| Rodolfo
Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Todavía abundan los salvadoreños, por cierto de cualquier
estrato social, desde humildes campesinos y artesanos hasta profesionales
universitarios, que aceptan con entusiasmo la aplicación de la
máxima: “Una buena paliza puede salvar un matrimonio”,
y confunden con escalofriante frecuencia la fortaleza de carácter
con la violencia intrafamiliar reiterada.
A pesar de que la violencia doméstica, en cualquiera de sus formas
es inadmisible, el ciudadano común la considera una “conducta
normal”, sobre todo cuando se usa como medio para mantener la “unión
familiar”, el “respeto y obediencia de los hijos” y
el “control” del cónyuge. En efecto, en la práctica
saca más de onda a un jefe de familia que le roben el teléfono
celular, que saber que su compañera de vida vapulea con frecuencia
a sus hijos, y hasta la apoya argumentando: “Se lo merecen por malportados”.
Cuando alguien comenta que un fulano le dio una golpiza a su esposa, el
aludido después de un rápido ajuste mental replica: -¡A
saber qué le hizo! Pero si comenta que le robaron el vehículo,
contesta: ¡Ya ni las alarmas sirven para protegerse, la culpa es
por la impunidad, etc.!
Otro hecho que no se puede soslayar es que diversas organizaciones que
defienden a los menores y a la mujer, estiman que en un porcentaje mayor
al cincuenta por ciento de hogares salvadoreños, los progenitores
usan la violencia en cualquiera de sus formas (gritos, amenazas, golpes,
etc.), como medio para educar a los hijos.
La violencia intrafamiliar no es un fenómeno nuevo ni privativo
de El Salvador, en los Estados Unidos más de un millón de
mujeres busca asistencia médica al año a causa de vapuleadas
causadas por el esposo o acompañante, y su número por lo
general, sobrepasa a las lesiones originadas en los accidentes de tránsito.
En Inglaterra cerca del 25% del total de crímenes se deben a la
violencia intrafamiliar y en Japón, una investigación reciente
reveló que el 44% de las mujeres son objeto de abusos y algún
tipo de violencia.
En El Salvador FESAL 2,002/2,003, determinó que el 35.8% de las
mujeres casadas o acompañadas había recibido maltrato verbal
o psicológico, el 18% violencia patrimonial, el 19.7% violencia
física y el 8% violencia sexual por parte de la pareja o ex pareja.
Es interesante el hecho que de las víctimas que reportaron violencia
en los últimos cinco años, únicamente el 26.3% buscó
ayuda.
La búsqueda de ayuda en mayor o menor grado se explica por varias
razones, entre las que destacan no saber a dónde acudir, temor
a las represalias, hicieron las paces con la pareja, temor a perder algún
tipo de ayuda material o económica, participación de familiares.
Algunas características de la violencia doméstica en El
Salvador son: El 90% de las víctimas son del sexo femenino, la
edad de la mayoría de las víctimas se ubica entre los 25
y 40 años, en el 87% de los casos la agresión ocurre en
el hogar donde la mujer vive con sus hijos, en el 99% el agresor es persona
conocida allegada a la víctima y a la vivienda, en el 77% el agresor
es la pareja o compañero de vida de la víctima, la edad
de los agresores se encuentra entre los 21 y 40 años, finalmente,
en aproximadamente el 75% son empleados, comerciantes, obreros y desempleados
(Fuente ISDEMU).
Como casi la totalidad de las niñas, adolescentes y mujeres que
sufren lesiones y traumatismos van a parar a la consulta de medicina general,
exceptuando aquellas que por adolecer de problemas más severos
son llevadas directamente a los servicios de emergencia de los hospitales,
es de vital importancia que el personal (médicos, enfermeras y
trabajadoras sociales) de los establecimientos del primer nivel de atención
tanto del Ministerio de Salud como del ISSS, esté debidamente adiestrado
para estar en capacidad de identificar y tratar no sólo las lesiones
físicas y perturbaciones emocionales derivadas, también
el problema en su conjunto para enfrentarlo con enfoque integral.
*Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.

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