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La Nota del Día
No se caiga en la trampa que tiende la oposición

La historia mundial viene demostrando que bajar impuestos, reducir el gasto, eliminar regulaciones, abrirse al mundo y fomentar la competencia, es la única fórmula para mejorar la productividad y alcanzar el desarrollo

Publicada 25 de julio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El control del voto calificado en la Asamblea quedó en manos de los comunistas, un poder de veto que obliga al Ejecutivo, por no decir al país, a replantear sus estrategias para el desarrollo. Al impedir la contratación de nuevos préstamos y negar sus votos para elegir determinados funcionarios, en particular magistrados, los rojos creen contar con la capacidad de provocar una tras otra crisis y con ello llevarnos a la bancarrota. Mientras peor estén los salvadoreños, mejor será para “el Frente”, al menos de acuerdo con la tesis marxista.

Pero ni el desarrollo ni la prosperidad ni el buen funcionamiento del Estado depende de los préstamos, como se ha demostrado innumerables veces en los últimos cien años. Durante la década perdida El Salvador recibió miles de millones de dólares en préstamos y donativos, pero las consecuencias inclusive en lo militar, fueron ruinosas. Nunca recibimos más dinero pero nunca fuimos más pobres.

Cambiar la estrategia es vitalmente importante, lo que obliga asimismo a reforzar el grupo que ha venido llevando las riendas de la Economía. Lo es porque el supuesto del cual han partido, que se puede lograr el desarrollo potenciando lo “social”, no sólo está haciendo aguas, sino que es insostenible cuando los presupuestos se tienen que balancear y además el Estado debe reducir gastos, recortar programas y buscar eficiencia.

Lo “social” es sólo posible cuando la economía crece; de lo contrario, la política social se tiene que reducir a lo esencial, que es la creación de empleo. Esa política es además la única que en verdad funciona, como está demostrándose en países como Irlanda y algunas naciones del Este europeo.

Hay fórmulas para el desarrollo

Al no recortar el gasto público se dan dos efectos tremendamente perniciosos: ir tras el dinero de instituciones como el Seguro Social o las AFP, y elevar los impuestos con una nueva reforma tributaria. En ambos casos, la solución recuerda la fábula de la gallina de los huevos de oro: matan a la gallina y aun cuando se resuelva de momento un problema coyuntural, la situación se empeora, dejando un problema más grande para el siguiente año. Además, al quitar liquidez para gasto, como sería mantener programas o pagar pensiones, los intereses suben afectando la productividad general. La medicina a la muy corta resulta peor que la enfermedad.

Hace muchos años un economista nos dijo que la propensión al gasto de los gobiernos es como la adicción fisiológica: cada vez las dosis tienen que ser más grandes para que el adicto se sosiegue. Cuando a causa de una depresión económica o, como ahora, por alzas en precios de petróleo o suministros esenciales se reduce el ingreso, en lugar de recortar gasto y manejar con mayor eficiencia lo que se tiene, se cae en lo opuesto: ver donde hay dinero para caerle encima, matar a la gallina.

La historia mundial viene demostrando que bajar impuestos, reducir el gasto, eliminar regulaciones, abrirse al mundo y fomentar la competencia, es la única fórmula para mejorar la productividad y alcanzar el desarrollo. Es lo que está ocurriendo en Irlanda, un ejemplo que se debe imitar, y la historia de la Alemania de la posguerra, que de ser el país más devastado pasó a ser la tierra del milagro económico.



 

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