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Carlos Balaguer
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El
Diario de Hoy
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De esas que alumbran la vida de los lejanos magos del amor. Los que se van a un mundo aparte, porque no pueden cargar con todo el dolor del mundo y de la historia. Somos nosotros, los tránsfugas, los furtivos buscadores del ilusorio mundo de la paz. Los que hace tiempo dejamos la guerra e inventamos el amor.
He visto alrededor mío una pléyade de sombras, de injurias, de asesinatos y profanaciones. Y me dicen qué hago hablándote de este amor; que si no me doy cuenta que el infierno está cerca. Y en verdad, veo hacia los perdidos arrabales y pasajes de la urbe tenebrosa y descubro el crepitar de sus llamas. No son llamas que alumbran, son las llamas oscuras del averno.
Amada mía, te escribo este tanto del año, pensando que en algún lugar tal vez vuelva a nacer otro sol de mariposas, como el que nos alumbró alguna vez. Que tus ojos otra vez le miren, tus manos lo toquen, tu imaginación lo dibuje y la ilusión lo encienda plenamente en los perfumados valles de tu corazón. Yo no sé si he perdido la razón o es que la razón me ha perdido a mí.
Día a día
cuando una empresa muere
Por lo general las empresas nacen, crecen, se mantienen y mueren. No hay leyes, conjuras, presiones gubernamentales o decretos que puedan sostener viva a una empresa que no compite con éxito, no se ocupa por innovar o cae en la complacencia.
Las grandes empresas y familias de hace cien o cincuenta años casi todas han desaparecido; si existieran alianzas “entre el gran capital y el poder político”, los dirigentes empresariales harían todo para sostenerse y crecer, pero no lo logran, como tampoco los corruptos de un régimen y salvo contados casos, mantienen sus mal habidas fortunas al salir del poder.

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