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Los jueces, los gays y Da Vinci

No nos dejemos engañar ni sorprender, se ataca a nuestra institucionalidad democrática, a nuestra familia que es la base de la sociedad, a nuestra fe y a la Iglesia Católica.

Publicada 5 de julio de 2006, El Diario de Hoy

Guillermo Guido*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los acontecimientos que se han dado en los últimos 25 años en el país y que las fuerzas izquierdistas siempre calificaron como producto de la “injusticia social”, parece que van tomando la forma de lo que realmente son: una conspiración internacional dirigida a la destrucción y posterior trasformación de las sociedades democráticas, religiosas y conservadoras. Para comprenderlo mejor, nos enfocaremos sobre lo que acontece en nuestro país.

Con la llegada de los famosos Acuerdos de Paz, apareció un verdadero ejército de observadores, analistas, asesores y consultores, que respaldados por las Naciones Unidas, se dedicaron a “supervisar y a recomendar” cómo debían de redactarse y aplicarse las nuevas leyes y normativas, que regirían los nuevos Código Penal y Procesal, que crearon todo un ámbito de impunidad para los delincuentes y para “los menores infractores”, que en el futuro serían los líderes de pandillas y maras.

Como una medida radical para enderezar esta situación, el Minis-terio de Gobernación está solicitando una verdadera reforma de las leyes penales, acompañada de una depuración de jueces corruptos o incapaces.

La reacción de algunos jueces es la de costumbre, en lugar de reconocer la enorme culpabilidad que tienen en el incremento de la criminalidad y de la impunidad en el país, se muestran ridículamente “indignados” y tratan de buscar responsables en quienes limpiarse.

Pero ahora la cosa al fin va en serio y parece que la Corte Suprema de Justicia ya no podrá esgrimir más argumentos para defenderlos y arriesgarse a recibir también el repudio del pueblo en general.

Mientras tanto hemos visto en otras partes del mundo (especialmente en países desarrollados con gobiernos socialistas), cómo el movimiento de homosexuales y lesbianas ha ido obteniendo apoyo de políticos intelectuales y principalmente de la ONU, por medio de su organización CEDAW, al punto de lograr que se emitieran leyes que autorizan matrimonios entre ellos y otros privilegios dentro de sus derechos civiles, que vulneran en especial a la familia y a la mujer en su sagrada misión de madre.

Ahora se comienza a hablar de eso aquí y ya aparecieron los gays haciendo marchas y manifestaciones apoyados por los izquierdistas de siempre. ¡Qué desfachatez! Ahora nuestros hijos y nietos serán testigos de estas escenas y además estarán siendo influenciados en sus mentes sobre lo “natural” que es ser maricón o lesbiana.

Para los que no se han dado cuenta, el movimiento de las feministas y de los homosexuales, inicia su ofensiva cuando comenzó la tontería de diferenciar el “sexo” del “genero” y de llamar a las mujeres en forma específica; se comenzó a decir “los diputados y las diputadas”, los médicos y las médicas, los jueces y las juezas, etc., hasta llegar a utilizar el símbolo de la computación “@” para separar a unos de otros, y todo con la dirección y beneplácito de la ONU.

Pero lo más descarado y aterrador dio inicio en la pasada Semana Santa (¿qué casualidad verdad?), cuando se anunció el estreno de la película “El Código Da Vinci”, promocionado además en televisión por cable, con producciones sobre la filmación y la “investigación científica” realizada, para comprobar la tesis planteada en el libro y en la película, que quiso demostrar de la forma más pusilánime que Jesucristo tuvo una mujer a quien embarazó.

Como si eso fuera poco, también se transmitieron en todo el mundo, otras producciones como “El Evangelio de Judas” y otros programas con versiones confusas sobre “Las Cruzadas” y “Los Templarios”. Ultimamente están anunciando otra película a estrenar, “Corpus Cristi”, que llega al colmo de la blasfemia hacia nuestro Señor.

Entonces, este ataque es directo hacia nuestra fe, denigran directamente a Dios y a la Iglesia Católica. Un futuro ataque mundial será en contra de la dignidad del Papa, de eso no me cabe ninguna duda.

No nos dejemos engañar ni sorprender, se ataca a nuestra institucionalidad democrática, a nuestra familia que es la base de la sociedad, a nuestra fe y a la Iglesia Católica, que durante siglos se ha opuesto férreamente a las corrientes totalitarias, ateas y antibíblicas.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

 

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