| Eduardo Torres*
El
Diario de Hoy
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“Les pido a quienes no votaron por mí, que me den la oportunidad de ganar su confianza”, dijo en conferencia de prensa el ganador de las elecciones presidenciales en México, Felipe Calderón, de 43 años, ex Secretario de Energía en el gobierno de Vicente Fox. Con un vertiginoso ascenso, Calderón ganó, contra todo pronóstico, las primarias de su partido, para luego derrotar al gran favorito para esta contienda electoral, Andrés Manuel López Obrador.
La prestigiosa publicación francesa, “Le Monde”, además de definir a Calderón como “un jurista virtuoso del compromiso, al servicio de una derecha ciudadana y liberal”, le atribuyó de las elecciones del domingo pasado, un triple éxito: 1- Lograr vencer en los últimos metros --en el “cuarto de milla final”-- a López Obrador; 2- Dar por primera vez en el Congreso mayoría relativa a la derecha (PAN, partido político del que su padre fue fundador), y, 3- Impedir el retorno al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Andrés Manuel López Obrador denunció “irregularidades” desde un principio, tras conocerse los primeros resultados del Instituto Federal Electoral (IFE), y desde ahí ha venido señalando que los impugnará. Precisamente para hoy, ha hecho un llamado a sus simpatizantes a una gran concentración, en el famoso “Zócalo”, corazón de la capital azteca.
Además de inteligente, globalizado y preparado, Calderón es de esas personas con fuerza interior, que se ven, con frecuencia, subestimados. Tiene mérito, mucho mérito, su victoria electoral, que no por lo cerrada que estuvo pierde valor o legitimidad. De manera independiente a cómo concluya el capítulo de la posible impugnación ante el IFE, creo importante señalar cómo fue la caída en intención de voto hacia López Obrador.
La campaña del PAN sacó un “spot televisivo”, que en términos de percepción pública, vinculaba a López Obrador con Hugo Chávez. Un un error que, según “The Washington Post”, admitieron en los días previos a la elección miembros del equipo de campaña del PRD, pasaron semanas sin respuesta. En ese lapso, apareció un nuevo spot, de un grupo de activismo político, en el cual aparecía Chávez con metralleta y soldados a su alrededor. “En México --decía el audio-- tu no tienes que morir para definir tu futuro, sólo tienes que votar”.
Cuando se vino a dar cuenta la campaña de López Obrador, la sólida ventaja que en todo momento había llevado, se había desvanecido para no despegarse ya nadie más fuera de lo que es considerado el margen de error en las encuestas. El otro grave error que a mi juicio cometió la campaña de López Obrador, fue no haber asistido al primer debate, teniendo la experiencia que tiene y siendo el fiero orador que es.
Para Andrés Oppenheimer, crucial en el resultado fue el fuerte apoyo que le dieron los adultos jóvenes a Calde-rón, al percibirlo a favor de la empresa privada y como el candidato del status quo. La interpretación que editorialmente dio la revista británica “The Econo-mist” al triunfo de Felipe Calde-rón, es que “los votantes latinoamericanos quieren cambios moderados y que se ponga mayor énfasis en corregir los males sociales”.
Además de la tan esgrimida tesis de que hay un giro a la izquierda en América Latina, dice “The Economist”, hay otra sobre la cual poco se habla, la cual tiene que ver con que “muchos latinoamericanos se están beneficiando de la democracia y de una estabilidad económica lograda a base de sacrificios, por lo que consideran que tienen al menos algo que perder con aventuras populistas”.
Felipe Calderón, cuya principal oferta fue solventar el problema de la pobreza para millones de mexicanos, le explicó al “Financial Times” por qué se declaró como ganador el 2 de julio por la noche: “Porque no hacerlo hubiese sido como no responder a un movimiento en un juego de ajedrez”.
*Director Editorial de El Diario de Hoy.

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