| Luis
Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Grandes masas de jóvenes europeos padecen de “mortal aburrimiento”.
No saben qué hacer con su vida. Y esa enfermedad del alma se suele
dar precisamente en aquellos jóvenes que todo lo han tenido fácil
y quieren seguir viviendo en esa onda. No es un mal de la juventud que
lucha por salir de la pobreza ni de aquella arrastrada por su ambiente,
familiar o social, al mundo de las maras. Ello nos demuestra que el bienestar
económico y social puede ser tan perjudicial, o más, para
la maduración de la personalidad, como la pobreza.
Pero ese mortal aburrimiento ¿es sólo una enfermedad juvenil?
¿Tienen la culpa --como dice el profesor Nubiola-- sus profesores,
porque han matado en ellos las ganas de aprender? No me parece que ahí
estén las causas más profundas. Tampoco es exacto decir,
como escribía cierto periodista europeo, que los padres querían
cambiar el mundo y los hijos, como han visto que no se puede cambiar,
se conforman con bebérselo metido en un botellón. ¿Cambiar
el mundo los padres de esos jóvenes? Tal vez los abuelos, sí;
pero los padres de esos jóvenes suelen estar tan ajenos a mejorar
el mundo, tan vacíos de ideales, o más, que sus retoños.
Ellos son los de la supuesta “paternidad responsable”, que
decidió tener los menos hijos posibles, en el momento menos molesto
y con los menores sacrificios, de ahí es de donde han salido estos
jóvenes tan egocéntricos y aburguesados como sus progenitores.
De padres calculadores, hijos calculadores que les pagan con la misma
moneda. Cuando los padres ya no son útiles, se los echa, en Europa
a las “Residencias de la Tercera Edad”. En nuestro medio,
al Asilo de Ancianos. Ese mismo periodista demuestra pertenecer al mismo
ambiente de pesimismo vital cuando escribe del mundo: “Como han
visto que no se puede cambiar...”¡Claro que el mundo se puede
y se debe cambiar!
Pienso que este mal está más generalizado, más extenso,
y es más profundo. No es sólo una enfermedad juvenil. Es
la enfermedad mortal de toda una cultura --más bien de una anticultura--
que equivocó sus principios y sus metas. Principios: “No
existe Dios o, si existe, no tiene importancia, no tiene interés.
El hombre actual puede ir modelando un mundo de progreso y felicidad creciente,
sin necesidad de Dios ni de la religión”. Con eso se han
recortado las alas de los ideales juveniles, pero todavía podría
así volar con un vuelo corto, bajo y oscuro, como el de cualquier
sanate. Pero la cosa no acaba ahí. Después de echar a Dios
de la ciudad, se ha venido expulsando a “doña Ética
Universal y a don Derecho Natural”, matrimonio fiel e indisoluble
que tanto bien cultural engendró durante siglos. Ahora la cultura
ha declarado ser personas “no gratas”, molestas y anticuadas
y quedan reas de ostracismo.
Una vez efectuado su destierro, ¿con qué reglas de conducta
deberá regirse el hombre moderno? -Con las que cada cual se dé
a sí mismo, contesta la cultura imperante. ¿Y qué
leyes deben tener vigencia? -Las que los partidos gobernantes determinen
para su propia utilidad política. Ahora al pájaro juvenil
se le han cortado aún más las alas. Nació para ser
un águila y se le ha transformado en ave de corral.
Veamos ahora las metas de doña Anticultura. -¿Dónde
habrá que buscar la felicidad humana? -No hay otra felicidad que
los placeres, y de ellos, la cumbre está en el sexo, libre de normas
morales y de coacciones sociales. El ave de corral ahora se nos ha metamorfoseado
en un lustroso, perezoso y sucio cerdo. Sólo falta determinar el
camino más corto para llegar a esa meta. -El dinero, el dinero
abundante y sólo el dinero, responden las huestes poderosas de
doña Anticultura. El dinero lo consigue todo, lo compra todo.
Pero también es cierto que cuando una cultura entra en decadencia,
otra cultura sana ya está germinando. Por eso, aquí y en
cualquier país, el futuro es propiedad de las grandes minoría
de jóvenes que desprecian los cantos de sirena de doña Anticultura,
nadan a contra corriente, siguen creyendo en los ideales de siempre y
se esfuerzan por ir labrando un mundo donde el trabajo bien hecho, la
honradez en los negocios, la castidad, la Ética, el Derecho, El
Amor verdadero y Dios, regresen para gobernar un mundo mejor.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de
Hoy.lfcuervo@telemovil.net

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