
Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El “balance de pagos” es uno de los conceptos más simples de la ciencia económica en general, y del comercio internacional en particular, pese a lo cual es paradójicamente objeto de permanentes (y nada inocentes…) manipulaciones semánticas.
¿De qué se trata? Contraria-mente a lo que con frecuencia escuchamos, el balance de pagos no es un estado contable que refleje las “pérdidas o ganancias del país”, sino apenas un registro estadístico (y nada más que eso), que resume las transacciones económicas efectuadas entre personas residentes en el país, con personas residentes en el resto del mundo (¿capite?)
Son residentes de un país tanto las personas físicas que viven en él, independientemente de su nacionalidad, como las personas jurídicas, también llamadas empresas, allí radicadas.
En síntesis, el balance de pagos es el total de dinero que entra a un país desde el exterior, menos el total de dinero que sale desde ese mismo país en determinado período, que usualmente es un año calendario.
¡Ah!, ¿eso era? (se terminó el misterio). A su vez, y siempre manteniendo en el radar que sólo se trata de un registro estadístico, el balance de pagos suele desdoblarse en “balance de cuenta corriente” y “balance de capital” (calmo, per favore).
Ocurre que ambos conceptos son muy fáciles de comprender, siendo fundamental que usted no se deje impresionar por tales tecnicismos…, pues muy probablemente la verdadera intención de quienes los utilicen (con solemnidad, ¡claro!), no sólo sea apantallarlo con la sapiencia (¡ohh!), sino convencerlo de la gravedad de un problema… inexistente (¡oops!). ¡Desbalance!, le dirán con el ceño fruncido (occhio).
Muy bien, pero ¿qué incluye cada uno de los citados componentes del balance de pagos?
El “balance de cuenta corriente” incluye el “comercio visible”, como son las importaciones y exportaciones de mercaderías; el “comercio invisible” (no confundir con el hombre invisible), como son las transacciones internacionales de servicios bancarios o de publicidad; las “transferencias privadas”, como son las remesas familiares, y finalmente también hay que agregar ciertas “transferencias oficiales”, como por ejemplo la ayuda internacional.
Por su parte, el “balance de capital” incluye los “flujos de capital de largo plazo”, como es el dinero invertido en el país por firmas extranjeras (sólo las del año que estemos analizando, ¿eh?), así como también los “flujos de capital de corto plazo”, que están usualmente relacionados con inversiones financieras.
¡Ah!, es muy posible que usted también escuche hablar del “balance comercial”, el cual es simplemente la parte del balance de cuenta corriente que se refiere al “comercio visible”: importaciones y exportaciones de mercaderías. Y también es muy posible que le digan que el balance comercial “tiene que ser positivo, porque si no, estamos mal” (usted sólo sonría…, porque eso es falso). Y pídales que se lo demuestren.
Para lo cual deberán convencerlo que a usted le conviene gastar el pisto pagando caras las mismas cosas que podría comprar más baratas si fuesen importadas (dudo que lo convenzan…).
Como conclusión, al balance de cuenta corriente, uno de cuyos componentes es el balance comercial, hay que sumarle el balance de capital para obtener el famoso balance de pagos.
Y, ¿sabe qué?, el “balance de pagos” siempre cierra conceptualmente en cero: si el balance de cuenta corriente es negativo, el balance de capital tendrá que ser positivo por un monto similar.
¿Por qué? Porque el mundo es ingrato, y si no pagamos no nos venden…, siendo en última instancia irrelevante si el dinero con el cual pagamos las importaciones había entrado por exportaciones de mercaderías, por ventas de servicios al exterior, por inversiones recibidas o por remesas familiares.
¿Ejemplo? En la página web del Banco Central de Reserva de El Salvador, podrá ver que el balance de cuenta corriente de 2005 fue negativo en 800 millones de dólares, mientras que el balance de capital fue positivo en 800 millones de dólares.
Tal como menciona el libro “Essential Economics”, publicado por la revista The Economist, cada vez que le hablen de “crisis del balance de pagos”, la frase estará teñida de intereses políticos o sectoriales. ¿De qué color?
De “El color del dinero”, como la película de Paul Newman y Tom Cruise. Porque como cantaba Cyndi Lauper, “Money changes everything”.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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