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| Afectados. Janet y César (al fondo) en
el Hospital Bloom. Foto EDH |
Mirella Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Además de los genes, Sergio, César y Janet comparten la
experiencia de sufrir juntos en el hospital los delirios de las fiebres
y los molestos vómitos que da el dengue.
Los tres hermanos residen en Soyapango, una de las zonas del área
metropolitana de San Salvador donde el zancudo transmisor abunda y sus
víctimas también.
El lunes pasado ingresaron al Hospital Bloom aquejados por los malestares
del dengue clásico. Las camas 6, 7 y 8 del edificio anexo del Bloom
han sido testigos de los delirios de los hermanitos y de cómo luego
se han ido recuperando.
“De ahora en adelante voy a usar mosquitero para que no me vuelva
a dar dengue”, dice con tono alegre César, de 9 años,
mientras escucha programas en una radio portátil para disipar la
incomodidad de estar en un hospital donde “lloran mucho los niños”.
Mientras el pequeño se distrae un poco y aguarda la esperanza de
que el sábado le den el alta, para regresar a la escuela, Janet,
su hermanita menor de 7 años, no puede contar lo mismo.
En la cama contigua es asistida con terapia respiratoria debido al exceso
de tos. Con voz tímida dice que ya se siente mejor, aunque una
tía que los acompaña en el día, dice que aún
le da fiebre.
Rodrigo, de 14 años y el mayor de los tres hermanos, ha sido el
primero en dejar el hospital. Lo hizo ayer, tras cuatro días.
Al igual que Rodrigo, otros 3 menores fueron dados de alta. Mientras,
otros 14 permanecen hospitalizados, entre ellos un bebé que sigue
delicado en la UCI.

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