|
Tema del momento
La institucionalidad amenazada
El disenso en contra de ideas, políticas o desaciertos del gobierno en turno es aceptable en
el marco fundamental de las libertades a través de medios pacíficos y de respeto. No de libertinaje
Publicada 13 de julio de 2006, El Diario de Hoy
|
|
Marcial Vela Ramos*
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Todas las organizaciones de presión cuentan con un sinnumero de capacidades no violentas, para coadyuvar a buen destino sus gestiones e integración a favor de la sociedad para enfrentar los retos del milenio sin tintes ideológicos y de partido. Los principales desafíos a los cuales deben hacer frente son de diversas categorías y funciones.
La sustentabilidad de estas organizaciones está basada en la paz social a través del tiempo, y en base a las normas y mecanismos legales establecidos por la misma sociedad del Estado.
La sustentabilidad del país se basa en dos aspectos fundamentales: la sustentabilidad de la paz social, referida a la posibilidad de contar con instituciones fuertes que se precisan para ello y la sustentabilidad financiera para mantener viva la seguridad y estabilidad económica.
Son los valores, la forma de ser y actuar de cada uno de los ciudadanos, los que hacen que el país encuentre los mecanismos correctos de progreso y libertad. Desde donde miremos El Salvador ha recorrido un largo e insinuoso camino hacia una democracia real, que nos lleve a puerto seguro de éxitos y oportunidades para todos.
El punto es que la paz que hoy vivimos no debe permitir estos actos de violencia aislados, que lo único que persiguen es conspirar contra la institucionalidad del país lograda con sangre, sudor y lagrimas. La pregunta que surge inevitablemente es cómo garantizar la sustentabilidad institucional y social del país. Las diferencias entre la oposición, grupos de presión y el gobierno deben enmarcarse en el contexto de gestiones y concertaciones que el diálogo permanente ofrece.
Nuestra democracia e institucionalidad está amenazada de nuevo por un grupo de elementos ilegalmente armados, que únicamente tiene como interés el desestabilizar la institucionalidad del Estado. Nuestro compromiso como verdaderos ciudadanos está con la paz, el diálogo y concertación para continuar consolidando nuestra democracia y desarrollo integral. Sin embargo existen grupos de personas que no han olvidado el odio, la intolerancia y violencia que tanto sufrimiento le ocasionaron a nuestro país en las décadas pasadas.
La violencia como forma de expresión inequívoca no conduce a nada. Estas expresiones violentas y vandálicas contra las personas y propiedad realizadas por turbas rojas, desenfrenadas y armadas de las Brigadas Revolucionarias de Estudiantes Salvadoreños (BRES), recorrieron el mundo internacional e hicieron recordar las décadas de los 70 y 80, especialmente a los salvadoreños en el exterior.
Estas representan en el escenario internacional --especialmente en aquellos países amigos que desean invertir-- temor e inseguridad, lo que podría generar dudas a todo el esfuerzo desarrollado y encaminado por el Gobierno de El Salvador para atraer inversionistas al país.
Los Acuerdos de Paz mejoraron y crearon nuevas instituciones que han fortalecido la institucionalidad del Estado salvadoreño. Es a ellas a donde deben dirimirse la resistencia pacifica y legal, los reclamos e intereses afectados del ciudadano. Las calles son para transitarlas libremente, para manifestarse, expresarse pacífica y ordenadamente en una sociedad democrática.
La “lucha de calle” es para los sin dueño. Conspirar violentamente, usando como mecanismo las armas ilegales es la vía más fácil para los fracasados inconformes de conducta roja, que no quieren respetar las reglas del juego democrático de las urnas. Su vertiente sigue siendo el caos y la zozobra.
Las declaraciones injustificadas de “supuestos lideres” del FMLN, que el escenario futuro será de confrontación permanente deben hacer reflexionar y preocupar --especialmente a la juventud-- a la sociedad votante. Toda crisis debe manejarse con prudencia y tino. La dinámica del fortalecimiento institucional debe ser desarrollada por las instituciones inherentes en la aplicación de la justicia.
Un país no puede vivir en una paz social sin el respeto, cumplimiento y aplicación real de la ley. La unificación de una nación no se puede perder por un grupo de delincuentes armados, que únicamente persiguen objetivos mezquinos llenos de odio y violencia.
El disenso en contra de ideas, políticas o desaciertos del gobierno en turno es aceptable en el marco fundamental de las libertades a través de medios pacíficos y de respeto. No de libertinaje. Las heridas no deben abrirse porque nadie gana con el odio, nadie gana con una sociedad dividida.
*Cónsul de El Salvador en Georgia.

|