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Diario de Hoy
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Conocidos nuestros se quebraban la cabeza tratando de encontrar qué
grupos están detrás de las quemas de buses y demás
actos vandálicos que tuvieron lugar en San Salvador ayer jueves
29 de junio. Unos pensaban que podrían ser evangélicos,
otros señalaban a residentes polacos, unos terceros suponían
que los culpables son artistas de vanguardia que no logran exponer sus
obras. La Policía finalmente aclaró el asunto: los criminales
son miembros de la BRES, un grupo de estudiantes comunistas de la Universidad
de El Salvador, en alianza con mareros y otros indeseables.
De tal palo, tal astilla. Los mentores de los asaltantes son los que en
los años anteriores a la agresión armada contra el país
se daban a la misma tarea: asaltar e incendiar unidades de transporte
urbano, aterrorizar transeúntes, decretar boicots de autobuses.
En aquel tiempo no era la BRES sino el MERS, donde la guerrilla reclutaba
su carne de cañón. Los enloquecidos protestaban por todo
lo imaginable y con una única finalidad: derrumbar la sociedad
y, como ellos pregonaban, establecer “el socialismo” en El
Salvador, sueño que en parte se vino abajo con la caída
del Bloque Soviético en 1989.
La Universidad de El Salvador, entonces como ahora, es la guarida donde
se refugian las bandas de asalto sobre la ciudad. De allí salen
las marchas en apoyo de los sindicalistas del Seguro Social, los desfiles
del primero de mayo, las manifestaciones que se orquestaron en apoyo de
los secuestradores de aviones del 09/11, los grupos que se unen a los
vendedores de mercaderías pirateadas cuando estos montan desórdenes.
Es precisamente con la UES, la “República Popular Universitaria”,
con la cual ha firmado un convenio de cooperación y capacitación
de estudiantes y docentes del Derecho, la Corte Interamericana de Derechos
Humanos.
En ambas entidades se inventan nuevas justicias, como es eso de la culpa
colectiva que quieren adosar al Perú y ya marcaron a El Salvador.
Y así como al gobierno peruano lo encausan por cesantear a un número
de individuos hace algunos años, en lo sucesivo no habrá
despido en entidad pública hispanoamericana, que no vaya a engrosar
los juicios pendientes en la Corte Interamericana.
El procedimiento puede paralizar los procesos de modernización
de los distintos estados, la incorporación de nuevas tecnologías,
el retiro de indeseables e incapaces, la limpia de corruptos y las naturales
liquidaciones de programas que se demuestran ineficaces. Para ilustración
de los augustos miembros de la Corte, aquí en El Salvador no ha
podido un grupo de sindicalistas expulsar al cabecilla de otro grupo después
de que este individuo fuera procesado por agresión sexual contra
la hijastra. En esas compañías andarán de ahora en
adelante.
Derechos para proteger terroristas
Los derechos humanos sólo tienen sentido y consistencia dentro
de un marco general del Derecho, de la moral, de la lógica y de
las tradiciones jurídicas que son una de las mayores glorias de
la civilización occidental. De lo contrario y como con Carter con
su malvada política, los “derechos humanos” se invocan
para proteger a terroristas, desestabilizar gobiernos y hundir vastas
regiones en la permanente discordia, odios de clase y carnicerías.
Con sus truculentos fallos muy pobre favor está haciendo la Corte
Interamericana a nuestra agitada y confundida América.

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