con la misma guerra de siempre. Desarme pero no para los comandos que
entrenan, para los grupos de choque que hallan cobijo dentro de la UES,
para los comandos urbanos que nunca se desmovilizaron ni para sus aliados
en las maras.
Qué sigue el desorden está muy claro: el lunes por la mañana
un grupo de sujetos marchó a lo largo de la Alameda Juan Pablo
II, congestionando el tráfico, bloqueando calles y estorbando las
normales actividades de la gente.
La marcha, se dijo, era pacífica, pero no hay nada de pacífico
en atropellar el derecho ajeno, en este caso el de la libre circulación
de personas y vehículos en San Salvador. Lo que buscaban era impedir
que se instalen compañías mineras en Chalatenango, como
se oponen a la construcción de represas, a la apertura de carreteras,
al uso de semilla mejorada, a la renovación de nuestras ciudades
y a todo lo que represente progreso.
La línea del partido la trazó su difunto cabecilla señor
Handal, como testimonia Marta Harnecker: tiene que fomentarse la crianza
de mulas y el uso de carretas jaladas por bueyes para resolver el problema
del transporte de personas y de carga.
Los que marchaban el lunes iban con camisas rojas, sus carteles repetían
las viejas consignas de los comunistas, la manera como se desplegaron
en la calle es la que vienen usando desde que Lenín iniciara su
asalto sobre Rusia. El 5 de julio otra marcha sirvió para emboscar
a los policías de la UMO, quienes no portaban armas letales; el
miércoles 19, el juez que autorizó la entrada de policías
y fiscales en la Universidad de El Salvador fue atacado en su casa por
individuos que aparentemente llegaron a matarlo.
Contra libertad y democracia
No hay diferencia entre los efemelenistas salvadoreños y los grupos
islámicos radicales. Ninguno cede un milímetro en sus posturas,
nunca abandonan la idea de derrotar al que consideran adversario, se han
declarado enemigos a muerte de la civilización occidental y recurren
al diálogo como una manera de ganar tiempo y reagruparse. Cualquier
concesión de sus opositores es vista como una señal de debilidad,
que aprovechan para lanzar nuevos ataques.
Tanto comunistas y fundamentalistas echan mano de la desestabilización,
de fomentar los odios entre clases y etnias, del terror, de las matanzas
de civiles, de las ejecuciones sumarias y del chantaje para lograr sus
objetivos. Las bandas fraguan alianzas con grupos de sediciosos y terroristas
de todo el mundo, desde la narcoguerrilla colombiana hasta la mafia norteamericana.
El blanco final de comunistas y fundamentalistas es el Orden Occidental
basado en la democracia, el Estado de Derecho, las libertades individuales,
la economía de mercado y la globalización. Precisamente
la base del esplendor de nuestra época contemporánea.

|