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| Trabajo. En la ex
colecturía de especialidades del Hospital Rosales se reciben
las donaciones espontáneas de los pacientes que quieran aportar.
No se les obliga, les preguntan si quieren colaborar. Foto:
EDH |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
En sólo tres semanas, la red hospitalaria pública recibió
la mitad de lo que pretendía percibir en concepto de cuotas voluntarias.
De $828 mil proyectados, únicamente entraron $410 mil a las tesorerías.
Esto supone un duro revés para un sistema en el que sobran las
necesidades y faltan los recursos, ya que el presupuesto oficial no les
alcanza.
De todos los nosocomios, uno de los más afectados es el de Zacamil,
a donde acuden pacientes del interior de la república y hasta de
Honduras, en busca de una cura a sus enfermedades. De $109 mil que quería
recolectar, apenas recibieron $45 mil.
El principal centro pediátrico del país, el Hospital Benjamín
Bloom, también está en apuros. Sólo registraron $26
mil, de $68 mil posibles.
En términos generales, el déficit por la supresión
de las cuotas voluntarias de los hospitales de la red pública es
alrededor de $7 millones.
El Ministro de Salud, doctor Guillermo Maza, acepta la disminución,
aunque asegura que continuarán brindando atención a todos,
sin excepción. “A nadie se le niega la atención en
un hospital por el hecho que no tenga (dinero)”, enfatizó.
Panorama
Ante el dilema de ver el vaso medio vacío o medio lleno, las autoridades
prefieren apreciarlo de manera positiva, al considerar que casi la mitad
de los pacientes que acudieron a los centros de salud en el último
mes contribuyeron con la donación, como forma de retribuirle al
Estado.
Sin embargo, en medio de las carestías, surge la gran inquietud
de quienes sí pueden aportar a los hospitales y no lo hacen, lo
que, al final, complicaría más la situación y le
negaría la oportunidad de tratarse a alguien que no tiene los recursos.
Luego de recibir atención, a todos los pacientes les preguntan
si quieren colaborar. Quienes no pueden o no quieren afrontar el gasto
sólo responden que no y allí termina la historia.
Fomentar con el ejemplo
En la ex colecturía de consulta de especialidades del Hospital
Rosales - ahora Centro de donación - tiene dos empleadas que preguntan
amablemente a los pacientes si pueden donar un dólar. Una de trabajadoras,
Vilma Orelalia Velázquez, reconoce que las personas más
humildes son las que ofrecen su dinero con mayor satisfacción.
Esto se corrobora con datos el Ministro de Salud: entre el 15 de mayo
y el 9 de junio uno de los hospitales de la red nacional con menos déficit
fue el de Soyapango. Se tenía proyectado recibir $37 mil y se recibió
$32 mil. Aquí el porcentaje supera la media.
Vilma Arévalo, la otra receptora de donaciones en el hospital Rosales,
reconoce la situación y es por eso que ayuda al sistema y trabaja
tiempo extra.
“Dependiendo de la necesidad me quedo 1 hora o 2 horas más
al día”, expresó con mucha satisfacción.
Su razón es sencilla: busca que los usuarios no se maltraten. “Para
atender mejor al paciente que viene a donar y para que se vayan más
rápido”, manifiesta, mientras recibía $5 de una enferma
que estuvo hospitalizada 15 días.
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| Ajenos. Dos abuelitos
del Asilo Sara no saben que las cuotas dejaron de existir. Foto:
EDH |
En Maternidad la cosa es diferente. Allí las mujeres pasan su
consulta y, luego, la enfermera les pregunta si quieren donar. Si la respuesta
es positiva pasan por la ex colecturía y entregan lo que quieran,
sin importar si fue consulta externa, parto o cesárea. Si no les
interesa colaborar, simplemente se van de las instalaciones.
El Ministro Maza afirma que el 65% de esas cuotas voluntarias que reciben
van a remuneraciones. El 7.3% al pago de servicios básico (electricidad
y agua, entre otros ). Y apenas el 0.22% para medicamentos.
“O sea que teóricamente no tiene que influir”, reitera.
Sólo el 1.66% es para insumos médicos y quirúrgicos
y que no tiene por qué tener un impacto tan grande.
La solución que tiene para esto es sencilla. Apunta que como el
impacto más grande será en remuneraciones y en los servicios
básicos, “la gente deberá empezar a ahorrar en agua,
electricidad y esas cosas”, ya que no se puede jugar con la calidad
del servicio.
Y los hospitales, independientemente de que si recibe o no cuotas voluntarias
o si están en una gran crisis financiera, están en la obligación
de atender a la población.
Por eso, el sistema de salud, también enfermo, apela a la solidaridad.
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“Soy pobre pero voy a donar”
El caso de Ana Gladys es similar al de muchas pacientes
que llegan a dar a luz en el Hospital de Maternidad. Su hijo nació
por cesárea, operación que en cualquier hospital privado
puede superar los mil dólares. Ella reconoce lo dichosa que
es por contar con atención médica, es por ello que
luego de la charla que le dieron para incentivarla a que donara
su decisión fue positiva. “Soy pobre. Vivo en Panchimalco,
pero voy a donar”, contó mientras daba el pecho a su
hijo, aunque reconoció que no sabía la cantidad que
iba a dar su esposo, que trabaja la tierra al igual que su padre.
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“El que puede tiene que pagar”
Las palabras de Teodora Vázquez son alentadoras.
Cuenta que no pagó la donación y que desde que se
enfermó, hace dos años, que no le han cobrado. Para
eso, ella pasó por Servicio Social. Ahora sabe que la gente
que no puede pagar no debe hacer este trámite, pero es consciente
de que la responsabilidad les recae a los que están en mejor
situación. “El que puede tiene que pagar porque el
hospital tiene la necesidad de ayudar a la gente que no tiene. Eso
es solidaridad”, enfatiza la señora que vive en Santiago
Nonualco y pide a sus hermanos los $2.60 del pasaje. |
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“Todos deberían dar un poquito”
El ser estudiante de una universidad privada y el
recibir una remesa coloca en una situación diferente a Ricardo
Doradea, que pasa consulta en el Rosales. “La donación
es una costumbre. Es un deber”, cuenta el joven que vive en
San Martín y colaboró con gusto con un dólar
para recibir atención en la especialidad de dermatología.
Explica que a veces uno se ve en la obligación de pagar,
aunque reconoce que la salud es gratuita. Sin embargo, no se olvida
de aconsejar a las personas sin diferenciar su posibilidad económica.
“Todos deberían dar un poquito”, enfatiza. |
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“Cuando hay, es lindo colaborar”
Clara Daniela, de cuatro meses, hija de Blanca Estela
Herrera Morales, ignora la difícil situación económica
que viven sus padres. Sin embargo, la bebé recibe su terapia
sin ningún costo para su familia, gracias al retiro de las
cuotas voluntarias desde hace dos meses. Blanca Estela explica que
antes pagaba $1.15 por cada sesión semanal de terapia y que
desde que se retiraron las cuotas ya no lo hace. Aclara que su negación
a dar dinero al sistema se debe a que tiene otro hijo y muchos gastos
acumulados en el hogar. “No trabajo porque (la niña)
no quiere agarrar la pacha. Le doy el pecho pero necesito trabajar
porque ya no alcanza”, confiesa mientras juega con su beba.
Pese a esto, cuenta que pagó $56 por el parto de su hija.
La niña nació en Maternidad pasados los nueve meses
de gestación. Esto le ocasionó problemas en los pies,
por ello la necesidad de llevarla a terapia cada semana los primeros
meses y actualmente cada 15 días. “Cuando hay dinero,
es lindo colaborar. Pero en estos tiempos no puedo”, asegura
la madre de 23 años que vive en Lourdes. |

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