
Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
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La fiebre del mundial, esa extraordinaria fiesta deportiva que se da cada cuatro años y que tanto disfrutamos cientos de millones de personas alrededor del mundo, podría estar soslayando el actual debate que como sociedad requerimos, ante la oleada criminal que nos azota, la cual, si bien no es exclusiva del país, vaya que dramáticamente nos golpea.
En cierta forma, creo que hay similitud en lo que a ecuación política respecta, con la que había en 1989 cuando asumió Alfredo Cristiani la Presidencia de la República. Necesitamos que crezca la economía, pero a pesar del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, que tan buenos resultados está dando y a venir haciendo “la plana” de manera sostenida ya en el tiempo, la situación de violencia es un detente para la inversión, tan necesaria para la generación de puestos de trabajo, que es la mejor política social que existe para combatir la pobreza.
En 1989, con las lógicas diferencias del contexto y fuera del drama humano y social que genera la violencia, cuando se comprendió en su real dimensión la complejidad de la problemática se inició un coherente esfuerzo de paz y cuando por fin callaron los fusiles, tuvo El Salvador cinco años de impresionante crecimiento económico.
Ciertamente, luego de la postración económica de la década perdida, políticas económicas sensatas hicieron una real diferencia. Para caer años después en “desaceleración”, debido esencialmente al desplome de precios internacionales de nuestros principales productos agrícolas, durante la dolorosa transición de una economía eminentemente agrícola hacia una economía moderna, que iniciaba proceso hacia su inserción al mundo.
Desde mi particular punto de vista pienso que están dadas las condiciones para poder tener mayores tasas de crecimiento económico, sostenibles esta vez en el tiempo. Prueba de ello es que a pesar de la situación de inseguridad y de coyunturas de precios internacionales como la del petróleo, la economía viene poco a poco acelerándose. El problema es la oleada criminal que nos agobia, que en definitiva --fuera del drama humano y social, que es lo más importante-- desincentiva inversión tanto nacional como extranjera.
La buena noticia ante lo dramático de la actual situación es que no sólo parecería ser que hay un esfuerzo que va en serio, pero que estaría ganando apoyo lo que idealmente --por el bien de la mayoría de salvadoreños-- debería llegar a convertirse en una amplia cruzada contra la criminalidad. Debido a que de ser un tema de seguridad pública, se está traspasando frontera para convertirse en un asunto de seguridad nacional.
Las reformas legales propuestas durante la presente semana, que básicamente reconocen que nos equivocamos --como país-- con la figura del hiper garantismo, al dejar en segundo plano los derechos de las víctimas, pues merecen ser discutidas y, en su mayoría, aprobadas. Cómo no apoyar, también, las acciones de auto limpieza que se vienen dando en la Policía, Fiscalía y en el mismo Órgano Judicial.
En la línea de fuego estas instituciones en la lucha contra la criminalidad, el problema no es tanto la posibilidad de que puedan corromperse algunos, como la falta de mecanismos para mantener sanas y creíbles las instituciones. La justicia determinará culpabilidades o inocencias, pero que hay clarísimas muestras de voluntad de sanear las instituciones y de combatir con mayor eficiencia al crimen, pues la hay.
Ante la continua muerte de salvadoreños, debemos en la medida de lo posible tratar de despolitizar este ideologizado tema y aportar en un sano debate las mejores ideas para tener éxito como país en el combate a este terrible flagelo. A una semana de la finalización de Alemania 2006, ojalá comprometiéramos todos, cada quien desde su respectivo ámbito de acción, lo mejor de cada uno en apoyo de los esfuerzos que se vienen dando para poder vivir y trabajar en paz.
¡Ojalá así sea!
*Director Editorial de El Diario de Hoy.

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