The New York Times
CRAIG NELSON
El Diario de Hoy
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DUBAI, Emiratos Árabes Unidos.- La receta para lo que ha terminado por conocerse como “Dubai Inc.” ha sido simple: un líder visionario, nada de impuestos, zonas de libre comercio, mandato autoritario, incesantes lemas, nada de muestras claras de religión y quizás lo más importante, mano de obra barata que viene del extranjero.
Piensen en Dubai como un conglomerado familiar que es dirigido por el jeque Mohammed bin Rashid al-Maktoum como su director ejecutivo o CEO. Desechen la noción de discretos sectores “estatal” y “empresarial”. Aquí, esos intereses casi son idénticos.
Por ejemplo, consideren lo que ocurrió después que el jeque declarara su deseo relativo a ver 15 millones de inversionistas extranjeros en esta ciudad del Golfo Pérsico para el 2010, lo cual equivale a tres veces la suma registrada el año pasado. (Por contraste, 6.8 millones de extranjeros visitaron la Ciudad de Nueva York.)
Conglomerado
Emiratos, la aerolínea paraestatal que administra el tío del Jeque Mohammed, Jeque Ahmed bin Saeed al-Maktoum, se embarcó en una oleada de compras, adquiriendo 45 aviones Airbus A380 súper jumbo y 42 Boeing 777, a un costo combinado de 20,900 millones de dólares. Con el fin de manejar el auge anticipado en el número de pasajeros, está reclutando a 8,000 empleados más para las tripulaciones de cabina.
La autoridad de aviación civil, también supervisada por el Jeque Ahmed, empezó a renovar y expandir el aeropuerto internacional de Dubai que ya es uno de los que tienen mayor movimiento en el mundo -- así como a sumar otro. Costo total: 12,200 millones de dólares.
Si todo lo anterior da la impresión de que la obra de una vieja red de jeques, bien, admite uno de los vicepresidentes de la aerolínea Emiratos, lo es. “El crecimiento de Emiratos y el crecimiento de Dubai son simbióticos. Este crecimiento es planeado, más que coincidental”, destaca Boutros Boutros.
“Dubai Inc.” también debe su éxito a otros factores. Su desarrollo, a un paso más bien peligroso, es alimentado por la renuencia de árabes ricos a invertir en sus propias y sosas economías.
Asimismo, es alimentado por la contradicción religiosa, ya que musulmanes conservadores de otras partes del Golfo Pérsico llegan hasta este lugar en grandes números para comprar apartamentos y abandonarse a la indulgencia de pasatiempos que no practican en casa. El alcohol está disponible ampliamente en hoteles, la prostitución es rampante.
Quizás el aspecto de mayor importancia es que uno de los grandes impedimentos para el desarrollo económico en la región, y en particular Arabia Saudita, la xenofobia, notablemente está ausente aquí. Dubai se autoproclama como un “crisol cultural”, testamento del potencial para que una sociedad plural y multicultural prospere de manera pacífica en Oriente Medio.
Un sólo objetivo
De cualquier forma, los gobernantes de Dubai no tienen intenciones de crear alguna nueva identidad cosmopolita de la gente de cada origen y color que llega en tropel aquí. Más bien, Dubai está compuesta de comunidades fracturadas y segregadas cuyo principal sentido de propósito es ganar dinero.
La amplia mayoría de los 1.4 millones de residentes de Dubai son extranjeros que trabajan con visas de tres años de duración, mismas que el gobierno puede revocar en cualquier momento. Y en cuanto a los derechos de propiedad, los extranjeros son ciudadanos de segunda clase: no pueden ser propietarios de tierras, solamente de las mejoras sobre ella.
Las peculiaridades de Dubai no han disuadido a otros de intentar emularlo. En particular, Katar y Bahrein están expandiendo sus mercados financieros e infraestructura de turismo, junto con aerolíneas para darles servicio a ambos países.
No obstante, Tarek Fadlallah, el director de ventas de acciones preferidas por la sucursal en Bahrein del Banco Nomura de Japón, afirma que no será fácil igual el éxito de Dubai.
“Ellos no pueden reproducir el modelo de Dubai debido al dinero que fluye hasta el interior del país. Ellos no pueden invertir el mismo monto de dinero y obtener los mismos resultados”, asegura Fadlallah.
El vertiginoso paso de Dubai hacia el futuro ha encontrado sus propios e inesperados topes reductores de velocidad.
Como las condiciones laborales para las legiones de trabajadores manuales son pobres, y han dado origen a disturbios entre los trabajadores.
“Mucha gente siente que nuestra cultura está amenazada, pero nadie lo dice en voz alta”, notó Mohammed Roken, abogado y activista por los derechos humanos.
No obstante, esas y otras preocupaciones tienen poca importancia, en parte debido a que en
la raíz de la creciente ambición de Dubai yace una convicción: No hay insurrección tan alarmante en esta región que un poco de terapia al por menor -- o interminables oportunidades de inversión -- no puedan curar.
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