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En aprietos
Sistema público de salud

Las tesorerías de los centros de salud apenas reciben la mitad de lo que antes recolectaban. Esto afecta considerablemente en el funcionamiento de los hospitales. Ahora ya no se llaman cuotas voluntarias, sino donaciones. Las personas con menos recursos son las que más contribuyen, como muestra de agradecimiento.

Publicada 30 de junio de 2006 , El Diario de Hoy

Trabajo. En la ex colecturía de especialidades del Hospital Rosales se reciben las donaciones espontáneas de los pacientes que quieran aportar. No se les obliga, les preguntan si quieren colaborar. Foto: EDH

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

En sólo tres semanas, la red hospitalaria pública recibió la mitad de lo que pretendía percibir en concepto de cuotas voluntarias. De $828 mil proyectados, únicamente entraron $410 mil a las tesorerías.

Esto supone un duro revés para un sistema en el que sobran las necesidades y faltan los recursos, ya que el presupuesto oficial no les alcanza.

De todos los nosocomios, uno de los más afectados es el de Zacamil, a donde acuden pacientes del interior de la república y hasta de Honduras, en busca de una cura a sus enfermedades. De $109 mil que quería recolectar, apenas recibieron $45 mil.

El principal centro pediátrico del país, el Hospital Benjamín Bloom, también está en apuros. Sólo registraron $26 mil, de $68 mil posibles.

En términos generales, el déficit por la supresión de las cuotas voluntarias de los hospitales de la red pública es alrededor de $7 millones.

El Ministro de Salud, doctor Guillermo Maza, acepta la disminución, aunque asegura que continuarán brindando atención a todos, sin excepción. “A nadie se le niega la atención en un hospital por el hecho que no tenga (dinero)”, enfatizó.

Panorama

Ante el dilema de ver el vaso medio vacío o medio lleno, las autoridades prefieren apreciarlo de manera positiva, al considerar que casi la mitad de los pacientes que acudieron a los centros de salud en el último mes contribuyeron con la donación, como forma de retribuirle al Estado.

Sin embargo, en medio de las carestías, surge la gran inquietud de quienes sí pueden aportar a los hospitales y no lo hacen, lo que, al final, complicaría más la situación y le negaría la oportunidad de tratarse a alguien que no tiene los recursos.

Luego de recibir atención, a todos los pacientes les preguntan si quieren colaborar. Quienes no pueden o no quieren afrontar el gasto sólo responden que no y allí termina la historia.

Fomentar con el ejemplo

En la ex colecturía de consulta de especialidades del Hospital Rosales - ahora Centro de donación - tiene dos empleadas que preguntan amablemente a los pacientes si pueden donar un dólar. Una de trabajadoras, Vilma Orelalia Velázquez, reconoce que las personas más humildes son las que ofrecen su dinero con mayor satisfacción.

Esto se corrobora con datos el Ministro de Salud: entre el 15 de mayo y el 9 de junio uno de los hospitales de la red nacional con menos déficit fue el de Soyapango. Se tenía proyectado recibir $37 mil y se recibió $32 mil. Aquí el porcentaje supera la media.

Vilma Arévalo, la otra receptora de donaciones en el hospital Rosales, reconoce la situación y es por eso que ayuda al sistema y trabaja tiempo extra.

“Dependiendo de la necesidad me quedo 1 hora o 2 horas más al día”, expresó con mucha satisfacción.

Su razón es sencilla: busca que los usuarios no se maltraten. “Para atender mejor al paciente que viene a donar y para que se vayan más rápido”, manifiesta, mientras recibía $5 de una enferma que estuvo hospitalizada 15 días.

Ajenos. Dos abuelitos del Asilo Sara no saben que las cuotas dejaron de existir. Foto: EDH

En Maternidad la cosa es diferente. Allí las mujeres pasan su consulta y, luego, la enfermera les pregunta si quieren donar. Si la respuesta es positiva pasan por la ex colecturía y entregan lo que quieran, sin importar si fue consulta externa, parto o cesárea. Si no les interesa colaborar, simplemente se van de las instalaciones.

El Ministro Maza afirma que el 65% de esas cuotas voluntarias que reciben van a remuneraciones. El 7.3% al pago de servicios básico (electricidad y agua, entre otros ). Y apenas el 0.22% para medicamentos.

“O sea que teóricamente no tiene que influir”, reitera. Sólo el 1.66% es para insumos médicos y quirúrgicos y que no tiene por qué tener un impacto tan grande.

La solución que tiene para esto es sencilla. Apunta que como el impacto más grande será en remuneraciones y en los servicios básicos, “la gente deberá empezar a ahorrar en agua, electricidad y esas cosas”, ya que no se puede jugar con la calidad del servicio.

Y los hospitales, independientemente de que si recibe o no cuotas voluntarias o si están en una gran crisis financiera, están en la obligación de atender a la población.
Por eso, el sistema de salud, también enfermo, apela a la solidaridad.

“Soy pobre pero voy a donar”

El caso de Ana Gladys es similar al de muchas pacientes que llegan a dar a luz en el Hospital de Maternidad. Su hijo nació por cesárea, operación que en cualquier hospital privado puede superar los mil dólares. Ella reconoce lo dichosa que es por contar con atención médica, es por ello que luego de la charla que le dieron para incentivarla a que donara su decisión fue positiva. “Soy pobre. Vivo en Panchimalco, pero voy a donar”, contó mientras daba el pecho a su hijo, aunque reconoció que no sabía la cantidad que iba a dar su esposo, que trabaja la tierra al igual que su padre.

 

“El que puede tiene que pagar”

Las palabras de Teodora Vázquez son alentadoras. Cuenta que no pagó la donación y que desde que se enfermó, hace dos años, que no le han cobrado. Para eso, ella pasó por Servicio Social. Ahora sabe que la gente que no puede pagar no debe hacer este trámite, pero es consciente de que la responsabilidad les recae a los que están en mejor situación. “El que puede tiene que pagar porque el hospital tiene la necesidad de ayudar a la gente que no tiene. Eso es solidaridad”, enfatiza la señora que vive en Santiago Nonualco y pide a sus hermanos los $2.60 del pasaje.

 

“Todos deberían dar un poquito”

El ser estudiante de una universidad privada y el recibir una remesa coloca en una situación diferente a Ricardo Doradea, que pasa consulta en el Rosales. “La donación es una costumbre. Es un deber”, cuenta el joven que vive en San Martín y colaboró con gusto con un dólar para recibir atención en la especialidad de dermatología. Explica que a veces uno se ve en la obligación de pagar, aunque reconoce que la salud es gratuita. Sin embargo, no se olvida de aconsejar a las personas sin diferenciar su posibilidad económica. “Todos deberían dar un poquito”, enfatiza.

 

“Cuando hay, es lindo colaborar”

Clara Daniela, de cuatro meses, hija de Blanca Estela Herrera Morales, ignora la difícil situación económica que viven sus padres. Sin embargo, la bebé recibe su terapia sin ningún costo para su familia, gracias al retiro de las cuotas voluntarias desde hace dos meses. Blanca Estela explica que antes pagaba $1.15 por cada sesión semanal de terapia y que desde que se retiraron las cuotas ya no lo hace. Aclara que su negación a dar dinero al sistema se debe a que tiene otro hijo y muchos gastos acumulados en el hogar. “No trabajo porque (la niña) no quiere agarrar la pacha. Le doy el pecho pero necesito trabajar porque ya no alcanza”, confiesa mientras juega con su beba. Pese a esto, cuenta que pagó $56 por el parto de su hija. La niña nació en Maternidad pasados los nueve meses de gestación. Esto le ocasionó problemas en los pies, por ello la necesidad de llevarla a terapia cada semana los primeros meses y actualmente cada 15 días. “Cuando hay dinero, es lindo colaborar. Pero en estos tiempos no puedo”, asegura la madre de 23 años que vive en Lourdes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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