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Palabras
El descubridor de su selva interior

Debe ser el hombre (como especie, no como género) descubridor de la vida cada día. Es decir, descubridor de la verdad, de la belleza, del amor, de mundos nuevos, de reinos por conquistar, de selvas y esencialmente, descubridor de sí mismo. Esto último lo más difícil de lograr. Pero a la vez el más afortunado logro.

Publicada 25 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Artistas, científicos, expedicionarios, navegantes, conquistadores del reino, más que inventar descubrían. En este descubrir estaba el milagro: el descubridor de la penicilina, de un continente, de una ley natural o de una sinfonía perdida en el cosmos del pentagrama, eran iguales entre sí. Más que inventores los genios humanos fueron descubridores.

En esa capacidad de descubrir está la magia del creador. Descubre formas en la tela, fórmulas en sus probetas, la verdad escondida del alma, los nuevos planetas del cosmos, la cura a una terrible enfermedad o la canción del silencio.

Descubrir, pues, es el gran milagro de la existencia. Aunque el más importante descubrimiento es el de nosotros mismos, los olvidados, los ignorados, los grandes desconocidos. El descubridor de su selva interior es, pues, el gran conquistador de la luz.

(palabrasbalaguer@gmail.com)


Día a día
El matrimonio

Hablar de la razón de ser del matrimonio --afirma Calvo Sotelo-- como institución civil vale tanto como recordar nociones muy antiguas y de todos conocidas. El matrimonio es el semillero de la ciudad, en frase agustiniana que se trae aquí en su acepción estrictamente civil.

Semilleros de la ciudad en un doble significado: el matrimonio es el medio por el que la comunidad se renueva y se perpetúa, y es también la más extensa y eficaz escuela de socialización y de ciudadanía.

En este segundo sentido, la patria potestad que comparten marido y mujer es con mucho la más importante de las potestades públicas que la ley reconoce.

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