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Mansión. Bush le regaló una rocola a Junichiro
Koizumi, quien es fanático del “Rey del Rock”.
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El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, cumplió
ayer uno de los sueños de su vida: visitar “Graceland”,
la mansión del “rey del rock”, Elvis Presley, en Memphis
(Tennessee), a donde viajó con George W. Bush.
Acompañados por Priscilla, la viuda del mítico cantante,
y la hija de ambos y heredera universal Lisa Marie Presley, el primer
ministro nipón no dudó en hacer de las suyas por el amor
de su cantante favorito como cantar y hasta imitar sus movimientos.
Todo ello forma parte del regalo de despedida que Bush ha querido ofrecer
a uno de sus más firmes aliados, y uno de sus mejores amigos en
el mundo, antes de que deje su puesto de primer ministro en septiembre
próximo.
Sueño
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Turistas. Bush y Koizumi observan el “Salón de la
jungla”.
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Tras un día de conversaciones sobre Irak, Irán, Afganistán
y Corea del Norte, y una pomposa cena de gala, el punto culminante se
produjo al llegar a “Graceland”.
Allí, en la conocida como “Sala de la Jungla”, Koizumi
se desmelenó, se puso unas gafas “elvisianas”; imitó
la manera de tocar la guitarra de su ídolo y entonó las
primeras estrofas del “I want you, I need you” (Te deseo,
Te necesito).
Además se permitió el gesto de poner el brazo sobre los
hombros de Lisa Marie Presley y entonó el famoso “Hold me
close, hold me tight” (sosténme cerca, sosténme fuerte).
El primer ministro japonés reconoció que fue “un sueño
hecho realidad”.
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Sueño. Koizumi, Priscilla y Lisa Marie Presley con los
Bush.
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Durante el paseo por la mansión de Elvis, ambos mandatarios no
fueron distintos a los miles de turistas que la visitan a diario. No vieron
ni su habitación ni el baño, pero sí vieron lo que
la mayoría ve: la “Sala de la Jungla”; el sofá
blanco de cuatro metros y medio del salón, sus innumerables discos
de oro y sus estrambóticos trajes.
Tras la visita, ambos mandatarios se dirigieron a un restaurante de Memphis.
donde degustaron unas buenas costillas a la barbacoa, un manjar típico
de la zona que, seguramente, sorprendió a Koizumi.

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