|
La
Nota del Día
Por “deshonrar familias” son forzadas al suicidio
La ofensiva israelí no es una ofensiva contra la nación árabe pues más de diez millones de árabes viven y trabajan en Israel, sino contra los fundamentalismos
Publicada 27 de julio de 2006, El Diario de Hoy
|
| El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
“A Derya, una delgada muchacha de 17 años, la orden de suicidarse le llegó de su propio tío en un mensaje al celular: tu has ensuciado el honor de nuestra familia. Mátate o te mataremos”. Esto sucedió en una pequeña ciudad en el centro de Turquía, donde han tenido lugar otras muertes de muchachas.
Un periodista del New York Times entrevistó a familias y personas cuyas hijas, tías o hermanas fueron forzadas a suicidarse, o asesinadas, por verse con algún hombre o joven antes de casarse, matrimonios que son arreglados por los padres de los dos contrayentes.
El sometimiento casi total de la mujer es la norma en las regiones bajo el Islam, que las priva de todo derecho, les niega su identidad y las somete a la custodia y la potestad de los hombres en su familia.
En la mayoría de países musulmanes una mujer violada es condenada a muerte por adúltera, a menos que cuatro hombres atestiguen que fue víctima de violencia, lo que es casi imposible de lograr. En Pakistán hay miles de mujeres violadas que están en un diabólico limbo, a la espera de que se falle en su contra y sean lapidadas o su caso se olvide.
Esas tragedias son parte del mosaico de aberraciones y fanatismos que forma el mundo islámico, donde las personas son condenadas a muerte por blasfemar contra el Profeta, por abandonar la “verdadera religión” y convertirse a otra fe, por cometer adulterio (los hombres son decapitados y las mujeres lapidadas) o por señales inequívocas y públicas de impiedad.
Sus vidas están rigurosamente reguladas, incluida la vestimenta, su comportamiento en público, la frecuencia de sus plegarias, el largo de la barba, los espectáculos que pueden o no ver, etcétera. En países como Egipto y la parte Occidental de Turquía, la norma es menos rigurosa; en otros se circuncisa a las mujeres, condenándolas de por vida a no tener orgasmos.
Donde los musulmanes están en minoría, digamos en Estados Unidos o los Balcanes, claman por la tolerancia y la libertad religiosa; pero cuando son mayoría se persigue sin tregua o piedad a “los infieles”. En Europa, las mujeres son forzadas por sus familias a contraer matrimonio con jóvenes o viejos designados y a portar velos de manera permanente.
La guerra contra el terrorismo
De esas aberraciones que muy poco tienen que ver con las enseñanzas y escritos de Mahoma, surgen los fanatismos y las guerras santas que asuelan el Medio Oriente, que ha enloquecido a los Mulahs iraníes en su ofensiva contra el Occidente (“los infieles”) y no permite que haya paz entre Israel y sus vecinos, aun cuando Egipto y Jordania han reconocido al Estado judío. La guerra contra Israel es también parte de la guerra contra otras confesiones, incluida la cristiana que profesa una sustancial parte de la población árabe en Líbano y Palestina.
La ofensiva israelí no es una ofensiva contra la nación árabe pues más de diez millones de árabes viven y trabajan en Israel, sino contra los fundamentalismos y las prácticas bárbaras de sectas musulmanas que en primer lugar victimizan a sus mujeres y a sus propios súbditos. Es bajo esta luz que debe verse la actual conflagración en Líbano y la franja de Gaza: una guerra contra el terror y la absoluta intolerancia, contra fanáticos criminales.

|