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Hamas. Está empecinado en destruir a Israel. |
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Tecnología. Forma parte de la cotidianidad. |
The New York Times
Por Thomas L. Friedman
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
El bosque tropical del Amazonas peruano es ese lente, y ver al mundo a través de esta jungla densa me ha dado perspectivas nuevas sobre dos temas: la violencia en el Medio Oriente y la propagación de Internet.
Lo que es tan llamativo de esta selva húmeda, cuando se la ve de cerca, es que es un lugar increíblemente violento -- con árboles, plantas y lianas luchando entre sí por la luz del sol, y animales, insectos y pájaros haciendo lo mismo por comida.
Siempre me impresionó cómo nuestro guía indígena peruano identificaba cierto pájaro o jabalíes o comadrejas o pericos, y agregaba de inmediato cuáles eran sus depredadores. En la selva húmeda, todo el mundo y todas las cosas son parte de un par casado de predador y presa.
Sí, no hay nada como la violencia de una selva húmeda, pero es una con un propósito identificable: plantas y animales que marcan y protegen territorio para la sobrevivencia de sus especies.
Tengo que decir que la violencia que se está dando entre israelíes y palestinos no tiene propósito alguno. Israel evacuó Gaza, y ¿qué hace Hamas? No construir un hogar para sus jóvenes ahí, un Estado y una sociedad decentes, con empleo. En cambio, lanza cientos de cohetes contra Israel.
Los palestinos tendrían un Estado en la Rivera Occidental, Gaza y el este Jerusalén mañana, si ellos y la Liga Árabe reconocieran en forma clara a Israel, normalizaran relaciones y renunciaran a la violencia. Pero, los palestinos parecen determinados a destruir a Israel en su territorio, aun si ello significa destruirse a sí mismos en su propio territorio. Las especies que se comportan en esa forma en la selva húmeda se extinguen.
En cuanto a Internet en la selva, mi punto es este: no existe. Sí, tuve que ir al Centro de Investigación de Tambopata, muy dentro del Amazonas peruano, para encontrarla, pero puedo informar que aún existe un lugar donde no la hay, ni servicio de telefonía celular. Claro está, todavía existen muchos lugares así, pero el hecho de que las personas pueden usar sus celulares en la cima de las ruinas de Machu Picchu en los Andes, le recuerda a uno que cada vez son más pocos.
Como el adicto alámbrico que soy, hubo una cierta limpieza en pasar cuatro días totalmente desconectado. Fue el mejor antídoto contra la enfermedad de nuestra época, lo que la ex ejecutiva de Microsoft Linda Stone etiquetó acertadamente como “atención parcial continua”.
La atención parcial continua es cuando se está en Internet o hablando por un teléfono celular o en el acceso inalámbrico al correo electrónico mientras se ve la televisión, se teclea la computadora y se le responde una pregunta al hijo. Es decir, se hacen multitud de tareas durante el día, y continuamente se le dedica atención parcial a cada acto o persona con la que uno se encuentra. Es la enfermedad de la modernidad. Hemos pasado de la Edad del Hierro a la Industrial, a la de la Información, a la de la Interrupción.
Todo lo que hacemos ahora es interrumpirnos unos a otros o a nosotros mismos con mensajes instantáneos, correos electrónicos, propaganda electrónica o el celular. ¿Quién puede pensar o escribir o hacer innovaciones bajo tales condiciones? Uno se pregunta si la Edad de la Interrupción conducirá a la decadencia de la civilización, ya que las ideas y los períodos de atención se reducen, y un día nos pueden diagnosticar a todos nosotros alguna versión del Síndrome de Déficit de Atención.
Sé que la conectividad significa productividad. Sin embargo, es posible exagerar. Existe una cosa llamada “demasiado conectado”, y la sociedad moderna se dirige en esa dirección conforme más personas de niveles de mayor ingreso se conectan. Todo el mundo al que conocimos en Perú tenía un celular, y Perú, al igual que tantos países en desarrollo, va directo de no tener teléfonos a los celulares, sin pasar por las líneas terrestres.
Significa que todo el mundo siempre está a la moda. Nunca deja de estarlo. Ya se acabó eso de no estar a la moda. Quizá pronto tendremos que recrear en forma artificial el no estar a la moda. Quizá pronto veamos un anuncio de algún centro vacacional Four Seasons que diga: “Garantizamos que ninguna habitación tiene servicio de Internet”.
No obstante, lo que me impactó de Gilbert, nuestro guía peruano en la selva húmeda, fue que no llevaba aparatos y no padecía atención parcial continua. Justo lo opuesto. Escuchaba cada gorjeo, silbido, aullido o crujido en la selva húmeda, y nos detenía e identificaba de inmediato de qué pájaro, insecto o animal se trataba. También tenía una visión increíble y nunca pasaba por alto una tela de araña o una mariposa o un tucán o una columna de termitas en movimiento.
Estaba totalmente desconectado de la Red, pero en completo contacto con la increíble red de la vida que lo rodeaba. Me pregunto si hay una lección en ello.
—Thomas L. Friedman, prestigioso experto en política internacional y economía, es uno de los periodistas más respetados e influyentes del mundo. Empezó a trabajar en The New York Times como reportero en 1981 y desde entonces ha ganado en tres ocasiones el Premio Pulitzer por su labor en dicho periódico y ha viajado por todo el mundo como corresponsal del mismo.

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