
Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La ideología liberal y la ideología marxista son las fuerzas políticas predominantes en la actualidad, a pesar de que tienen dos siglos de existencia, aproximadamente. Tratar de compararlas y contrastarlas ahora no sólo resulta oportuno, sino también necesario porque la sociedad se encuentra enfrentada entre ambas ideologías.
Además, existe mucha confusión sobre sus valores filosófico-políticos y la manera de aplicarlos. Para aclarar esta confusión necesitamos una filosofía crítica y creadora, no repetitiva y catequística, como la que se enseña en nuestras universidades, en busca de claridad y certeza.
La filosofía es el mejor modo de conocimiento para enjuiciar la educación oficial enajenante, los mitos de nuestra historia, los discursos políticos mentirosos, el Estado de Derecho y los proyectos de nación que se presentan como verdades absolutas, pero que no responden a la realidad del pueblo salvadoreño, como expresaba Ignacio Ellacuría. Tam-bién necesitamos ciencia y tecnología propias, no maquiladas y atrasadas, para que saquen al país del subdesarrollo.
Los marxistas dicen que su ideología es la verdadera porque aboga por la justicia, la equidad y la igualdad. Y los neoliberales, por su parte, que es la de ellos porque sustenta los valores de libertad, confort y riqueza. Como desde hace ya mucho tiempo esto y en la vejez incrédula, desconfío de las verdades absolutas o “totalizadoras de la historia”. En la historia no existen leyes que conduzcan a paraísos terrenales, como creía Marx y sigue creyendo la izquierda “sectaria y parapléjica”, como la llama el Dr. Roberto Rubio.
Tras el fracaso del socialismo real --caída del Muro de Berlín, en 1989; desintegración del socialismo soviético, en 1991 y la crisis crónica de la economía cubana--, muchos creyeron equivocadamente --yo entre ellos-- que sólo quedaba el neoliberalismo y que, por consiguiente, había llegado el fin de la historia. No menciono a China porque es un modelo híbrido muy complejo, ya que dentro de su economía estatal, adoptó la economía de mercado.
Este modelo lo estableció Deng Xiaoping, lo continuó Jiang Zemin y, lo está consolidando el actual presidente Hu Jintao. La reforma económica tuvo como fin privatizar los negocios estatales y permitir la propiedad privada. Dicha reforma de corte neoliberal, ha convertido a China en una potencia económica mundial y ha sacado a 400 millones de sus habitantes de la pobreza.
La disputa entre izquierdas y derechas domina la escena política latinoamericana, como lo confirma la cantidad de comicios efectuados durante los últimos 18 meses.
Ha habido elecciones en Honduras, Bolivia, Chile, Costa Rica, Haití, México y Colombia y, próximamente, en República Dominicana, Ecuador, Brasil, Nicaragua y Venezuela. Unos partidos se denominan socialistas, socialdemócratas y democristianos y otros, liberales, nacionalistas liberales y neoliberales. Pero a pesar de los diversos matices, se puede decir que Latinoamérica sustenta el sistema democrático y la economía de mercado, con la única excepción de Cuba.
La “realpolitik” ha obligado a muchas izquierdas a moderar sus políticas, como en los casos de “Lula” da Silva, Tabaré Vásquez, Michelle Bachelet y, últimamente, Alan García. En lo que respecta a Bolivia, Evo Morales se ha comprometido a respetar la propiedad privada, aunque todavía hay mucha incertidumbre, y el candidato presidencial de la coalición izquierdista Andrés Manuel López Obrador, de México, ha expresado que no hará “cambios estructurales”, si accede al poder.
Con base en las razones expuestas considero que el pronóstico relativo a que Latino-américa se desliza, democráticamente, hacia el socialismo, carece de fundamento. Es posible que la “praxis social”, el criterio de verdad del marxismo, no lo avale. Pues la historia ha demostrado su ineficacia y deficiencia como modelo económico.
*Columnista de El Diario de Hoy. carlos_sando1@yahoo.com

|