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Lago de Güija
Ecosistema en peligro de extinción

En crisis. Un río que se seca, aguas que son un peligro para la vida humana y un alto nivel de erosión amenazan el frágil balance del área


Publicada 9 de julio de 2006 , El Diario de Hoy

Jorge Ávalos
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Bosque seco
Es el más importante de Mesoamérica. Foto: EDH

El lago de Güija es un extraño paraíso. Al navegarlo, con sólo recorrer una fracción de los casi 45 kilómetros cuadrados de su extensión, la prístina belleza de los paisajes se hace evidente de inmediato.

El intenso y oscuro verdor de una tupida línea de árboles se refleja en el plateado espejo de las aguas al sur del lago, en Belén Güijat. Pelícanos y garzas blancas planean sobre el agua y pescan su alimento.

Hay otros lagos, otros bosques, pero los ojos no nos engañan: este es un sitio singular en El Salvador, un oasis formado, contra toda adversidad, sobre la lava y la tierra rocosa y seca del cráter de un volcán. En el área natural que rodea el lago, incluido San Diego, se halla el principal bosque seco tropical del Pacífico Norte de Mesoamérica.

Todo ese preciado ecosistema se deteriora poco a poco, se extingue lentamente como la luz de una vela. Pero, qué tan grave es la situación en ese lugar, donde las ceibas, los guarumos, los cedros, los quebrachos, con raíces expuestas, con troncos dando giros tortuosos, crecen junto a las rocas, por entre las rocas y sobre las rocas.

Algunos problemas

Lea además

Calidad del agua en Güija es una amenaza

Documentos y estudios científicos obtenidos por El Diario de Hoy demuestran que los problemas de Güija son críticos y que requieren acciones urgentes para resolverlos.

Para empezar, una de las fuentes que alimenta el lago, el río Ostúa en Guatemala, se está secando. Sólo en la última década, el río perdió el 53% de su caudal. Este alarmante dato fue ha confirmado Julián Muñoz, director ejecutivo del Plan Trifinio de Guatemala.

Sitio turístico
Los petrograbados atraen a los visitantes. Foto: EDH

“La presión que estamos ejerciendo sobre nuestros recursos por medio de la deforestación y el mal uso de la agricultura está reduciendo el caudal”, afirmó. “Si no hacemos algo el río Ostúa se va a perder en los próximos 15 años”.

Este diagnóstico proviene de estudios realizados en Guatemala a lo largo de las últimas décadas.

En 1995, por ejemplo, el río alimentaba al lago mediante la producción promedio de 26.26
metros cúbicos de agua por segundo. Para el año 2000 la producción promedio había bajado a 14 metros cúbicos por segundo.

Este es un problema todavía imperceptible en El Salvador. Pero hay en el lago en sí, evidencias de otros problemas más urgentes.

Uno de estos problemas es la calidad del agua. En un área visualizada por el gobierno como un futuro centro turístico, las aguas del lago y de los pozos que la rodean representan una amenaza para la vida humana.

Nadie debería beber de esas aguas, ni bañarse en esas aguas, ni lavar sus ropas en esas aguas. Y, con toda probabilidad, nadie debería pescar ni alimentarse de esas aguas. ¿Por qué? Porque hay muchos contaminantes introducidos por los habitantes que se asientan alrededor de los cuerpos de agua en el área de Güija, que aún preserva otras riquezas, a pesar del deterioro.

Entre esas rocas, en la península de Igualtepec, hay algunas de dos a cuatro metros de circunferencia cuyos enigmáticos dibujos, grabados hace más de 1,500 años, dan fe de la antigüedad de nuestros pueblos.

Pobladores
Las mujeres lavan las ropas a la orilla del lago. Foto: EDH

El nombre mismo, Güija, es una palabra maya, que significa “aguas rodeadas de cerros”. Estas aguas son la fuente de vida para los siete mil habitantes que se asientan a su alrededor, en siete comunidades que viven de la pesca artesanal y de la agricultura ocasional.

Reconocimientos

Toda la situación antes planteada ha provocado, al parecer, un mayor interés de las autoridades de Gobierno, luego de años de desidia. Por ejemplo, el viernes 24 de marzo pasado, pobladores del caserío El Desagüe, a orillas del lago en Belén Güijat, recibieron una visita inesperada. “Vimos que llegó la Vicepresidenta (de la República) y que se subió a una lancha, pero no reunió a la comunidad para informar sobre lo que pretende hacer”, relató el pescador Maximiliano Sandoval.

Lo que la vicemandataria salvadoreña, Ana Vilma de Escobar, hizo ese día, fue plasmar su firma, como testigo de honor, en la “Carta de Entendimiento de Cooperación Interinstitucional para Promover el Desarrollo Sostenible de la Cuenca Binacional del Lago de Güija”.


Utilizando un lenguaje inusualmente franco, funcionarios de El Salvador y Guatemala se refirieron al deterioro ecológico y económico del área y a la necesidad de tomar acción.

“Concretizar alianzas para la ejecución de acciones enfocadas a promover el desarrollo sostenible de la región del Trifinio significa mucho más que cumplir un tratado trascendental; significa romper el círculo vicioso de la pobreza y el deterioro de los recursos naturales, de los que dependen en gran medida los pueblos de Guatemala y El Salvador”, expresó la vicepresidenta.

Balance
La ecología del área es ahora muy frágil. Foto: EDH

Ese comentario provocó una inquietud: ¿qué condiciones generan esos círculos viciosos que ahora se tratan de romper. Es decir, ¿qué causa el serio problema que ahora se está tratando tan urgentemente de resolver?.

Nadie puede, sin embargo, detener el curso de vida de tantas comunidades, gracias a las aguas del Güija.

El río Lempa y el efecto “cascada”

Sin lugar a dudas, el bosque seco que rodea el lago es un remanente ecológico irremplazable. Y con nueve sitios arqueológicos, el área de Güija tiene también una indudable importancia para la comprensión de la historia y la cultura mesoamericana.

Pero Güija es mucho más. Su potencial turístico, desaprovechado hasta ahora pero advertido por el actual Gobierno, podría convertirlo en un polo de desarrollo económico-social para el área noroeste del país.

Dentro de ese marco, no podemos olvidar que el recurso natural de sus aguas aporta muchísimo más a la economía del país de lo que la zona recibe en beneficios socioeconómicos. Este argumento se fundamenta en el hecho de que el agua de su cuenca alimenta el primer eslabón en la cadena de las cuatro centrales hidroeléctricas con que cuenta el país.

Tal y como lo explican los ingenieros de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), ávidos de demostrar la eficiencia del proceso de generación de electricidad, “el sistema hidroeléctrico de El Salvador funciona como una unidad en ‘cascada’. El agua acumulada en los embalses ubicados a mayor altura, es aprovechada también aguas abajo en otras centrales, aprovechando el curso del río en su recorrido hasta llegar al mar”.

En efecto, la pequeña Central de Guajoyo, con su planta generadora de 19 MW, y que opera con agua almacenada en el lago de Güija, está ubicada a 430 metros sobre el nivel del mar y a 280 kilómetros de distancia de la desembocadura del río Lempa.

La descarga de agua de Guajoyo contribuye al impulso generador de energía de las centrales Cerrón Grande, 5 de Noviembre y 15 de Septiembre. Y también contribuirá a otras que se construyan, sobre todo si se sigue el plan de CEL, que sugiere impulsar una central hidroeléctrica cada 10 o 15 años “para asegurar la estabilidad del sistema y de los precios del servicio”.

Esto es lo que caracteriza a Güija. Lo que sucede allí, siguiendo el efecto “cascada”, tiene un impacto en todo el país. Y una cosa que sucede, actualmente, es que la cuenca de Güija se ha convertido en una cloaca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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