 |
| Historias. Don Juan Alas, de 76 años,
vive en la comunidad Espíritu Santo. Dijo que a diario ven
pasar las locomotoras. Foto EDH |
Enrique Carranza
El Diario de
Hoy
metro@elsalvador.com
Buscar una aguja en un pajar sería más fácil que
encontrar un tren en pleno San Salvador.
Quizás ese medio de transporte entró en algún listado
de especies en vía de extinción.
Para colmo, el silencio ha sido el aliado durante varios meses de Ferrocarriles
Nacionales de El Salvador (Fenadesal), una de las dependencias de la Comisión
Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA).
Esa oficina es la responsable de administrar los trenes nacionales. Sin
embargo, los rieles del sistema ferroviario ubicados en diferentes puntos
de San Salvador son testigos mudos del paso de locomotoras y “balas”.
A las estructuras metálicas utilizadas para el desplazamiento de
la maquinaria, se le suman los testimonios de personas que durante décadas
han habitado a lo largo de la línea del tren.
“Vemos pasar una de las máquinas grandes (locomotora), es
la número 652. Son varias veces por semana”, relató
Juan Alas, habitante de la comunidad Espíritu Santo, ubicada en
las cercanías de La Garita, en San Salvador.
Él tiene 22 años de vivir en ese lugar y recuerda que en
pocas ocasiones la rutina ha sido diferente.
En torno a lo que sucede en la actualidad con respecto al sistema de trenes
surgen varias interrogantes.
“No sabemos qué pasa en realidad, parece que trabajan en
reparar la línea al lado de Apopa. Pasan y llevan materiales”,
sostuvo Alas, de 76 años.
También se ve en la zona máquinas pequeñas parecidas
al tren, que la población les llama “las balas”.
Los habitantes se preguntan, además, si habrá desalojos,
porque son muchas las familias que viven a lo largo de la línea
férrea.
En el sector de la colonia Sierra Morena, en Soyapango, los rótulos
todavía advierten del paso de ferrocarril.

|