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Breve análisis
Repercusiones del 5J

Hay espacios para que cualquiera pueda emitir cualquier opinión: Los medios publican todos los puntos de vista. Además hay periódicos, canales de televisión y decenas de radioemisoras alineadas con la izquierda

Publicada 13 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Luego de disiparse el polvo y el humo de los violentos incidentes del 5J, una cosa ha quedado muy clara: en el país ya no queda espacio para la violencia como método de lucha política. El mismo FMLN, tras una encerrona, muchas horas y, me imagino, tensas discusiones, terminó emitiendo un comunicado en el que se distancia de los hechos y condena la actitud del tirador y su ayudante.

Los dirigentes del FMLN comprendieron que nada bueno les traerá, en términos políticos, aparecer vinculado a grupos armados. Los pronunciamientos de diferentes sectores de la sociedad ante el triste resultado de dos agentes policiales muertos, no dejan espacios para continuar manteniendo posiciones ambiguas en relación a los métodos violentos.

¿Tiene en realidad el FMLN nexos con grupos armados? No tengo pruebas parar afirmar que si o que no. Sin embargo, me consta que la discusión sobre los métodos de lucha, incluyendo la lucha armada, ha estado siempre presente en la izquierda. Luego de los Acuerdos de Paz hubo un intenso debate entre los entonces comandantes sobre el tema de las armas. Algunos de esos dirigentes, por desconfianza o por estrategia, eran partidarios de mantener grupos armados. Decían que era imprudente quedarse desarmados ante una derecha violenta. Otros le apostaban a una renuncia total a la vía armada.

Estos últimos, ante la debacle del campo socialista, consideraban que el momento histórico para la lucha armada había pasado. Y no sólo eso, planteaban además que era necesario incorporar al ideal socialista los principios de la democracia y elementos de las economías de mercado. En otras palabras, estaban redescubriendo a la social democracia europea. De inmediato fueron expulsados. Pero el debate continuó dentro del FMLN. Producto de ello son las constantes renuncias de otros dirigentes en diferentes momentos de la última década.

Poco a poco el FMLN quedó en manos del antiguo partido comunista y del ala más radical de las FPL. Pero aún así estoy seguro que el FMLN no es una fuerza monolítica en la que haya un consenso sobre un determinado método de lucha política. Lo anterior queda demostrado con las declaraciones públicas de José Luís Merino en noviembre del año pasado, en las que demanda a Hugo Martí-nez y a Oscar Ortiz a “que desenmarañen su pensamiento”. Ortiz sigue manteniendo muchos puntos de vista diferentes a los que mantiene la dirección de su partido.

El debate sobre los métodos continúa y este, seguramente, se agudizó tras los sucesos del 5J. Lo cierto es que aunque haya en el interior de la izquierda tendencias que se mantengan aferradas a formas de lucha superadas por la historia, el FMLN es una realidad política a la que una gran parte del pueblo le ha dado un enorme poder como principal partido opositor, lo cual implica una enorme responsabilidad.

Lo ocurrido el pasado miércoles, abre una coyuntura propicia, para aislar y debilitar las posiciones belicosas y antisistemas dentro de la izquierda. Ya el comunicado publicado el 10 de julio por el FMLN, donde califica de irresponsables y aventureros al tirador y su ayudante, es un claro mensaje a las cabezas calientes que salen encapuchadas a destruir propiedad publica y privada, a apedrear negocios y a jugar a guerrilleros que serán abandonados, por el partido, si los pescan con la manos en la masa.

En un sistema democrático, la gente tiene el derecho a manifestarse. Tras los Acuerdos de Paz ese derecho es totalmente respetado en el país. Hay espacios para el diálogo político: allí está la Asamblea Legis-lativa, donde la izquierda tiene una poderosa bancada y emite cualquier posición y en el tono que quiera. Hay espacios para que cualquiera pueda emitir cualquier opinión: Los medios publican todos los puntos de vista. Además hay periódicos, canales de televisión y decenas de radioemisoras alineadas con la izquierda.

Puede haber razones para la protesta. Pero no lo hay para la violencia con motivaciones políticas. El comunicado del 10 de julio no debería ser el colofón de una situación crítica para el FMLN, sino más bien el inicio de un debate serio que lleve a ese instituto político a convertirse, de verdad, en un partido democrático sin ninguna relación real con grupos violentos.

*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv

 

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