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Mafia blanca pagaba a jueces y militares

Arrestos. Una veintena de personas, entre ellas seis policías y el jefe de la red de contrabando, están bajo arresto. Según la investigación, la red sobornaba a funcionarios para traer queso ilegalmente


Publicada 1 de julio de 2006 , El Diario de Hoy

J. Beltrán/k. molina/G. varela
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El queso contrabandeado era cubierto, a veces, de heces de res, formalina o arena, según la indagación Foto: EDH

Una red de contrabandistas de queso nicaragüense que sobornaba a policías, militares y jueces de la zona oriental fue desbaratada entre el pasado miércoles y jueves, según informaron ayer la Fiscalía y Policía.

Entre los 24 detenidos figuran seis policías de la División de Finanzas y el supuesto líder de los contrabandistas, Abel Antonio Hernández Castillo, a quien las autoridades le incautaron documentos que les indican el pago de sobornos a cinco jueces y a un magistrado de la zona oriental y a miembros de la Fuerza Naval de la Capitanía del Puerto de La Unión.

Según el director de la policía, Rodrigo Ávila, y el fiscal Rodolfo Delgado, la investigación comenzó en abril de este año determinando que el ingreso de quesos lo hacían por puntos fronterizos simulando que el producto era de calidad garantizada, para lo cual le pegaban viñetas falsificadas.

Sin embargo, la forma más usual del trasiego ilegal era a través de las aguas del Golfo de Fonseca teniendo como punto de partida el puerto Potosí, de Nicaragua, y como puntos de arribo, varias playas del litoral del oriente del país.

Según la investigación, desde el 2004, Abel Hernández ha estado yendo a Nicaragua a comprar directamente a productores artesanales de queso y cuando reunía grandes cantidades de marquetas, las llevaba a la aduana portuaria de Potosí.

De los camiones hasta la mesa

Hasta ese puerto viajan lancheros salvadoreños contratados por Abel Hernández para trasladar el queso hacia playas salvadoreñas como El Tamarindo, El Cuco, El Espino, entre otras.

Eran lanchas rápidas y con bastante capacidad de carga. Cinco lancheros, que trabajaban para Hernández, también figuran entre los detenidos.

Puesto el queso en territorio salvadoreño, lo trasladaban en camiones hacia las bodegas o parqueos de donde era distribuidos a comercios formales, incluyendo puntos de ventas reconocidos en los mercados municipales.

En el afán de evadir impuestos, el queso era trasladado en camiones untados de excremento de ganado o formol, un químico utilizado en la preparación de cadáveres para retardar su descomposición. Otras veces lo trasladaban en camiones en los que, aparentemente, se fletaba arena.

Esto agravaba las deficiencias sanitarias que el queso traía desde su punto de origen. Pero al final ese queso llegaba a los escaparates de supermercados con un envoltorio amarillo, según lo dijo ayer Rodrigo Ávila.

 

Policías, jueces y soldados

El pago de sobornos a funcionarios y empleados gubernamentales salvadoreños comenzaba desde que el queso contrabandeado rayaba las aguas territoriales.

Los seis policías capturados achacan su arresto a una “trampa” de sus superiores Foto: EDH

Abel Hernández anotaba en su agenda cada dólar que pagaba en su negocio.

Así, la supuesta alcahuetería de miembros de la Fuerza Naval le costaba 300 dólares; a los diferentes retenes con que se tropezaba en las carreteras les daba entre 250 a 400 dólares.

Incluso, un documento revela que a agentes de la Policía de Finanzas de San Salvador le dio mil 200 dólares. El dinero entregado a los policías era recibido por el encargado del retén.

Según la indagación, la banda conseguía la complicidad de los policías porque en la red había dos ex policías, que eran los encargados de infiltrar a la institución.

En cuanto a los jueces, las autoridades han recopilado indicios de la agenda de Hernández, que son apuntalados por un informante, que a estos les pagaban cada vez que algún cargamento caía en decomiso.

Por ejemplo citan las autoridades que el 27 de febrero de 2005, en la playa El Icacal de La Unión, fueron detenidos Gerber Armando RoqueCruz y Juan José Roque Tobar con 245 marquetas de queso.

Tres días después, el juez de Intipucá había liberado a los dos capturados y entregado la mercancía.

Curiosamente, dicen, en la agenda de Hernández aparece anotado la entrega de 2,500 dólares a un juez. El informante les ha dicho que es el juez de paz de Intipucá.

El 2 de mayo de 2005, hubo otras dos capturas y el decomiso de 220 marquetas en Chirilagua,San Miguel. Ese mismo mes, según las autoridades, Hernández pagó tres mil dólares al juez de paz de ese municipio, dijo la Policía.

Por ese mismo caso, un magistrado de oriente habría recibido dos mil dólares, aunque no se especifica el nombre ni el “favor” que éste habría hecho.

Hernández y varios de sus supuestos cómplices han sido arrestados en varias ocasiones por contrabando de mercadería y han logrado salir con todo y queso.

Pero esta vez, las autoridades aseguran que la investigación está sustentada, entre otras cosas, por un informante y por el trabajo de agentes encubiertos aprovisionados de cámaras y micrófonos ocultos que permitieron cazar a Hernández.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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