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| Destacado. Hace seis años actuó
en “Luz Negra”, dirigida por Fernando Umaña. Fotos
EDH / Leire Ventas, archivo |
Desde México
Leyre Ventas
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
En el Teatro Salvador Novo, al sur del Distrito Federal, el salvadoreño
Ermis Cruz se presenta ante un público formado por unas 200 personas.
En la Casa del Lago, en Chapultepec, un ecléctico grupo joven trata
de fusionar punk con ritmos afro, mientras en una sala del Centro Cultural
de España, en el mero ombligo de la ciudad, se habla sobre imágenes
del Magreb.
Y en Bellas Artes, en el Auditorio, la UNAM, en el hotel Virreyes, en
los cientos de galerías, cada esquina de la gran urbe, hay espacio
para el arte. Es 16 de junio, un viernes normal en la agenda cultural
capitalina.
“Acá todos los días estoy de festival”, comentaría
Ermis a las dos semanas del estreno de la obra “Después”,
en la cafetería contigua al Centro Nacional de Artes, su escuela.
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“Me vine a topar con una ciudad en la que
pasa más de lo que yo pensaba”
Ermis Cruz
Actor salvadoreño |
Hacía así referencia a la limitada oferta de El Salvador,
encorsetada en los festivales anuales de teatro centroamericano o de cine
de algún país extranjero; escasa para la distensión
del espectador aficionado, escasa para el desarrollo del profesional de
las artes.
“Me vine a topar con una ciudad en la que pasa más de lo
que yo pensaba”, explicaba el salvadoreño, siempre matizando:
“y no solo a nivel de teatro, sino a nivel de música, danza,
cine, pintura y artes plásticas en general”.
Aunque no fuera esa justificación para salir de El Salvador, sí
se ha convertido en excusa para prolongar, sin fecha límite clara,
su estancia en la capital mexicana.
Así, con la llegada de Ermis, se suma una nacionalidad más
al colectivo de “chilangos” por adopción: a colombianos,
venezolanos, brasileños, argentinos que han encontrado en el D.F.
el escenario ideal para cultivarse en las artes y vivir de ello.
Búsqueda
El ya actor Ermis Cruz dejó El Salvador en abril de 2003, con el
objetivo de estudiar la Licenciatura en Actuación en el Centro
Nacional de Artes.
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| En la calle. Ermis ha podido costear su carrera
gracias a los malabares. |
“Estuve tomando talleres allá desde el 94, (cuando salí
del país) ya tenía nueve años en ello, y ya había
tenido la oportunidad de trabajar con muchas de las personas más
reconocidas del teatro”, explica.
De su experiencia hasta entonces destaca la participación en Luz
Negra del director Fernando Umaña, basada en la obra de Álvaro
Menéndez Leal, y su trabajo en Tiempos Nuevos Teatro (TNT) de Chalatenango.
Pero la falta de referentes más allá del trabajo propio
le llevó a hacer una lista de países en los que le interesaría
formarse.
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| Vivencias. Por su buen desempeño, el actor
ha recibido propuestas y planes. |
El primero en descartar fue España, “porque resultaba muy
difícil conseguir un permiso de residencia”, le siguió
Brasil, donde había localizado una escuela que podía becarlo;
“ya no me esperé, es que tendría que empezar a estudiar
portugués y yo ya quería entrar a un curso”.
El descarte lo condujo a México, donde Ermis había vivido
por diez años, de sus siete a los 17, hasta los Acuerdos de Paz.
“De San Salvador me traje un colchoncito que me duró tres
meses”. El resto de los casi cuatro meses que lleva en el país
los ha costeado con malabares en los semáforos, batucadas, o presentaciones
que mezclan el clown.
De la misma manera ha financiado sus estudios actorales en una escuela
pública en la que los extranjeros pagan el doble. “Acá
vivimos al día”, dice el joven actor.
Retorno remoto
Ermis dejó El Salvador, como la mayoría de sus colegas que
hoy estudian en otros países, con la intención de regresar
no más terminara el curso de cuatro años.
“Yo quiero volver”, mantiene hoy, pero con la boca pequeña:
“es que de repente vas conociendo a gente, te van invitando a proyectos…”.
Su papel de Chopy en la adaptación que el mexicano Adam Guevara
hiciera de la obra “El Amor Enamorado de Lope de Vega, el dramaturgo
español del siglo XVII, le ha servido precisamente para eso: para
abrir puertas.
Después, nombre con el que se bautizó a la paráfrasis
del clásico, cosechó lleno total en su estreno el 16 de
junio.
Y Ermis pudo recaudar algo más que los aplausos que recibieron
los 17 actores participantes por encarnar a un preso que dirige a sus
compañeros de cautiverio: una llamada de la Compañía
Nacional de Teatro para participar en la obra “Estado de Secreto”,
de Rodolfo Usigli.
Por ello, y un par de proyectos infantiles en los que ya está involucrado,
Ermis amplía el plazo de regreso: “ahora se me antoja quedarme
un rato más, para poder hacerme callo en las tablas”. Eso
si migración lo permite, porque el hueco en la agenda cultural
del D.F. está garantizado.
| Por qué
el D.F Es donde hay que estar, por Ermis Cruz |
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A
continuación conozca las siete razones que el artista salvadoreño
ha vivido para cumplir su sueño:
1) Porque tienes más posibilidades de encontrar chambitas dentro
del medio: en cortos, presentaciones, obras de teatro, etc.
2) Porque todos los días estás de festival: hay teatro,
exposiciones de pintura, cine, y espacio para las artes plásticas
a diario y en cada esquina.
3) Porque hay mucho más espacio para desarrollarte en un nivel
de teatro más alto, y hacer callo sobre las tablas.
4) Porque un proyecto te lleva a otro, y a otro, y a otro.
5) Porque te puedes formar como actor en una escuela del estado.
6) Porque puedes costearte la colegiatura montando en monociclo y
tocando batucada.
7) Porque puedes pagar la renta haciendo malabares, pero también
vivir únicamente de la actuación. |

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