Carlos
Sandoval*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La industrialización es la premisa para poder transitar de la
economía privada a la colectiva. Sería contravenir las leyes
dialécticas del desarrollo ignorar esta proposición, pues
no es el Estado el que genera riqueza y progreso, sino la empresa privada
competitiva y moderna.
Recoger despojos del socialismo estalinista para sacar a los pueblos de
la pobreza es una herejía contra el marxismo.
Este fue el corolario de la nota anterior, “Socialismo con rostro
indígena”. Ahora sólo falta demostrar, fundamentar
su veracidad; de lo contrario, todo se quedaría en la incertidumbre
o, lo más grave, en la falsedad. Los argumentos los tomo de El
Capital (t 1, c. XXIII), de Carlos Marx.
Para que una sociedad de economía privada pueda transitar al socialismo
es condición “sine qua non” que haya alcanzado su plena
industrialización. O sea, que haya dejado la economía agropecuaria
--cuya base de producción es la tierra--, para sustituirla por
la economía manufacturera --cuya base de producción es la
fábrica--. Las sociedades tienen sus estaciones, como los frutos.
En el Manifiesto Comunista expresó Marx que la historia de la humanidad
es la historia de las luchas de clases. La historia registra tres formas
de propiedad privada: esclavista, feudal y capitalista. Esto se debe a
que en cada época los hombres producen los bienes y servicios necesarios
para subsistir (estructura) y, como contrapartida, la forma de organización
social (superestructura).
Las contradicciones de la sociedad capitalista se dan entre los dueños
de los medios de producción y los que venden su fuerza de trabajo.
Pero sucede, según Marx, que cuando “toda la producción
se vende en el mercado con ganancias fabulosas”, la riqueza se concentra
entre los capitalistas, mientras que la pobreza se extiende entre los
trabajadores. Es la teoría llamada “depauperación
del proletariado”. Los capitalistas y trabajadores son, en la nueva
etapa social, los exponentes del conflicto. Dialécticamente, los
empresarios representan la tesis, los trabajadores la antitesis y la nueva
sociedad socialista la síntesis.
La contradicción de intereses entre empresarios y trabajadores
es la que crea las condiciones revolucionarias. Sin embargo, la revolución
proletaria, en contra del pronóstico de Marx, no se dio en ningún
país desarrollado, sólo en los subdesarrollados: México
(1910), Rusia (1917), China (1945), Cuba (1958), Nicaragua (1979) y El
Salvador (1981), para citar unos cuantos.
Los últimos movimientos izquierdistas que han accedido al poder
en Venezuela, Brasil, Chile y Bolivia lo han logrado por la vía
electoral y no por la revolucionaria; pero ninguno de ellos --esto es
lo importante-- ha cambiado la propiedad privada por la colectiva.
La nacionalización de los hidrocarburos ordenada por Evo Morales,
no contradice la base de la economía privada, sino que la complementa.
Tampoco conduce al socialismo; por ejemplo, México y Venezuela
respetaron la propiedad privada cuando nacionalizaron sus recursos petroleros
en 1936 y 1975, respectivamente.
Y en cuanto al reparto de tierras a los indígenas en Bolivia ha
sido con la finalidad de ampliar la propiedad privada y fortalecer la
producción rural. Lo prueba el hecho de que la tierra confiscada
no se estatizó, sino que se privatizó. Lo mismo quiso hacer
Molina en 1976, pero su reforma agraria se frustró, a pesar de
que había prometido “no dar un paso atrás”.
Lo que originó un artículo de Ella-curía titulado,
irónicamente: “¡A sus órdenes, mi capital!”.
En síntesis: no hay ningún gobierno de izquierda en Latino-américa,
con la única excepción de Cuba, que haya renunciado a la
propiedad privada y al comercio global. A pesar de su verborrea antiimperialista,
Hugo Chávez le vende a EE.UU. el 60% de su producción petrolera.
Como dijo recientemente, el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula”
da Silva: “No hay que mezclar la ideología con el comercio”.
Tampoco se debe mezclar el marxismo con los movimientos nacionalistas
e indigenistas, simples despojos del socialismo estalinista.
*Columnista de El Dario de Hoy. carlos_sando1@yahoo.com

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