Wilfredo
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El Diario de Hoy
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Las colinas 2:30 P.M.
Oración. Los cánticos y las alabanzas para pedirle a Dios por el alma de Miguel Rubí no faltaron ayer. Foto:
EDH |
El “héroe” enseñó a su esposa a ser también una heroína.
De frente al pelotón de la Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO), de la PNC, a la cual su esposo, Miguel Ángel Rubí, perteneció antes de morir el pasado miércoles, las palabras de aliento y fortaleza de Dina Raquel Ayala de Rubí calaron hondo en los corazones de los presentes.
“Disfruten a sus hijos el tiempo que puedan y luchen contra aquellos que no quieren la paz”, les dijo.
Los rostros de los agentes se arrugaron ante el mensaje de esa mujer, de 1.75 metros de estatura, quien permaneció con entereza ayer en el sepelio del agente 11595. Para ella, Miguel era un “hombre único y maravilloso y un esposo como no hay otro”.
Que su entierro haya sido como una “persona honorable” y tener en sus brazos a su pequeña Melanie Raquel, de 47 días de nacida, mitigaban el dolor que la embargaba, y porque está segura “que de la justicia divina nadie se escapa”.
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Valentía. La esposa de Miguel Ángel Rubí animó
a los compañeros de su esposo a seguir adelante con su labor dentro de la PNC. Foto: EDH |
En el cementerio, la lectura del Salmo 34 envolvió el ambiente, seguido de cánticos y alabanzas.
Y es que Miguel no sólo fue un buen escudero de la UMO, sino también un líder espiritual dentro de su comunidad.
Por eso, Douglas García Funes, subdirector de Áreas Especializadas de la PNC, expresó que no lograba entender como una persona buena puedo haber sido asesinada. “Murió con las botas puestas, porque tuvo la valentía de defender a todos”, añadió Walter Guillén, otro compañero de la UMO del agente fallecido.
Todos, o mejor dicho casi todos, ofrecieron buenos augurios por el eterno descanso de su alma. Hubo uno, que no pudo. Ése fue el padre de Miguel Ángel, don Miguel Rubí.
Ahogaba su llanto por dentro. En su tez blanca, sus ojos lucían irritados. Buscaba alivio en el hombro del resto de sus vástagos.
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Apulo, Ilopango 1:00 P.M.
Resignación. La fé evangélica de la familia de Miguel Ángel Rubí, les dió serenidad ayer.Foto: EDH |
“En el cielo le espera una corona porque ya se la ganó”, repetían los servidores evangélicos a quienes Miguel orientaba.
Un lugar en el que también encontrará a su madre, pues ella falleció cuando era aún muy joven.
“¿Será esta la paz que tiene que vivir El Salvador...?”, preguntó a los presentes José Jesús Ayala, el suegro de Miguel. “No... esto que vivimos es la paz del hombre”, se contestó el mismo.
En Chalatenango “Me decía mamá vaya a comer, porque no la quiero ver tan pechita”. Es lo que más recuerda Carminda Antonia Navarrete, la madre de José Pedro Misael Rivas, el otro policía asesinado junto a Miguel Ángel Rubí.
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Chalatenango 5:00 P.M.
Luto. Cientos de personas acompañaron al sepelio da José P. Rivas.Foto: EDH |
Bajo un torrencial aguacero, los restos “Pedrito”, como conocían al agente, fueron sepultados ayer por la tarde en el cementerio de la colonia Veracruz, en Chalatenango.
“Pedrito nunca me dio ningún problema y si bien es cierto que uno de madre a todos los hijos los quiere, hay unos que, por su comportamiento son especiales”, decía entre suspiros doña Carminda.
Se guardó un minuto de silencio para despedir a Pedro con disparos, pero esta vez de salva, al igual que a Miguel. “Él era un hombre maravilloso, único, como él no hay otro y no lo habrá para mí”
“Murió inocentemente, murió como un valiente con las botas puestas”
“tuvo la valentía de defendernos a todos. eso nos anima a nosotros a seguir adelante”
El amor de “Daina” y sus rosas
Miguel siempre le llevaba rosas rojas a su “chica”. Son las que más le gustan a “Daina”, como llamaba él a su esposa. Aprendieron juntos las primeras letras en la escuela. Crecieron juntos en la adolescencia y se miraban sin tocarse, aunque ya se amaban.
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Apulo, Ilopango 1:00 P.M.
Amor G Dina Raquel Ayala de Rubí carga a su pequeña de 47 días, cuando se dirigía de su casa a enterrar a su esposo. Foto: EDH |
Ese día no podía creer que estaba viendo morir a su esposo por la pantalla de la televisión. “!Mire... si es su manita, el anillo de nosotros dos!”, le gritó Dina a su padre, mientras caía lentamente al suelo quebrantada por el dolor.
Miguel amaba al cuerpo policial como a su esposa. Precisamente un día antes de ingresar a las filas de la PNC, hace siete años, se atrevió a declararle su amor a Dina.
Lo que sentía se lo dijo con “frases lindas” escritas en una carta que ella guarda todavía. Un 25 de abril de 2004 decidieron sellar una felicidad que ya conocían desde niños.
“Cuidá a ese hombre, porque de esos están en peligro de extinción”, recuerda los consejos de su madre. Sin embargo, “murió como un valiente”, susurra Dina.
Entre un enorme listado de nombres, Miguel prefirió el de Melanie para su primogénita. Sin imaginarse, que sería la herencia sanguínea que de ahora en adelante Dina asegura, educará con mayor ternura y dedicación.
“Es poco lo que lo disfruté como esposa”, reitera. Pero los años que pasaron juntos sin saber que eran el uno para el otro, están en todas partes de su casa, con la familia de ambos, en la colonia donde jugaban y donde reían inocentes.
Sepelios unidos en la distancia
En Soyapango y en Chalatenango |
Eran muy queridos
Las familias de ambos lamentaron esas muertesu Miguel Ángel Rubí era cuñado del que estuvo por cinco períodos como alcalde de Sesori, de San Miguel, por el PDC, René Alexander Portillo.
Por su parte, José Pedro Misael Rivas también deja en la orfandad a un menor. |

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