Luis
Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El 27 de mayo de 2003, dos diputados del partido de oposición,
presentaron a la Asamblea Legislativa una pieza de correspondencia en
la que exponían lo siguiente: “Que conocemos que en nuestro
país, en el departamento de La Unión, se ha instalado una
planta y puerto de la empresa española Calvo, S.A. de C.V., que
realizará actividades de procesamiento y extracción a gran
escala de atún en nuestras costas (...).
Vemos con mucha preocupación que nuestras costas sean explotadas
de las diferentes especies marinas por empresas transnacionales y que
nuestros pescadores artesanales sean los más afectados (...).
Y es por lo antes expuesto que mocionamos (sic) a este pleno legislativo
solicite a través de la Comisión de Protección al
Medio Ambiente y Salud Pública: El estudio de impacto ambiental
al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales; al titular de la
obra (Calvo, S.A. de C.V.), el correspondiente plan de manejo ambiental;
a los titulares de Cendepesca, los criterios que tomaron para autorizar
a esta empresa para extraer atún de nuestras costas”.
Resulta irónico que quienes estaban preparando una ofensiva para
impedir la instalación de esta inversión en el país
y de muchas otras más, y quienes se han opuesto de manera sistemática
a la apertura comercial, como fue el caso del Tratado Comercial con los
Estados Unidos, ahora son los más beligerantes defensores de las
empresas, de su seguridad jurídica, de los empleos que se perderán
ante el eventual retiro de esta última y de los beneficios arancelarios
que otorga la Unión Europea a los países beneficiados por
el Sistema Gene-ralizado de Preferencias; ahora defienden la exención
de aranceles y son expertos en las preferencias que otorgan los Tratados
de Libre Comercio.
Asimismo parece ser que el debate sobre la libertad sindical en El Salvador
se iniciará con la ratificación de los convenios 87 y 98
de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Nada más
alejado de la realidad. Nuestra Constitución ya establece estos
derechos para los trabajadores de la empresa privada y los de las instituciones
oficiales autónomas, ejemplo de estas últimas son CEL, CEPA,
ANDA, el ISSS entre otras.
En cada una de ellas hemos tenido la existencia de sindicatos (STISSS
y SIMETRISSS por ejemplo) y la negociación de contratos colectivos
en los que se han incorporado el resultado de los acuerdos entre patronos
y trabajadores, en especial en lo que se refiere a los aumentos de salario
y prestaciones sociales, así como a las medidas relativas al horario,
permisos personales, vacaciones, etc. La empresa privada no es la excepción,
pues existen sindicatos y se negocian contratos colectivos, por ejemplo
en el sector de la construcción.
No podemos dejar de mencionar que las mayores organizaciones de trabajadores
que existen en el país, son las del sector público. ANDES
21 de Junio (en Educación), ASTOJ (en el Organo Judicial), la Asociación
de Enfer-meras de El Salvador y la de Médicos del Ministerio de
Salud, así como las asociaciones de trabajadores municipales, son
sólo algunos ejemplos; en la mayoría de entidades públicas
los trabajadores se encuentran organizados, defendiendo sus derechos y
sentándose constantemente con los titulares para negociar aumentos
de salarios o el pago de escalafones, en el caso que por ley tengan derecho
a dicho sistema.
La discusión sobre la constitucionalidad o no de la ratificación
de los convenios de la OIT y el desarrollo de dicha regulación
en la legislación secundaria (Código de Trabajo, Ley del
Servicio Civil, Ley del Sistema de Administración Financiera del
Estado, entre otras), no es una mera excusa para evitar la ratificación
de dichos instrumentos jurídicos internacionales; como país
hemos ratificado la mayoría de los convenios, incluyendo seis de
los ocho fundamentales de dicha Organización, entre los que destaca
el que se refiere a la eliminación de las peores formas de trabajo
infantil, donde somos ejemplo a nivel mundial en la implementación
de programas orientados a la erradicación de este flagelo.
De lo que se trata es de actuar con responsabilidad, de encontrar un equilibrio
entre los derechos de los ciudadanos y de los trabajadores; así
lo han hecho la mayoría de países en América Latina
y Europa, que han ratificado estos convenios (véase en la Internet
las constituciones de Ecuador, Chile, Paraguay, Co-lombia, España,
Grecia, entre otras, y la forma en que se regula la prohibición
de los sindicatos en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional
Civil, así como la negativa a permitir la huelga en servicios esenciales
como la salud, la educación, el agua).
Sin duda que estamos caminando hacia la solución de esta coyuntura,
convencidos que el país debe insertarse en una realidad internacional
en la que además de procurar el involucramiento de nuestra empresas
en la economía mundial y la seguridad jurídica de los inversionistas
locales y extranjeros, avancemos también en el respeto a los derechos
considerados como fundamentales por parte de organizaciones como la OIT.
Este paso se dará por convicción y no por una simple fachada
donde ahora se propugna por la seguridad de las transnacionales, cuando
años atrás se quiso evitar su llegada y donde quizás
lo que se busca es encontrar una herramienta más para desestabilizar
al país.
*Secretario de Asuntos Jurídicos y Legislativos de la Presidencia
de la República.

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