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La Nota del Día
Ricos de todo tamaño compiten para servir

Hay cien establecimientos de comida rápida que se desviven en sus ofertas y precios, muchísimos los almacenes que venden electrodomésticos, más de cien supermercados que quieren abastecernos de alimentos

Publicada 4 de julio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La forma más efectiva de poner bajo control “la voracidad de los ricos” y aprovechar su eficiencia, su capacidad para crear riqueza, su empeño y fuerza de trabajo, es a través de mercados libres, lo que genera competitividad y muchísimas opciones para los consumidores. Al hablar hace unos días sobre los fantasmas que mira la “YS-curas de sotana roja”, señalamos que la ley de la vida es crecer o sucumbir, lo que se aplica al mundo de la producción: no existen conjuras efectivas para mantener arriba empresas que han perdido su capacidad de innovar. Los líderes empresariales de hace cien o cincuenta años desaparecieron en su mayor parte.

La alternativa política a “ricos voraces” son burócratas no sólo más voraces, sino ineptos, proclives a la corrupción y siempre débiles frente a tentaciones totalitarias. Los salvadoreños tenemos los más tristes ejemplos de cómo las cosas empeoran cuando se dejan de manejar en competencia, para ser manipuladas burocráticamente. Sólo recuérdese el desastre nacional causado por las regulaciones y la intervención de los duartistas en la economía.

¿De dónde los beneficios que acarrea la competencia? Cuando hay un único rico voraz, como el dictador Ceacescu en Rumanía o Fidel Castro en Cuba, todo se acomoda de acuerdo a los deseos, caprichos y truculencias del carnicero en el poder. En esas desgraciadas sociedades, al trabajador se le asigna un empleo sin posibilidad de cambiarlo, como al comprador de los mendrugos que dispensa el régimen no le queda otra alternativa que la tienda que le toca en la barriada.

¿Se ha puesto a pensar, estimado lector, lo que sería su vida si en esta tierra existiera un único empleador, sin esperanza de cambiar?

Muy distinto es cuando “son muchos los ricos, los no tan ricos, los modestos ricos y los aspirantes a ricos” quienes se disputan el privilegio de servir a los consumidores, ganar su preferencia y en tal manera acumular sin límites sus ganancias.

La voracidad avanza hasta topar con otra

Esa situación la vivimos a diario: hay cien establecimientos de comida rápida que se desviven en sus ofertas y precios, muchísimos los almacenes que venden electrodomésticos, más de cien supermercados que quieren abastecernos de alimentos, incontables zapaterías con modelos de los más diversos y a precios atractivos, numerosos los centros de mercadeo, comenzando por los que están camino a Santa Tecla. Estos negocios emplean a decenas de miles de empleados, a los que se suman los centenares de miles, más bien millones, que laboran en empresas de toda clase, grandes, medianas y chicas. Dice mucho que son las MYPES las que más gente emplean, lo que contradice la falsedad de que “los ricos” acaparan todo.

Pero además hay que considerar otro hecho: que los “voraces ricos” en esta tierra tienen que competir contra ricos de la China, de Europa, de Norteamérica, de nuestra propia región. Los fabricantes de ropa se enfrentan a las importaciones provenientes de la China (elaboradas por manos que no son salvadoreñas) y los chinos ya sufren la competencia de los hindúes.

Lenín aconsejó a sus secuaces “avanzar con la bayoneta calada hasta que se encuentre acero”; muy voraces pueden ser los ricos pero al avanzar muy pronto topan con el acero de la competencia de otros ricos.

 

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