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| Sorpresa. La caja fue hallada ayer en una bodega
de Aduana. Foto EDH |
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Eugenia Velásquez/A.
Dimas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Como por arte de magia. Así apareció ayer la misteriosa
caja con el donativo de medicinas para 65 pacientes con leucemia mieloide
crónica, tratados en el Hospital Rosales.
El mismo guardalmacén, que días atrás manifestó
que al abrir el paquete confundió las pastillas con muestras médicas,
halló los medicamentos, valorados en $378 mil, en la bodega cuatro
del depósito de subastas.
Y es que a los técnicos aduanales, sobre los cuales ya pesa una
sanción administrativa y para uno de ellos la destitución,
“la memoria se les refrescó”, expresó Gustavo
Villatoro, director de la Aduana Terrestre.
Esto ocurrió después de que ellos sostuvieron una reunión
ayer por la mañana con el agente aduanal del Ministerio de Salud
Pública y personeros de la Corte de Cuentas en la que se realizó
un “careo” de las versiones que cada uno de los funcionarios
tenía sobre el paradero de las medicinas.
La convocatoria a la sesión de ayer surgió “a raíz
que, por un lado, existía una versión de Salud Pública
que habían presentado una carta de rescate y que, aunado a la presentación
de la carta habían ido físicamente a la bodega de subastas
e identificado el producto”, expresó Villatoro.
Una vez terminada la reunión, un chispazo de luz vino a la memoria
del técnico de Aduanas, quien hasta ese momento recordó
el día en que llegó el agente aduanal del Ministerio de
Salud (25 de mayo), a reclamar el paquete y viéndolo en la bodega
de subastas, le dijo verbalmente que lo apartara, ya que sería
rescatado porque era del Rosales.
Y, sorpresa, el cargamento estaba junto a un monitor desvencijado de computadora
y debajo de una caja polvosa, similar en tamaño al que contiene
las medicinas Glivec.
Atrás se quedó “el no me acuerdo... y no me acuerdo”,
del guardalmacén y del técnico de valoración, a los
cuestionamientos verbales que la auditoría interna del Ministerio
de Hacienda les había hecho desde que el extravío de los
medicamentos fue público.
En el área donde se encontró el paquete se leía un
rótulo de papel con la palabra “Rescate”. Habían
pocos bultos, incluso en dos de ellos decía que estaban allí
desde enero de este año.
“Incluso se le había puesto la leyenda en proceso de rescate
y que, por el error administrativo que hemos venido señalando es
que se había tomado como destruida”, afirmó Villatoro.
Añadió que la caja se encontró intacta, con todos
sus sellos de fábrica, y que “no había sido bajo ningún
caso adulterada”.
Al momento del hallazgo, Villatoro mandó a llamar a los delegados
del laboratorio de la Policía Nacional Civil (PNC) y a la Fiscalía
General de la República (FGR) para que inspeccionaran el lote de
medicinas.
Se procedió a la verificación del contenido y se determinó
que efectivamente guardaba las 215 cajas con las pastillas Glivec.
Con los personeros de la Corte de Cuentas de la República y personal
de Salud se levantó un acta en la Aduana Terrestre, haciendo constar
que el producto estaba “íntegro”.
“Nada menos quedamos al proceso de verificación que tiene
que hacer el Ministerio de Salud, sobre la calidad que tiene este medicamento
para ser consumido por los pacientes”, aseveró Villatoro.
Hoy, un delegado de Salud Pública llegará a la Aduana Terrestre
a tomar una muestra de los medicamentos. Ésta será llevada
al laboratorio de esa dependencia para su evaluación.
Sin embargo, trascendió que las medicinas vencen en diciembre de
2007. Según Villatoro, una vez concluido este proceso, así
como el de la “nacionalización” de la mercadería,
es decir, cuando Salud Pública presente los documentos de la franquicia,
es posible que el lunes de la próxima semana, los medicamentos
sean entregados al Ministerio de Salud.
Alex García, jefe de la Unidad Penal, dijo que el hecho de haber
encontrado el paquete con los medicamentos no detendrá las investigaciones
que realiza la Fiscalía General de la República para deducir
si existe “responsabilidad penal”.
Por su parte, Aquiles Parada, secretario general de la Fiscalía,
apuntó que las investigaciones se iniciaron de oficio al conocer
los hechos en los medios de comunicación, por tratarse de bienes
públicos.
Aunque ayer todo parecía tener un final feliz, este súbito
desenlace ha puesto en el tintero público más preguntas
que respuestas.
“Lo peor fue lo que dijeron en Aduanas”
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| Llenas. Las repisas del almacén del Rosales
tienen Glivec. Foto EDH |
Después de que en Aduanas se diera aviso de que el paquete que
contenía las 169 cajas de Glivec de 400mg y 45 de la misma medicina,
en presentación de 100mg, había aparecido en una bodega,
en el Hospital Rosales, los 64 pacientes con leucemia mieloide crónica,
destinatarios finales del envío, se encontraron, de repente, con
dos paquetes.
Por lo menos, en nombre de ellos, Héctor Valencia, oncólogo
del Hospital Rosales, mostró gratitud al tiempo que evidenció
el desconcierto porque las versiones que salieron de Aduanas: una que
estaba perdido y la otra que fue a parar a un incinerador de Mides.
“Para nosotros es algo serio porque era medicina para pacientes
con leucemia, que les digan que fue destruido por error y después
que apareció; creo que fue por las publicaciones en los medios”,
indicó Valencia.
El especialista añadió que la tercera entrega de Glivec
llegó el miércoles al almacen de medicamentos del hospital
nacional.
En tanto, el director de Rosales, Carlos Cornejo, aseguró dijo
también se complació con el hallazgo de la caja. “Eso
se logra cuando se hacen gestiones.
Que bueno que apareció, pero es una lástima lo que dijeron
en Aduanas antes de que la encontraran. Creo eso es lo peor”, comentó
el funcionario, quien espera que para hoy en la mañana le informen,
de forma oficial, de lo acontecido.
Preguntas sin respuesta
Las contradicciones, irregularidades y en algunos casos “negligencias”
han estado presente a lo largo del proceso sobre el extravío, destrucción
y, finalmente, hallazgo del lote de Glivec.
¿Por qué no iniciaron investigaciones antes?
Cómo es posible que si el Hospital Rosales se dio cuenta el 2 de
junio de que la mercadería había sido destruída en
la Aduana Terrestre, el 30 de mayo, éste no comunicó inmediatamente
a la Dirección General de la Aduana sobre el hecho.
Al respecto, Gustavo Villatoro, director de la Aduana, dijo que había
conocido formalmente de la destrucción del paquete de las medicinas
Glivec para pacientes con leucemia mieloide crónica, a través
de una carta de Salud Pública junto con los documentos que amparan
el donativo, el 7 de julio.
¿Quién le informó entonces el 2 de junio al Hospital
Rosales que las medicinas habían sido destruidas el 30 de mayo,
si supuestamente a esa fecha, el director de Aduanas todavía no
sabía nada?.
¿O será que la carta del Rosales pidiendo explicaciones
fue enviada el 6 de junio y no el 6 de julio?
¿cómo se explica la lista de destrucción?
Consta en los documentos que la misma Aduana Terrestre presentó
a la Fiscalía General de la República (FGR), el nombre de
las medicinas, con destinatario a C. IMBERTON, incluido en los listados
que el departamento de Subastas de la Aduana envió el 30 de mayo
a destruir al relleno de Nejapa, propiedad de la empresa Manejo Integral
para los Desechos Sólidos (Mides).
También se incluye la boleta de pesaje por 7,900 libras de materiales
“especiales” destruidos, extendida en el relleno. ¿Quién
elaboró la lista de la Aduana e incluyó una mercadería
que no estaba siendo trasladada al camión para ser destruida en
Mides, a pesar de que había un testigo visual de la unidad de operaciones
de Aduanas?. ¿Cómo se explica hoy que el medicamento ha
sido encontrado en la misma bodega de donde supuestamente salió
el 30 de mayo?
¿será cierto que la caja estaba sellada?
El guardalmacén de la Aduana Terrestre, Vladimir Alemán,
nunca sospechó de alguien porque estaba seguro que había
sido el único que manipuló el paquete con las medicinas
antes de ser supuestamente destruidas el 30 de mayo.
Narró días atrás y antes de que fuera sancionado
por la Dirección General de Aduanas con suspensión laboral
sin goce de sueldo, que él había abierto el paquete y que,
efectivamente, decía C.IMBERTON, pero nunca leyó en alguna
parte que era un donativo para el Hospital Rosales.
Es más, lo confundió con muestras médicas, lo selló
de nuevo y lo mandó a la bodega con los materiales que serían
destruidos el 30 de mayo. ¿Cómo se explica entonces que
el director de Aduanas, asegure que la caja la encontraron “íntegramente
sellada” y tal como venía del Aeropuerto de Comalapa?
¿por qué se atrasaron tanto los trámites?
Héctor Valencia, encargado del programa de la Fundación
Max, mediadora entre Laboratorios Novartis y el Hospital Rosales para
el donativo de los medicamentos, dice que las gestiones para la franquicia
tardan de dos a cuatro semanas en la Presidencia de la República
y el Consejo Superior de Salud Pública. No obstante, para el director
de la Unidad de Adquisiciones y Contrataciones del Ministerio de Salud,
el tiempo es de dos a ocho días.
¿Por qué si el Hospital Rosales supo desde el 5 de abril
que el envío de los medicamentos llegaría al país
el 21 de ese mes, comienza a realizar los trámites para la exención
del pago de impuestos de la Aduana hasta el 4 de mayo, a sabiendas de
que los procedimientos para la franquicia son lentos?
Ya conocían la fecha de ingreso del paquete, ¿por qué
dejaron que cayera en abandono en Comalapa?
¿será que habrá aún más involucrados?
¿Por qué se apresuró el director de Aduana Terrestre
a presentar la denuncia en la Fiscalía General de la República,
con documentos que hoy, con el hallazgo de las medicinas, queda en entredicho
su veracidad?
¿Cómo no fue informado de la visita del agente aduanal del
Ministerio de Salud Pública el 25 de mayo a la bodega número
4 de la Aduana para reclamar el paquete que había caído
en abandono?
Según Villatoro, la carta que Salud Pública envió
el 29 de mayo, un día antes de la destrucción de la mercadería
hasta la fecha, no la encontraron en los registros de la Aduana.
En un principio se aseguró que las medicinas fueron quemadas en
Mides, cuando las normas de la misma Aduana exigen que las sustancias
químicas deben tener un proceso distinto.

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