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Daño. Los glaciares andinos se están derritiendo, retrocediendo aproximadamente 100 m por década. Especies que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo son amenazadas. Foto: AP |
THE NEW YORK TIMES
Por Thomas L. Friedman
MACHU PICHU.-
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Es una realidad cotidiana, en particular si hablamos de los residentes del espectacular Río del Valle Urubamba, la cuna de la civilización inca.
Al mirar la puesta del sol desde las ruinas incas en Machu Pichu, es posible dar un giro de 360 grados y ver montañas andinas por doquier. Las más altas de ellas siempre fueron descritas en las guías de turismo como “coronadas de nieve”. Hoy día, están más bien “un poco nevadas”.
Si bien aún tienen nieve, ahora se percibe mucha roca al descubierto a través de muchas de ellas. Si estas tendencias continúan, en unos cuantos años éstas serán descritas nada más como “gris acero”. Los magníficos glaciares andinos se están derritiendo, retrocediendo aproximadamente 100 metros por década.
“Cuando empecé a recorrer las montañas de los Andes hace 30 años, muchas expediciones de alpinistas solían ascender a la cima pasando directamente a través de los glaciares”, dijo mi compañero de viaje, Alfredo Ferreyros, el padre de la industria del ecoturismo en Perú, quien actualmente dirige las operaciones peruanas del grupo Conservación Internacional.
“Actualmente, las expediciones tienen que negociar grietas y mayores riesgos de avalanchas, debido a la inestabilidad en la densidad de la nieve. Eso se debe a cambios en la temperatura y fluctuaciones en la precipitación”.
En la cercanía, en el Sagrado Valle de los Incas, José Ignacio Lambarri, dueño de una granja , también está sintiendo el calor. Él cultiva maíz blanco gigante, cuyos granos eran del tamaño de una moneda de 25 centavos de dólar en otra época.
Este maíz, que se exporta a España y Japón, crece en este valle debido a una combinación única de agua, temperatura, tierra y sol. Con todo, hace cuatro años, me dijo Lambarri, él empezó a darse cuenta de algo: “El nivel del agua está bajando, y la temperatura está subiendo”. Debido a eso, los gigantescos granos de elote no están creciendo tanto como solían, ya aparecieron nuevas pestes y no hay suficiente agua para sembrar las terrazas.
Menos agua
Para muchos estadounidenses, el combate del cambio climático es, en el mejor de los casos, una causa para gente ecologista de buenas intenciones en tanto que, en el peor de los casos, es algo que se debate. Sin embargo, en un país en desarrollo como Perú, donde mucha gente vive sobre la tierra y cerca del límite, el cambio climático no es ni un pasatiempo ni un tema para el debate.
Las reservas de agua del Perú son los glaciares y las áreas cubiertas con un denso manto de nieve en los Andes. Desde que empezaron a reducirse, sin resarcirse, “no sabemos qué presagia el futuro; si hablamos del agua que necesitamos para la agricultura o para beber o para nuestra energía hidroeléctrica”, dijo Ferreyros.
Las plantas y especies animales también están siendo afectadas. La región de los Andes es uno de los focos rojos más mega diversos del mundo, albergando especies únicas de plantas y animales.
Sus bosques tropicales, montañas y terreno diverso crean microclimas que suministran las condiciones idóneas para el hábitat de especies endémicas, las cuales han evolucionado en aislamiento respecto de cada cual. A medida que el cambio del clima modifica las fronteras entre estas zonas, especies que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo son amenazadas y están desapareciendo.
“Países como Perú no sólo sienten más los efectos del cambio climático, debido a que tienen muchas más personas viviendo precariamente de la tierra, agregó, “sino que, aunado a eso, ellos carecen de los recursos necesarios para adaptarse”, dijo Glenn Prickett, uno de los vicepresidentes del grupo Conservación Internacional.
Peor aún, con el fin de aprovechar los elevados precios de la energía, Perú permite más exploraciones de petróleo y gas.
En otras palabras, a falta de una gama diversa de productos para exportar, Perú tiene que alimentar la misma adicción mundial al petróleo que está regresando para perseguirlo en la forma del cambio climático.
Sentado aquí, se puede ver la totalidad del ciclo vicioso en escala mundial en el que estamos – y que tenemos que romper. Con el fin de combatir el cambio climático, necesitamos romper con nuestra adicción al consumo de petróleo, al tiempo que los países en vías de desarrollo necesitan ponerle fin a su adicción a venderlo. Necesitamos un modelo diferente en cuanto al estilo de vida, y ellos necesitan un modelo diferente para el desarrollo.
A menos que nosotros trabajemos en ambos, los “Andes coronados de nieve” existirán más en libros de historia que en las guías turísticas.
—Thomas L. Friedman, prestigioso experto en política internacional y economía, es uno de los periodistas más respetados e influyentes del mundo. Empezó a trabajar en The New York Times como reportero en 1981 y desde entonces ha ganado en tres ocasiones el Premio Pulitzer.

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