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Orientando
Análisis costo-beneficio ambiental

Existen críticas al uso del análisis costo-beneficio, como las que señalan que éste no refleja adecuadamente la valoración de la sociedad sobre las consecuencias de los programas o las políticas en cuestión

Publicada 18 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Takayoshi José Yamagiwa*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En mi artículo anterior mencioné el análisis costo-beneficio como la herramienta que sintetiza el pensamiento económico, para asistir a la toma de decisiones en pro del mejoramiento del estado ambiental. En esta ocasión presento esa herramienta y sus principales ventajas, llegando a la conclusión de que es una metodología que debería de considerarse más seriamente en El Salvador, para decidir las acciones ambientales a tomar entre varias opciones que pueden existir.

Como su nombre lo sugiere, el análisis costo-beneficio compara los costos y los beneficios de ejecutar programas o políticas. Dentro de éstos están aquellos ligados al medio ambiente, tal como fue el primer caso que creó este tipo de análisis. De manera esperada, los programas o políticas cuyos beneficios superan los costos estimados son los que se recomiendan para ser ejecutados, puesto que esto tendería a maximizar los beneficios netos de la sociedad. Cuando los costos estimados son mayores que sus beneficios estimados, estas iniciativas no tienen sentido “social” de ejecución.

Pero, ¿a qué se refiere cuando se habla de sentido social en este contexto? ¿No es esta una herramienta “economicista” que es capaz de medir la viabilidad de programas y políticas sólo desde un punto de vista de su rentabilidad privada, por lo que no amerita reclamarse un análisis con sentido “social”?

Este tipo de análisis tiene un sentido social, dado que los costos y beneficios que se consideran son tanto los privados como los sociales. En otras palabras, no sólo se estudian las transacciones que se reflejan en los mercados, sino también se incorporan los comportamientos de los individuos,. cuyas consecuencias no son registradas en los mercados.

Consideremos el ejemplo de un proyecto de reforestación de una cuenca en un área rural, el cual puede devolver el caudal permanente a un río que ahora permanece seco durante el verano. Al hacer un análisis costo-beneficio de este proyecto, no sólo se consideran los costos de la reforestación, que son fácilmente identificados en transacciones de los mercados. Pero también se toman en cuenta los beneficios que los lugareños tendrán al disminuir el tiempo que gastan para recolectar esta agua, cuando tengan una fuente de agua más cercana a sus hogares. Estos beneficios se estiman ante la ausencia de un respectivo mercado.

Como se ve en este caso, el cálculo de los costos y beneficios experimentados por todos los actores de la sociedad, aun cuando estos no son reflejados en los mercados, es clave dado que frecuentemente estos comportamientos son los que determinan la factibilidad social de los programas o políticas en cuestión. En otras palabras, el análisis costo-beneficio toma muy en cuenta la importancia de la conducta de la mayoría de la población, puesto que la suma de pequeños beneficios, o costos, de los individuos puede ser significativa.

La otra gran ventaja de esta herramienta es la evaluación de los diferentes programas y políticas bajo un esquema sistemático, el cual asigna un valor a los costos y beneficios de ejecución de cada programa o política usando el concepto del dinero. Para ilustrar, en el ejemplo considerado arriba, el beneficio de la disminución del tiempo que los lugareños utilizan para recolectar el agua se convierte a términos monetarios reconociendo, por ejemplo, el valor que tiene el tiempo de estas personas. Esta modalidad de valorar los comportamientos permite la comparación de los beneficios netos de las diferentes opciones de programas y políticas, tanto ambientales como los no ambientales en el término monetario que es conocido por toda la población.

Existen críticas al uso del análisis costo-beneficio, como las que señalan que éste no refleja adecuadamente la valoración de la sociedad sobre las consecuencias de los programas o las políticas en cuestión. No obstante, el 2º Informe de las Naciones Unidas del Desarrollo Mundial del Agua, publicado este año, indica que, a pesar de que la valoración económica, la cual sirve como base para el análisis costo-beneficio, no es la herramienta con la que se decidan en última instancia las políticas sobre el agua, es una metodología que cada vez más es importante para la toma de estas decisiones.

* Economista y consultor. www.tyamagiwa.com, comentarios@tyamagiwa.com

 

 

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