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El carrusel del pesimismo

El carrusel del pesimismo siempre está en movimiento. Afortunadamente, aún hay en el mundo
más optimistas que pesimistas. Hay que tener cuidado pues si la balanza se invierte nos irá muy mal

Publicada 1 de julio de 2006, El Diario de Hoy


José María Sifontes*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En una noticia publicada el 8 de mayo por El Diario de Hoy se lee: “Danés crea método de filtración de agua”. El dispositivo llamado “Lifestraw”, permite tomar agua directamente de las fuentes naturales como ríos o pozos, cuesta menos de cuatro dólares, puede filtrar hasta 700 litros de agua y dura de seis meses a un año.

En muchos países del tercer mundo, donde la gente toma agua directamente de las fuentes, muchas contaminadas, este aparato tendría incalculables beneficios, el mayor de ellos la prevención de infecciones gastrointestinales, uno de los problemas de salud pública más graves de estos países.

Más adelante en la nota aparece un comentario sobre el invento de un vocero de una organización llamada “WaterAid”, quien se mostró cauteloso y opinó que “Lifestraw” era una buena idea pero que no necesariamente va a cumplir su propósito. El vocero dijo (cito textualmente): “El dispositivo parece barato para usted o para mí, pero en muchos países pobres la gente gana menos de un dólar al día y con eso tienen que alimentar a sus familias”.

Traigo esta noticia a cuenta para ejemplificar uno de los mayores problemas con los que nos enfrentamos hoy día. Es tan común que podría considerarse un mal endémico. Es el pesimismo. La dichosa manía que se tiene de ver el lado negativo de todas las cosas. No puede crearse nada, no puede construirse nada, no puede pensarse en ningún proyecto sin que aparezcan grupos de personas que de entrada lo desestimen, hagan sobresalir lo negativo y siembren la duda. Esa actitud perniciosa conduce directamente al desfiladero.

En el caso del invento citado una actitud más positiva hubiese sido pensar: “De-masiado bueno para ser cierto”. La cautela debió haber girado en torno a la efectividad del invento, no en la idea de que casi nadie lo va a poder comprar. El vocero de “WaterAid” no vio el potencial del invento, sólo su lado negativo.

No conozco el producto y por tanto no sé de su eficacia. Pero imaginemos que sí funciona y que hace todo lo que su inventor dice. Desde cualquier punto de vista sería maravilloso, incluso en su precio. No existen, al momento, dispositivos de filtración efectivos de agua que sean tan simples y cuesten tan poco. Antes de pensar en los que no lo pueden comprar debería pensarse en quiénes si lo pueden comprar y en cómo hacerlos accesibles a los que no tengan en sus manos el dinero. Es cuestión de actitud.

Formas de pensar y de percibir como las del vocero de “WaterAid” desafortunadamente no son raras. Es como si una epidemia de pesimismo fuera invadiendo la mente de grupos completos. Con esa percepción, con esa falta de valor, jamás se hubiese conquistado la luna, no se hubieran inventado los aviones y no se hubiera explorado el fondo del mar. Estaríamos aún en la Edad de Piedra.

Una idea conduce a otra así como un invento lleva a otro. Las cosas van perfeccionándose y así se progresa. Pero para que la secuencia se dé hace falta una dosis de optimismo que impulse la voluntad. Pensemos un momento en los primeros celulares. Si, cuando estos aparatos costaban quince mil colones, alguien hubiera pensado: -“No, demasiado caros, inaccesibles”, y si esa actitud pesimista hubiera prevalecido, ahora nadie tuviera celulares.

El carrusel del pesimismo siempre está en movimiento. Afortuna-damente, aún hay en el mundo más optimistas que pesimistas. Hay que tener cuidado pues si la balanza se invierte nos irá muy mal. Como cultor del optimismo creo que esto no sucederá, pero hay que estar atentos. Aunque no ganarán la guerra puede que ganen algunas batallas.

El destino de un país depende más de la actitud de los ciudadanos que de la suerte o las oportunidades. La oportunidades en manos de pesimistas son ceros a la izquierda. Alguien dijo que el subdesarrollo es un problema mental. Tenía mucha razón. La economía, por ejemplo, depende mucho de las percepciones, y las percepciones son productos mentales.

Acabo de leer otra noticia, esta vez por la Internet. Un científico ciego del MIT ha inventado un aparato que permitirá ver letras y estructuras grandes a personas ciegas que todavía mantienen áreas sanas en la retina. Sin ser ciego la noticia me alegra, aun cuando no podría comprar el aparato de quedarme ciego. ¿Qué piensa usted? Dirá, como los optimistas: “qué excelente invento”, o como los pesimistas: “lo malo es que todo se mira en blanco y negro”.

*Médico Psiquiatra y columnista de El Diario de Hoy. jsifontes@elsalvador.com

 

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