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Una cumbre al estilo de un zar

Rusia. En seis años, Putin ha consolidado su autoridad e inspirado un resurgimiento del orgullo ruso


Publicada 14 de julio de 2006, El Diario de Hoy

The New York Times
Por SABRA AYRES
SAN PETERSBURGO, Rusia

El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

Al comienzo de la carrera política de Vladimir Putin como asesor del alcalde, sus colegas dicen que tenía un retrato de su héroe el zar Pedro el Grande en su oficina.

Una década después, cuando se convirtió en Presidente de Rusia en 2000, decidió renovar uno de los palacios que pertenecieron a Pedro, con vista al golfo de Finlandia, para su residencia presidencial en esta ciudad fundada por el zar.

Trescientos años después del reinado de Pedro, Putin dará la bienvenida en el Palacio Konstantinovsky al presidente Bush y otros líderes del Grupo de los Ocho este fin de semana, en un momento en el que él se ha convertido en algo parecido a un zar de la época moderna.

El aumento en los precios mundiales del petróleo ha impulsado la economía de Rusia, e incrementado los ingresos personales. Muchos rusos atribuyen el crecimiento a la mano fuerte de Putin que ha seguido al desorden y la corrupción de la primera presidencia postsoviética de Boris Yeltsin.

Putin también ha empujado a Rusia de vuelta al escenario mundial al participar en las negociaciones sobre sus programas nucleares durante el actual punto muerto con Irán y Corea del Norte. Para los rusos, su papel ha reestablecido la confianza nacional después de que se perdió cuando se derrumbó la Unión Soviética.

“Señales ambiguas”

Sin embargo, los críticos, incluido Estados Unidos, dicen que los aspectos positivos se han dado a costa de los grandes pasos democráticos que siguieron inmediatamente después la caída de la Unión Soviética en 1991.

Putin opera con un Parlamento incondicional, le ha arrancado poder a los gobernadores regionales de Rusia y consolidado gran parte de los recursos energéticos del país en conglomerados paraestatales. Son raras las ocasiones en las que se escuchan las voces opositoras en los medios informativos casi totalmente controlados por el Estado.

Sin embargo, la popularidad de Putin – las encuestas de opinión le dan 77% de aprobación – muestra que la mayoría de los rusos está contenta haciéndose de la vista gorda en cuanto a su creciente autoritarismo si ello significa estabilidad económica y política constante para el país.

Pedro el Grande usaba sus palacios para atender y cortejar a líderes occidentales en el siglo XVIII, y extender el alcance del brazo imperial de Rusia.

Putin hará lo mismo cuando el Grupo de los Ocho naciones más ricas. Él desvía las críticas sobre su estilo de dirigir insistiendo en que cada país tiene el derecho de desarrollar su propio curso.

De hecho, muchos rusos creen que Putin – como las masas consideraban a los zares en su época – es casi divino, capaz de llegar a ellos y arreglar sus problemas cuando nadie más puede hacerlo. Es una imagen que el Kremlin se ha esforzado en cultivar.

Putin lleva a cabo reuniones en el ayuntamiento que se transmite por televisión, donde las personas llaman para preguntar cualquier cosa, desde relaciones internacionales hasta la forma de resolver asuntos locales.

Se pueden comprar retratos del Presidente en los quioscos, y con frecuencia adornan las paredes de oficinas de empresas y tiendas.

“Putin es un zar simbólico, pero si pregunta a cualquiera, insistirá en que fue elegido en forma democrática”, dijo Dimitri Ore-shkin, un analista independiente.

Así es que no es sorprendente que pocos rusos se quejaran cuando, a un costo de unos $180 millones, Putin transformara el Palacio Konstantinovsky, de su admirable Pedro el Grande.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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