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El mágico balón

No hubo tiempo para la violencia, hasta los “hoolligangs”, versión sofisticada de la mara, estuvieron más calmados esta vez. Eso lo hace posible el fútbol. Esa es la magia de este deporte inventado por los ingleses

Publicada 18 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Francisco Imendia*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Durante el mes del recién concluido Campeonato Mundial de Fútbol en Alemania, la humanidad fue feliz, al menos eso destacaron las principales agencias noticiosas internacionales. Hubo alegría, hubo esperanza y también hubo temor y frustración en los cinco continentes. La verdad, el espíritu estuvo alegre y eso lo provocó un mágico objeto llamado balón.

Los que ven el vaso medio vacío han afirmado que el mundial de fútbol produjo un descenso en la producción mundial por el ausentismo en los puestos de trabajo; pero ¿ y los millones de pizzas, cervezas y bebidas carbonatadas vendidas por todos lados? ¿Y qué decir de los televisores pantalla de plasma que se vendieron en cantidades navegables e industriales? ¿Y los suvenirs del mundial? En fin, que hubo comercio, hubo comercio.

Lo mejor de esta experiencia futbolera, que se repite cada cuatro años, fue la alegría contagiante y el buen ánimo en la gente. Desde reyes, pasando por presidentes, grandes empresarios, trabajadores, hasta los más humildes de este planeta, desayunaban, almorzaban y cenaban con fútbol.

No hubo tiempo para la violencia, hasta los “hoolligangs”, versión sofisticada de la mara, estuvieron más calmados esta vez. Eso lo hace posible el fútbol. Esa es la magia de este deporte inventado por los ingleses que desvía, al menos por un tiempo, los problemas del ser humano y de las sociedades.

El fútbol es aglutinador, no se mezcla con actividades polarizantes, no entiende de pleitos, de huelgas u otros conflictos que se presentan a lo interno de las sociedades. Nada pasa si un equipo pierde. Las emociones son momentáneas, luego todo vuelve a la normalidad.

Habría que tener una actitud futbolística para enfrentar los problemas que aquejan al ser humano. Habría que pertenecer a un equipo, ya sea como jugadores o hinchas, habría que observar las reglas y sobre todo acatar las disposiciones del arbitro. Pero sobre todo se necesitaría tener pasión como se tiene pasión por este deporte.

Tendríamos que tomar muy en cuenta que el árbitro estaría por todos lados y nos sacaría la tarjeta amarilla, advirtiéndonos que ciertas jugadas son peligrosas. Y si botamos al contrincante de forma velada y violenta nos sacaría la tarjeta roja y la expulsión del juego sería inmediata.

Ese arbitro pudiera ser usted o yo. Imaginémonos que le sacamos la tarjeta amarilla a uno de esos automovilistas que se las lleva de vivo y quiere parquearse en un reservado para embarazadas o discapacitados. La roja si alguien se pasó el alto temerariamente. Y así, al que botó la basura en la calle, al que no hace fila en el banco, el que hace señales soeces en público, al que irrespeta a la autoridad, en fin, tarjeta, para todo lo que necesite corregirse. La analogía se practica en otros países y es digna de imitarse.

¿Verdad que emular al fútbol podría dar buenos resultados a la conducta colectiva?. La gente cambiaría una actitud negativa por una positiva. El problema de la basura en nuestro país y sobre todo en la capital, en parte ha sido por la incapacidad de los últimos gobiernos municipales; pero cabe señalar que son conductas negativas individuales que sumadas generan cientos de toneladas de basura diaria. Y todo comienza por una cáscara de banano, una bolsita de agua que es tirada al piso de manera inconsciente, por una tirada de ripio en el predio baldío.

Total, “a mí qué me importa”, dice la gente. “Que la basura la recoja la alcaldía”, parece interpretarse. Esas actitudes en contra de los demás provocan el dengue, el rotavirus o la conjuntivitis, enfermedades que pueden evitarse si nos decidimos por el aseo.

Las alcaldías también tendrían que sacarle tarjeta roja a aquellos que no pagan sus impuestos. Esperaríamos mejores servicios si pagásemos puntualmente nuestros impuestos municipales y le jugaríamos mejor a la ciudad y al país.

La campaña de la tarjeta roja no es nueva. La idea aquí queda. Promover valores es algo que nos urge en El Salvador. Si somos responsables individualmente seremos responsables como nación.

¿Por qué no entrarle con los tacos al estudio, al trabajo y a tantas otras cosas?. El fútbol también es una actitud. ¿Por qué no imitarlo en todo lo que hacemos?. Recuerde: todos somos árbitros, todos somos jugadores en el fútbol de la vida. Entonces, ¿jugamos?

*Colaborador de El Diario de Hoy

 

 

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