Joaquín
Villalobos*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Oxford Inglaterra. En mi primer año de universidad escuché
una anécdota sobre una conferencia estudiantil de la izquierda
latinoamericana, ocurrida en los años cincuenta. Contaban que los
cubanos eran muy populares por sus fiestas, mientras los chilenos eran
los que más estudiaban y debatían.
La anécdota pretendía destacar la importancia de la acción,
concluyendo que los cubanos hicieron su revolución, en tanto los
chilenos, por estar discutiendo, habían perdido la oportunidad.
Medio siglo más tarde la moraleja de esta historia apunta en dirección
contraria.
Profundizando sobre la discusión existente en el seno de la izquierda,
descubriremos que la parte ética no es medular, ya que la corrupción
y la honestidad no tienen ideología. El heroísmo tampoco
es patrimonio de una tendencia, Salvador Allende fue más consecuente
que Hugo Chávez, que en dos ocasiones se ha rendido.
El derecho al privilegio por los cambios en Rusia y China, ha reducido
su importancia y, por otro lado, gobernar permanentemente un país
produce beneficios similares a los de cualquier millonario.
Todas las corrientes de izquierda están de acuerdo en garantizar
salud, educación y oportunidades, pero hay grandes divergencias
sobre cómo lograrlo. El corazón del debate parece entonces
ubicarse en la pregunta: ¿Cuál es el camino más rápido
y seguro para hacer de la equidad y la solidaridad valores universales?
Las derechas de forma abierta o encubierta no creen en éstos, la
desigualdad es considerada una ventaja del mercado y la solidaridad es
entendida como caridad.
En esto las diferencias entre la derecha y la izquierda no son sólo
de énfasis sobre la relación de la libertad individual con
la generación de riqueza, apuntan a algo más central: la
responsabilidad del individuo con su entorno social y ambiental para crear
sociedades más estables y seguras.
Las diferencias dentro de la izquierda aparecen cuando en la búsqueda
de la equidad y la solidaridad, surge la tolerancia, y es de allí
que deriva el debate sobre democracia y mercado.
¿Por qué una parte de la izquierda considera la tolerancia
un asunto instrumental?, y ¿por qué la otra la considera
un valor vital? Una izquierda pretende avanzar más rápido,
eliminando la influencia de otras ideas argumentando que si la derecha
ha tenido omnipresencia ideológica, es justo que la izquierda también
la tenga, con lo cual la venganza sustituye al cambio histórico.
La otra izquierda no busca vengarse, sino transformar la sociedad de forma
permanente.
Europa Occidental, que pasó por las manos de derechas absolutistas
y fascistas, fue transformada por las ideas de la izquierda socialdemócrata.
Europa Oriental, China y Rusia representaron a la izquierda que pretendió
avanzar más rápido. El resultado es que Francia, Inglaterra,
Suecia, España, Italia, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda,
Dinamarca y Noruega poseen los niveles de calidad de vida más altos
del planeta, al tiempo que son sociedades ricas, educadas, integradas,
laicas, solidarias, equitativas y seguras.
Los valores de esta izquierda, que gana y pierde elecciones, comienzan
a influenciar la oferta y la demanda. Consumido-res civilizados han forzado
a crear marcas de productos ecológica, comercial y laboralmente
responsables.
En contraste, en Rusia y Yugoslavia, donde los comunistas gobernaban permanentemente,
se produjo un retorno del racismo, las oligarquías, el nacionalismo,
las mafias y el fundamentalismo religioso.
En China el capitalismo ha llegado de forma salvaje profundizando desigualdades
y excluyendo a centenares de millones de personas. Comparando a Cuba con
Costa Rica y Chile, dos países latinoamericanos con gran influencia
socialdemócrata, no encontraremos grandes diferencias en los progresos
sociales. Sin embargo, lo central es que la equidad y la solidaridad en
Cuba por ser valores impuestos no podrán evitar el retorno de mafias,
oligarquías y desigualdades extremas.
Costa Rica, en términos relativos, ha recibido más inmigrantes
que EE.UU. y Chile está saliendo del tercer mundo. Fidel Castro,
después de 40 años de ateísmo, recibió como
héroe al Papa más conservador de la Iglesia Católica
y existen en la isla apartheid turísticos que son una mezcla de
tolerancia al capitalismo y turismo internacional, con intolerancia a
los consumidores y pequeños negocios cubanos. La pretensión
de “imponer” un hombre nuevo solidario da lugar a un rebrote
fortalecido del pensamiento reaccionario. Los cubanos hacen un chiste
con esto diciendo que “el camino más largo entre capitalismo
y capitalismo se llama socialismo”.
Según la dialéctica marxista los cambios de calidad provienen
de la lucha de contrarios, sin embargo los comunistas eliminaron la contradicción
y el debate. La tolerancia hacia otras ideas para ganar en el terreno
de la razón es el mejor camino para hacer de la solidaridad y la
equidad valores universales. La izquierda, además de reducir la
pobreza, debe crear y consolidar instituciones, respetar la legalidad
y convertir su ideario en parte fundamental de la cultura política
de los ciudadanos.
La izquierda radical genera seguidores reactivos y emocionales, y éstos,
son siempre potencialmente ganables por extremismos reaccionarios. Ayer
ocurrió en la Argentina de Perón, ahora parece estar sucediendo
en Perú y Venezuela, mañana quizás ocurra en Cuba
y en El Salvador.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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