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La legitimación del crimen

La violencia impuesta por los criminales en las vidas de los pobres es uno de los aspectos más terribles de la pobreza. La relación entre crimen y pobreza no se da internacionalmente tampoco.

Publicada 28 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Manuel Hinds*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El Ministerio de Economía anunció recientemente el lanzamiento de un programa orientado a ayudar a los que violan las leyes de propiedad intelectual a que establezcan negocios lícitos. La ayuda incluirá varios privilegios diseñados específicamente para este grupo, que irán desde la provisión de asistencia técnica y facilitación de los trámites necesarios para establecer negocios lícitos, hasta la provisión de crédito en condiciones favorables. La palabra privilegios es la adecuada porque los que no violan las leyes de propiedad intelectual no tendrán acceso a estos servicios que proveerá el Ministerio de Economía.

Hay dos temas que saltan a la vista al leer esta noticia: El primero es que el Ministerio de Economía es muy capaz de simplificar trámites cuando desea ayudar a ciertos grupos específicos. La pregunta es, ¿por qué no entonces definir a la población entera como el grupo al que hay que simplificarle los trámites? El argumento más comúnmente empleado por las personas que diseñan procedimientos cada vez más complicados, para lograr propósitos cada vez más triviales o inexistentes es que hay que sospechar del ciudadano, y por tanto deben hacérsele difíciles todos los trámites.

Por supuesto, el Ministerio de Economía no es la fuente de todos estos trámites. Pero el hecho es (1) que puede eliminar muchos de ellos cuando se trata de la creación de empresas y (2) que en este caso propone hacerlo para personas cuya credibilidad es mucho menor que la de cualquier ciudadano, porque actualmente se encuentran ocupados en actividades ilegales.

Este es el segundo tema que salta a la vista: estar evadiendo la ley sería el requisito crucial para tener acceso a los privilegios ofrecidos por el Ministerio. Personas que nunca han violado la ley de propiedad intelectual no podrían gozar de sus beneficios. En realidad, si la fiscalía quisiera hacer una redada de personas que violan esta ley sólo tendría que obtener la lista de los beneficiarios del programa del Ministerio de Economía. Todos los que allí estuvieran serían reos confesos.

Estos programas son ejemplo de la actitud de legitimación del crimen que los salvadoreños hemos ido tomando en los últimos años. En algún momento, se nos antojó equivocadamente, que era civilizado y elegante borrar las culpas de los malhechores echándoselas a la sociedad entera, justificando hasta el crimen más abominable afirmando que es consecuencia de la pobreza. El resultado es que se legitimiza al crimen como una consecuencia inevitable de las circunstancias. Al ignorar las dimensiones morales del problema, esta es una idea amoral.

En el fondo, la idea es terriblemente clasista. Muchos de sus proponentes la rechazarían si la expresamos en su forma inversa, afirmando no que la gente se vuelve más criminal mientras más pobre es sino que la gente se vuelve más virtuosa mientras más dinero tiene. Muy pocos de dichos proponentes estarían de acuerdo con esta manera de expresar su propia idea.

Pero el clasismo es el problema más leve que tiene esta idea. El problema más grande es que no tiene relación con la realidad. La mayor parte de la gente pobre es honesta y vive moralmente. Si los pobres fueran criminales no sufrirían por la criminalidad y no se quejarían de ella. En la dura realidad, la violencia impuesta por los criminales en las vidas de los pobres es uno de los aspectos más terribles de la pobreza. La relación entre crimen y pobreza no se da internacionalmente tampoco.

En 2005 había 69 países más pobres que El Salvador, la mayor parte de ellos muchísimo más pobres (por ejemplo, el ingreso por habitante de El Salvador es nueve veces el de Sierra Leone, el país más pobre en las estadísticas del Banco Mundial). Si la pobreza fuera la fuente del crimen, la criminalidad en estos países sería mucho más alta que en El Salvador. La realidad es al revés. La criminalidad en El Salvador está dentro de las más altas en el mundo, muy por encima de la de países que son mucho más pobres que nosotros.

La idea no sólo es irrealista sino también bloquea cualquier esfuerzo que quiera hacerse para tratar con el problema, ya que es obvio que la pobreza no puede eliminarse en poco tiempo. En el entretanto, los criminales son tratados crecientemente como víctimas, mientras ellos victimizan a toda la sociedad y en particular a los pobres.

La verdad es que la violencia y el crimen no son manifestaciones de otros problemas en la sociedad, son el problema más grave que puede tener un país. Esta es la verdad de sentido común que tenemos que aceptar para lograr vencer a este azote que amenaza con destruirnos. Tenemos que entender que el crimen es inaceptable en cualquier circunstancia y decidir que nuestra sociedad tendrá cero tolerancia para la violencia. Esta actitud, no la suicida de justificar el crimen, es la que todos debemos tener y la que debemos transmitir a nuestras leyes.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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