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La revolución fallida
Los despojos del socialismo

En síntesis: no hay ningún gobierno de izquierda en Latinoamérica, con la única excepción de Cuba, que haya renunciado a la propiedad privada y al comercio global.

Publicada 28 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La industrialización es la premisa para poder transitar de la economía privada a la colectiva. Sería contravenir las leyes dialécticas del desarrollo ignorar esta proposición, pues no es el Estado el que genera riqueza y progreso, sino la empresa privada competitiva y moderna.

Recoger despojos del socialismo estalinista para sacar a los pueblos de la pobreza es una herejía contra el marxismo.

Este fue el corolario de la nota anterior, “Socialismo con rostro indígena”. Ahora sólo falta demostrar, fundamentar su veracidad; de lo contrario, todo se quedaría en la incertidumbre o, lo más grave, en la falsedad. Los argumentos los tomo de El Capital (t 1, c. XXIII), de Carlos Marx.

Para que una sociedad de economía privada pueda transitar al socialismo es condición “sine qua non” que haya alcanzado su plena industrialización. O sea, que haya dejado la economía agropecuaria --cuya base de producción es la tierra--, para sustituirla por la economía manufacturera --cuya base de producción es la fábrica--. Las sociedades tienen sus estaciones, como los frutos.

En el Manifiesto Comunista expresó Marx que la historia de la humanidad es la historia de las luchas de clases. La historia registra tres formas de propiedad privada: esclavista, feudal y capitalista. Esto se debe a que en cada época los hombres producen los bienes y servicios necesarios para subsistir (estructura) y, como contrapartida, la forma de organización social (superestructura).

Las contradicciones de la sociedad capitalista se dan entre los dueños de los medios de producción y los que venden su fuerza de trabajo. Pero sucede, según Marx, que cuando “toda la producción se vende en el mercado con ganancias fabulosas”, la riqueza se concentra entre los capitalistas, mientras que la pobreza se extiende entre los trabajadores. Es la teoría llamada “depauperación del proletariado”. Los capitalistas y trabajadores son, en la nueva etapa social, los exponentes del conflicto. Dialécticamente, los empresarios representan la tesis, los trabajadores la antitesis y la nueva sociedad socialista la síntesis.

La contradicción de intereses entre empresarios y trabajadores es la que crea las condiciones revolucionarias. Sin embargo, la revolución proletaria, en contra del pronóstico de Marx, no se dio en ningún país desarrollado, sólo en los subdesarrollados: México (1910), Rusia (1917), China (1945), Cuba (1958), Nicaragua (1979) y El Salvador (1981), para citar unos cuantos.

Los últimos movimientos izquierdistas que han accedido al poder en Venezuela, Brasil, Chile y Bolivia lo han logrado por la vía electoral y no por la revolucionaria; pero ninguno de ellos --esto es lo importante-- ha cambiado la propiedad privada por la colectiva.

La nacionalización de los hidrocarburos ordenada por Evo Morales, no contradice la base de la economía privada, sino que la complementa. Tampoco conduce al socialismo; por ejemplo, México y Venezuela respetaron la propiedad privada cuando nacionalizaron sus recursos petroleros en 1936 y 1975, respectivamente.

Y en cuanto al reparto de tierras a los indígenas en Bolivia ha sido con la finalidad de ampliar la propiedad privada y fortalecer la producción rural. Lo prueba el hecho de que la tierra confiscada no se estatizó, sino que se privatizó. Lo mismo quiso hacer Molina en 1976, pero su reforma agraria se frustró, a pesar de que había prometido “no dar un paso atrás”. Lo que originó un artículo de Ella-curía titulado, irónicamente: “¡A sus órdenes, mi capital!”.

En síntesis: no hay ningún gobierno de izquierda en Latino-américa, con la única excepción de Cuba, que haya renunciado a la propiedad privada y al comercio global. A pesar de su verborrea antiimperialista, Hugo Chávez le vende a EE.UU. el 60% de su producción petrolera. Como dijo recientemente, el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva: “No hay que mezclar la ideología con el comercio”. Tampoco se debe mezclar el marxismo con los movimientos nacionalistas e indigenistas, simples despojos del socialismo estalinista.

*Columnista de El Dario de Hoy. carlos_sando1@yahoo.com

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