Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
 |
|
Incierto. Don Pablo tiene tres años de lustrar calzado en la entrada del mercado San Miguelito. Foto: EDH |
Pablo vásquez, lustra botas
Vive con menos de $1 el día
Si la vida de por sí ya es difícil para don Pablo Vásquez, a partir de hoy lo será mucho más.
Para pagar la tortilla con queso que se come por la mañana y otro tanto de la misma ración al medio día, “porque no hay para más”, es toda una odisea para este octogenario que viaja desde Santiago Texacuangos al mercado de San Miguelito a lustrar zapatos.
Según sus cuentas que hace en colones, cobra tres pesos ($0.34) por lustrar el calzado de hombre y cincuenta centavos de colón por el de mujer ($0.06).
En el día hace “una o dos lustraditas”, que le dejan una ganancia aproximada de seis colones, o sea $0.69 y a veces, “no le sale nada”.
Para trasladarse del mercado al lugar donde vive de posada y viceversa, debe abordar dos buses. Para reducir el costo de los pasajes camina todos los días desde el centro de abastos de San Miguelito hasta el ex cine Plaza, en el centro de San Salvador, para abordar la Ruta 21 que lo lleva directo a Santiago Texacuangos.
Reconoce que son varias cuadras las que a golpe de zapatos ya desgastados por el tiempo tiene que recorrer, pero está consciente que de no hacerlo así, no podría ni comerse las tortillas con queso que le ayudan a seguir viviendo.
“Nosotros no quisiéramos que le aumentaran al pasaje, pero qué le vamos a hacer”, dice resignado. Prefiere ni pensar en cuánto subirá la tarifa, porque de todas formas cuando no gana lo suficiente para cancelar los $0.28 del bus, se queda a dormir en los portales, frente al parque Libertad.
“Cuando ya no pueda venir por lo caro del pasaje, aunque sea de cortar cualquier palito voy a ganar para comer”, expresa, afrontando con una sonrisa su incierto destino.
Blanca de mejía, ama de casa
“A veces no van al Instituto
El alza del pasaje, que se hará efectivo hoy, motivó a los habitantes de varias comunidades del cantón El Limón, de Soyapango, a exigir al Viceministerio de Transporte a que cumpla con la promesa de hace dos años, de autorizar una ruta que viaje desde esa zona hasta el centro de San Salvador.
 |
|
Blanca de Mejía, está triste .Foto: EDH |
Las hijas de Blanca de Mejía estudian sólo tres días a la semana, porque no siempre tiene los $4 diarios que gastan en pasajes. Con el aumento dice que serán $6 al día. Al recordar los reclamos de la directora por la ausencia de las niñas, mira hacia otro lado para ocultar sus lágrimas.
De allí su reclamo, ya que la ruta 49 es la única que pasa por el sector y sólo llega al centro de Soyapango.
El esposo de Blanca gasta $3 porque trabaja fuera de San Salvador. Igual situación les toca a cerca de 30 mil familias, las que en su mayoría laboran en las maquilas de Olocuilta,La Paz y en el Plan de La Laguna, La Libertad.
Eulalia santos, vendedora
“Ya no vendré al mercado”
Los majonchos, los “puchitos” de ejotes, lorocos y yuca que se trae desde San Martín, no siempre los vende en el interior del mercado de San Miguelito.
 |
|
Eulalia Santos, de 77 años. Foto: EDH |
Para ajustar los $6 con qué pagar lo invertido y llevarse unos centavos de ganancia con los que ayuda en su casa para comprar una “librita de arroz o de azúcar, o lo que haga falta”, vende lo que le sobra gritándolo en las afueras del mercado.
“Pues... no sé como voy a hacer”, contesta la niña Eulalia a la pregunta sobre el alza del pasaje. Hasta ayer, sabía que debe apartar $1.75 diarios para las tarifas, una para San Martín y otra para San Pedro Perulapán, de Cuscatlán, pues es el que la deja más cerca del cantón San Francisco Candelaria, lugar donde vive.
Los dedos no le alcanzan para hacer sus cálculos financieros, pero al final llega a la conclusión de que si ya no puede viajar tendrá que resignarse a quedarse en su casa.
De los $6 que vende a diario, le resta lo del bus, ($1.75 sin el aumento), más lo de la señora que le fía la verdura, después de eso, sólo en su memoria se menciona cuánto le queda, pero por su expresión la cifra no es nada agradable.
Aunque la mejor opción no es quedarse en casa, después de 40 años de llegar a vender al mercado de SanMiguelito, lo decide cuando reflexiona que los últimos $2 que comercializa en las afueras del centro de abastos al final del día y a duras penas, “porque la venta está mala”, tendrá que dedicarlos a pagar pasajes de autobús.
Al menos a la niña Eulalia su familia le ayuda. Su compañera de al lado no puede decir lo mismo.

|