Jorge Beltrán/Sonia Bernal
El Diario de Hoy
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Dolor. Emilia Perdomo, madre del sargento José Miguel, lamenta que su hijo no haya escuchado sus ruegos para que no regresara a Iraq. Foto:
EDH |
Postrada en una silla y con una foto del sargento José Miguel, su hijo, Emilia Perdomo rememora su desacuerdo en que el militar volviera a Iraq.
Y Dinora Ávalos, la esposa, aún tiene presente aquel día de febrero cuando el subsargento partió de casa, en San Rafael Oriente, San Miguel, tras acabársele la licencia que le habían dado previo al envío.
Aquel día, los niños (Byron y Bryan, de dos y cuatro años) no quisieron salir a decirle adiós.
Dinora lo despidió en la Brigada de Artillería, dos días antes de que embarcaran en el avión. Allí le dio el último abrazo.
“Yo le rogué, le imploré, le lloré que no regresara para allá, pero no me hizo caso”, dice Dinora, quien en adelante, tendrá que vérselas sola para criar a sus dos hijos.
Tanto Emilia como Dinora aseguran que José Miguel tenía más de 20 años de pertenecer a la Fuerza Armada. Era veterano de la guerra que vivió El Salvador en los años 80.
Así, pues, había sobrevivido a decenas de batallas y emboscadas, pero de la que le tendieron anoche (7:30 a.m. de Iraq) en un tramo de carretera no pudo.
Era la segunda vez que José Miguel servía de voluntario para ir a Iraq. La primera vez lo hizo con el tercer contingente por la curiosidad que le despertaba conocer un país lejano.
Pero esta vez, según Dinora, lo hizo porque con los 200 dólares de sobresueldo que ganara mes a mes durante medio año, construiría una casa para su mujer y sus dos hijos en un lote que había comprado a plazos.
El herido de Chiltiupán
Un poco menos dolidos, en el municipio de Chiltiupán, La Libertad, los parientes del cabo José Alexander Herrera Díaz, 29 años, están en preocupados por el estado de salud del militar que resultó lesionado en el mismo incidente que pereció el sargento Perdomo.
Ayer por la mañana, mientras Rosa Díaz, la esposa de Herrera, se preparaba para ir con sus padres cosechar un cultivo de frijoles, se enteró por teléfono de que su marido estaba herido en Iraq.
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Hijo de un héroe. Bryan, cuatro años, hijo de José Miguel Perdomo, echa un vistazo a las fotos de su padre. Foto: EDH |
Al mediodía, una comitiva de militares del Regimiento de Caballería llegó a confirmarle que José Alexander había sido herido en un una emboscada. Nada más.
A Rosa le preocupa no tener más detalles. Por lo menos ayer tarde no sabía que las heridas del cabo eran por esquirlas en la cabeza.
Mientras Rosa atiende a los periodistas que visitan su casa, Wílber, de cinco años e hijo del cabo, se ha enfundado en un uniforme camuflado que usó hace cuatro años en un desfile cívico.
Justo en ese momento, un sonido que emula una marcha militar se escucha. Es el teléfono. Al otro lado, una comadre le habla preocupada por las noticias que ha visto ya en la televisión.
Rosa le explica y le promete que cualquier información extra que le llegue, se la hará saber.
A Rosa le parece increíble la noticia de su marido, dice, pues el domingo anterior estuvo hablando por teléfono.
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Esposa. Rosa Díaz, con su hija Mariane en brazos, habla con una pariente para informarse del suceso. Foto: EDH |
Le comentó que ya estaba desesperado por venirse y dejar allá el calor asfixiante que en estos días hace en Al Kut, la ciudad de la provincia de Wasit donde está el Campamento Delta, en el cual acampa al sexto contingente del Batallón Cuscatlán.
Pero, según Rosa, más que el calor y la lejanía, lo que tenía desesperado a Herrera son las ansias de ver a sus hijos, especialmente a Mariana, la bebé que dejó de 40 días de nacida.
Entretanto, Wílber es ajeno a lo que le ha ocurrido a su padre en Iraq.
Y mientras su madre conversa, el niño repasa un álbum fotográfico de su padre que hacía varios días la mujer había extraviado.

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