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Palabras
El mundial de fútbol y la paz
Las estadísticas indican que por
lo menos ¡mil millones de seres humanos! ven al día el Campeonato
Mundial de Fútbol, el evento deportivo más importante en
el planeta.
Publicada 30 de junio de 2006, El Diario de Hoy
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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Aún escépticos, científicos y filósofos
se detienen un momento ante las pantallas satelitales para ver los gloriosos
goles a ritmo de samba de Brasil. En este lapso el sapiens se olvida de
lo triste y miserable del mundo y como en los campos griegos de pelota,
tal vez el deporte nos devuelva la gloria perdida de nuestra civilización.
Aún más, el evento podría cobrar dimensiones globales
para un nuevo orden de paz en la Tierra. Las Naciones Unidas podrían
indemnizar la paz en el orbe, destinando parte del presupuesto mundial
de armas y defensa a crear un mundo mejor, construir hospitales, granjas,
escuelas, parques, teatros y estadios deportivos donde se venere la paz
mundial.
Griegos, atlantes, romanos, aztecas, mayas, tribus del Amazonas, incas,
escandinavos, todos practicaron este deporte de multitudes. El globo terráqueo
tiene la misma forma esférica de un balón. La afición
al fútbol puede estar en nuestra misma escritura genética.
Dios quiera que la humanidad aprenda en este evento mundial que la paz
es la gloria más grande que nuestra civilización pudiera
alcanzar en un estadio deportivo o en los campos de guerra.
(palabrasbalaguer@agmail.com)
Día a día
Medidas nocivas
Desde la Alianza para el Progreso lanzada por el difunto John Kennedy,
las organizaciones sindicales estadounidenses, y más tarde la OIT,
han venido presionando para facilitar el establecimiento de sindicatos
y combatir “el trabajo infantil”.
El más nocivo de los efectos en aquella época, 1960, fue
la erradicación del régimen de aprendizaje, basado entonces
en la libre contratación entre los jóvenes, sus padres o
guardianes y los artesanos.
Uno de los resultados nefastos de semejante disposición, que se
mantiene al día de hoy, es que El Salvador fue perdiendo a sus
trabajadores especializados, como ebanistas y fontaneros.

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