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La Nota del Día
Quieren resucitar el sindicalismo

Por las lentejas de una empresa y la llamada “cooperación” (más benefactorismo) no debemos cometer harakiri, abrirnos de golpe las entrañas

Publicada 18 de julio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Los acuerdos de la OIT, aun no ratificados ni por Chile ni por Italia entre otros países, resucitarían el muerto de las dos décadas previas al “conflicto” armado: la violencia sindical, la intransigencia de sus cabecillas y la corrupción.

En un mundo que demanda gran flexibilidad en las relaciones de trabajo, dinamismo de las empresas y las entidades públicas, se pretende que volvamos al pasado, a la clase de esquema que impuso la Alianza para el Progreso de John Kennedy a principos de los Años Sesenta.

Es proverbial que la gestión pública va a la zaga de lo que mueve y orienta la actividad privada, por no decir libre. La tecnología, los nuevos sistemas de trabajo, la manera de llevar controles, la innovación administrativa, se presentan primero en las empresas líderes del sector productivo, luego la adoptan las empresas menores y es entonces que comienzan a incorporarse al quehacer de las entidades de gobierno.

Esto a menos que en dichas oficinas medren grupos sindicales o parasindicales, que se oponen a todo cambio, toda renovación de sistemas, toda nueva tecnología.

La causa es clara: los sindicatos en su variante hispanoamericana, como sucede también en Europa, tienen como primordial tarea impedir la movilidad laboral. En algunos de los países que presionan al gobierno salvadoreño para ratificar los convenios, es en extremo complicado, y en ciertos casos imposible, despedir a alguien.

Una pareja de casados puede divorciase en Europa siguiendo trámites relativamente expeditos, pero un empleador se ve forzado a gastar mucho dinero y pasar tiempo, para retirar a un empleado, sin que importe si lo encuentra robando, en relaciones ilícitas con otros empleados, es haragán o es un incapaz.

Como sucede aquí en El Salvador con los médicos y el personal del STISSS. A guisa de ejemplo, allí permanece el oncólogo que negó tratamiento a un niño con cáncer e intentó enllavar las salas para que ningún otro paciente recibiera asistencia.

Eso para los que comulguen con ruedas de molino, creyendo que aquí bastará que la ley lo diga, para garantizar “servicios mínimos y esenciales” a la población.

No cometamos harakiri por chantajes

La rigidez, lo inflexible de las leyes laborales europeas, al estilo de lo que a base de chantajes se quiere imponer sobre el país, es la principal causa del “deslizamiento” hacia abajo de las economías de la Unión Europea con respecto a países como Corea, Taiwán, China continental, India y el Japón.

De acuerdo con pronósticos, a menos que revisen de raíz sus políticas laborales y benefactoristas, en cuarenta años la participación de Europa en la economía mundial será menos del cinco por ciento; los únicos que podrán escapar de la decadencia serán naciones como Irlanda, la de los bajos impuestos, el pequeño Estado y la economía libre, o las resurgentes del antiguo “bloque socialista” que tiraron a la basura el marxismo.

Por las lentejas de una empresa y la llamada “cooperación” (más benefactorismo) no debemos cometer harakiri, abrirnos de golpe las entrañas. Ceder al chantaje de la OIT propiciando así el desorden y las presiones que se sufrieron en los años anteriores al ataque comunista, es estar ciego, ignorar las amargas lecciones del pasado. Ojalá que el gobierno revise con sensatez el mal paso que está a punto de dar.

 

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