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Plan de paz de los presos

Editorial. En ausencia de propuestas, la de encarcelados es una opción aceptable, pese a que contiene deficiencias


Publicada 28 de junio de 2006, El Diario de Hoy

The New York Times
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

La mayoría de palestinos favorece una solución de dos estados que reconociera las fronteras de Israel previas a 1967 y, por tanto, explícita o implícitamente, el derecho de Israel a existir. Sin embargo, el gobierno de Hamas se había negado a efectuar cualquier gesto de ese tipo.
El Presidente palestino, Mahmoud Abbas, está tratando de explotar esa inconsistencia para obligar a Hamas a que dé su aprobación a la posición prevaleciente entre los palestinos y haga posible un nuevo comienzo de pláticas de paz.
El vehículo que Abbas ha aprovechado es una propuesta formada en conjunto por prisioneros palestinos que cumplen condenas en cárceles israelíes. Muchos de ellos vienen del propio partido político de Abbas, Fatah. Sin embargo, otros vienen de Hamas. El atractivo político de la propuesta para los palestinos está en la popularidad de su autoría y en la ambivalencia de algunas de sus cláusulas. Sus debilidades como un verdadero plan por la paz tienen su origen en algunas de esas mismas ambivalencias.
A diferencia de los acuerdos de paz de Oslo en los 90, mismos que no se cumplieron, y del plan de paz de la Liga Árabe en 2002, la propuesta de los presos sólo ofrece un reconocimiento implícito, no explícito, de Israel. Y, contradiciendo una solución que abarque a dos estados, afirma el derecho de refugiados palestinos a volver a lo que era Israel antes de 1967.
Hace cinco años, un plan de este tipo habría sido presentado como un retroceso. Sin embargo, eso fue en esa época. El clima actual es más sombrío. No se ha sostenido ni una sola conversación de paz en más de cinco años. Las propuestas israelíes por la paz hablan de imponer fronteras unilateralmente.
Los palestinos tienen un gobierno que aprueba el terrorismo, se niega a reconocer la existencia de Israel y evita hablar de dos Estados. En este oscuro panorama, la aceptación de la propuesta de los presos, con todos defectos, sólo puede ser recibida como un paso bienvenido en la dirección correcta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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