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La
Nota del Día
Si bajan los ingresos, hay que apretar el cincho
Hay dos maneras de reducir y superar la pobreza. La imaginaria es repartiendo dinero e incrementando los servicios “sociales”; la efectiva es crear las condiciones para generar empleo, incrementar la libertad económica, reducir tributos
Publicada 13 de julio de 2006, El Diario de Hoy
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| El
Diario de Hoy
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elsalvador.com
La revelación hecha por la PNC sobre el costo anual de la división de custodia a personalidades (un millón de dólares) lleva a una conclusión lógica e inescapable: hay que revisar asignaciones, suprimir custodios a ex funcionarios, examinar quiénes tienen de más y evaluar quiénes no los necesitan. Un conocido nos asegura que en ciertos casos la vigilancia es para que los protegidos no perpetren más fechorías; en otros es una especie de “status symbol”: si el individuo va con guardaespaldas, es por su importancia, aunque en la calle nadie lo conozca. La regla debe ser que fuera del gobierno, fuera de la protección.
En general, recortar “lo gordo” es lo que corresponde hacer con todo lo relacionado con oficinas, programas, presupuestos, asignaciones, subsidios y empleomanía: si un plan, entidad, obra social, apoyo, etc., no rinde verdaderos frutos, lo propio es suprimirlo. Si se vence el nombramiento de un funcionario, lo que procede es que vuelva a sus labores previas, no que pase a engrosar secretarías técnicas, el servicio diplomático u otras dependencias. Los nombramientos no deben dar derecho a succionar la vaca pública para siempre, sino para llenar una específica función durante un tiempo determinado.
En los trances por los que pasa la República, con la Legislatura bloqueada por los rojos, hay que vivir como vive la mayoría de ciudadanos: ajustada a un presupuesto. Se tienen que revisar los gastos, apretarse el cinturón y cortar grasa, sea esta las ocurrencias de comisionadas, la red solidaria en muchas de sus inútiles facetas, repensar los nombramientos de los últimos dos años y reducir las misiones al exterior con más de uno o dos funcionarios.
Eso se proponen los procesos de modernización de un Estado: como las empresas, las familias y los sectores productivos, que de manera permanente hay que suprimir lo que es irrelevante y potenciar lo que lleva promesa. Hace un par de días, a guisa de ejemplo, se dio a conocer un estudio sobre ciento cincuenta gasolineras, para determinar dónde eran los servicios más baratos y los más caros, evaluaciones que a su modo hacen por sí solos los ciudadanos sin que eso le cueste al país decenas de miles de dólares: hasta la gente más despistada compra en las tiendas donde o le venden más barato o son mejores las calidades o atienden con sonrisas o le queda a la vuelta de la esquina.
Aprendamos de la verdeIrlanda
Hay dos maneras de reducir y superar la pobreza. La imaginaria es repartiendo dinero e incrementando los servicios “sociales”; la efectiva es crear las condiciones para generar empleo, incrementar la libertad económica, reducir tributos, fortalecer la seguridad jurídica, combatir la delincuencia y abrirse al mundo.
El mejor ejemplo de que esta última fórmula funciona, que funciona esplendorosamente, es lo que sucede en Irlanda: de ser el país más pobre de Europa, en poco más de quince años ha pasado a ser el segundo más rico, con el mayor bienestar. Lo ha hecho bajando o suprimiendo impuestos, incentivando el establecimiento de empresas, dejando que el mercado funcione sin trabas, suprimiendo barreras al intercambio.
En otros términos, aplicando lo que para algunos es “capitalismo salvaje” pero que en todas las latitudes rinde grandes frutos. Lo que procede es que los del “gabinete económico” vayan a Irlanda a aprender.

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