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Comentario de la semana
Credenciales democráticas
Por polarizada que esté nuestra sociedad --y vaya que en realidad lo está--, ha quedado claro,
muy claro, que no se compra otra “hoja de ruta” que no sea la pacífica
Publicada 15 de julio de 2006, El Diario de Hoy
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Eduardo Torres*
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El mortal atentado del 5 de julio contra los agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO), por las características puntuales del caso, caló hasta las fibras más íntimas y sensibles de la conciencia ciudadana. Al mirar retrospectivamente lo sucedido, conforme fueron conociéndose los detalles de tan alevosas y premeditadas acciones, una enérgica condena y actitud de profundo rechazo fue lo que salió de la mayoría --inmensa mayoría-- de salvadoreños.
La dimensión humana, que es siempre la más importante, reflejada a través de los medios de comunicación en el dolor de los familiares de las víctimas ante la perdida de sus seres queridos, ha quedado tan grabada en la mayoría de nosotros, casi como los propios hechos. Trágica fecha que, en definitiva, llegó para quedarse en el registro colectivo de la sociedad, que en transición hacia la modernidad venimos paso a paso edificando.
Fuera de lo anterior, considero pertinente destacar que a diferencia del pasado --setentas y ochentas--, cuando nos vimos envueltos en una vorágine de violencia, pues ha quedado obvio que rechazamos como sociedad la violencia y a juzgar por lo visto en estos días no parecería haber espacio, ningún tipo de espacio, para otro método de acceder al poder que no sea por la vía democrática --votos en vez de balas, fue lo firmado en Chapulte-pec en enero de 1992--. Ejemplar desempeño tuvo la Policía.
Más allá de todo lo conocido alrededor de los hechos y de los respectivos dimes y diretes que se están cruzando en el debate público, serán las investigaciones, tal como le dijo a este periódico el embajador de los Estados Unidos en El Salvador, Douglas Barclay, las que determinarán si el ataque contra los policías fue “(un acto de) terrorismo o un crimen violento”; en todo caso, añadió, lo sucedido “linda con la anarquía y con el terrorismo, y cuando tienes estos ingredientes es difícil que prospere la democracia”.
Esto nos trae al punto del cuestionamiento de “credenciales democráticas”, que en la campaña presidencial de 2004 hizo Dan Fisk, funcionario del Departamento de Estado a cargo de la región centroamericana. Realmente, si como resultado de lo sucedido el 5 de julio terminamos todos abrazando inequívocamente la democracia, pues no habrá sido en vano el sacrificio de los policías asesinados, sustituyéndose lo negativo y cruel por lo esperanzador y positivo. Porque por polarizada que esté nuestra sociedad --y vaya que en realidad lo está--, ha quedado claro, muy claro, que no se compra otra “hoja de ruta” que no sea la pacífica.
Pero como esto no se puede ver de manera aislada, no ha sido fruto de la casualidad que sin correr por la Presidencia del Perú, y luego por la de México, se haya convertido Hugo Chávez en actor principal --en negativo- en ambas contiendas electorales, perdiendo las elecciones los dos candidatos que al menos en términos de percepción pública le fueron ligados. Más allá de la publicitada tendencia, dice la revista británica “The Economist”, de que América Latina está girando hacia la izquierda, existe otro cauce --sin publicitarse- de que los latinoamericanos no estamos para aventuras populistas.
Sustenta su tesis “The Economist” en que hay “muchos latinoamericanos que se están beneficiando de la democracia y de una estabilidad económica lograda a base de sacrificios, por lo que consideran que tienen al menos algo que perder con aventuras populistas”. Ya no digamos con aventuras violentas, le añadiría.
Que el rechazo que sentimos la mayoría de salvadoreños por los sucesos del pasado 5 de julio, den lugar a un distanciamiento preciso y claro del uso de la violencia. ¡No se vale!, ha sido el mensaje de la ciudadanía, a tan deleznable acción. Sólidas credenciales democráticas es lo que requiere el país para lograr una mayor confianza y estabilidad en beneficio de todos.
*Director Editorial de El Diario de Hoy.

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