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¿Quo
vadis, El Salvador?
¿Hacia dónde va El Salvador?
Muchos piensan que la paz la damos los
hombres y es aquí en donde está uno de los principales errores,
la paz nos la da Dios y somos nosotros los encargados de administrarla.
Publicada 21 de julio de 2006, El Diario de Hoy
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| Óscar
Mauricio Bello Quezada*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Todos y todas fuimos testigos de los recientes violentos y trágicos
hechos, que le costaron la vida a dos policías salvadoreños,
que cumplían con el deber de proteger y mantener el orden en las
calles de la ciudad capital.
La vida es el don más sagrado que Dios nos ha entregado y la cual
debemos y estamos obligados a proteger, tanto la nuestra, como la de los
demás.
También hemos sido testigos de cómo el costo de la vida
cada vez aumenta más, lo vemos en la energía eléctrica,
los pasajes del transporte público, el agua, los combustibles,
la canasta básica.
Dos sucesos que no se pueden dejar pasar, ni que sólo sean euforia
del momento, pues son dos hechos que degradan la vida humana: el primero
porque termina la vida de dos seres humanos y el segundo porque a los
más pobres les aumenta la pobreza y por lo tanto se aleja la posibilidad
de que tengan una vida digna, como todo hijo de Dios la debe tener.
Luego de estos acontecimientos, en el ambiente se percibe un sentimiento
de incertidumbre, de tensa calma, de no saber hacia adónde vamos.
Unos anuncian tambores de guerra, otros acusan, otros llaman a los demás
terroristas, entonces vale la pena preguntarnos, ¿adónde
está la paz que supuestamente firmamos hace 14 años?
Nuestro país siempre ha sido felicitado por los famosos Acuer-dos
de Paz firmados en 1992, se ha dicho que es un ejemplo de cómo
se puede crear una vida democrática después de la guerra
y muchas cosas más, pero alguien se ha preguntado o se ha detenido
a pensar si con esos papeles también se buscó o se firmó
la paz social.
Muchos piensan que la paz la damos los hombres y es aquí en donde
está uno de los principales errores, la paz nos la da Dios y somos
nosotros los encargados de administrarla, somos nosotros los que decidimos
si hay o no hay paz, como titulaba Juan Pablo II en su mensaje de la Jornada
Mundial de la Paz de 1982: “La paz, un don de Dios confiado a los
hombres”.
Aquí es donde entra nuestro raciocinio, nuestra inteligencia humana
guiada por un bien común de cómo dialogar entre corrientes
distintas de pensamiento, para llegar a un acuerdo sobre la estabilidad
social y por lo tanto una verdadera paz.
Pero, ¿cuál es el principal error de nuestra sociedad de
hoy en día? No hay más respuesta que el alejamiento de Dios.
¿Adónde está Dios en nuestras vidas de hoy? Somos
un mundo abatido por la desesperación, por el famoso stress, los
políticos sólo piensan en el dios dinero, la vida cotidiana
nos está llevando a una situación en la que vivimos corriendo.
La cultura del diálogo no existe en nuestro país. ¿Qué
les cuesta señores dirigentes poner primero nuestro país
antes que sus necesidades? Ustedes están donde están porque
el pueblo salvadoreño así lo decidió en las urnas
y no lo hizo para autorizarlos a pelearse en cada encuentro que tengan
a la mano, sino para que piensen y trabajen por la paz.
Recordemos lo que dijo Bene-dicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud
2005: Y, ¿qué puede salvarnos sino es el amor?
Ojalá encontremos a Dios, Él nos está esperando.
Que Él nos bendiga a todas y todos los salvadoreños.
*Colaborador de El Diario de Hoy.

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