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La Nota del Día
La culpa colectiva de que nos libró Cristo

Las culpas y peor todavía, las condenas colectivas echan abajo lo que ha sido teoría y aplicación del Derecho Penal, que se basa en acusaciones y pruebas puntuales.

Publicada 28 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, engendro que viene de hace varios años, no sólo ha revivido la noción de las “culpas colectivas”, sino que están convirtiendo a la Corte en una especie de tribunal laboral para todo el Hemisferio, exceptuada Cuba.

En el caso de nuestro país, “el Estado”, o sea todos los salvadoreños, tendrán que indemnizar a una familia por vejámenes cometidos por individuos particulares en medio de una guerra, cuando por definición ---lo que es un país sacudido por conflagraciones--- no hay posibilidad de controlar a toda la soldadesca ni menos a bandas terroristas.

La noción o “figura” de las culpas colectivas viene de muy lejos; Stalin despachó a casi cuarenta millones de kulaks por el delito colectivo de ser pequeños propietarios; los nazis culpaban colectivamente a los judíos por las desventuras de Alemania en los años veinte, mientras Pol Pot exterminó a la mitad de los camboyanos para “purificar” al país de burgueses, contrarrevolucionarios y personas opuestas al gran esquema de redención social.

Muchos aprendimos cuando pequeños que Jesús vino a la tierra para redimirnos del pecado original, vale decir de la culpa colectiva; no se nos condena al infierno por haber nacido hombres, sino por los pecados en que caemos; el cristianismo nos hizo responsables de nuestros actos, volviéndonos inocentes de los actos ajenos, incluidos los que cometen nuestros padres, nuestra tribu o nuestra nación. Como si al perpetrarse un homicidio en medio de una boda, la totalidad de convidados fuera forzada a indemnizar a la familia del muerto.

En el caso de las hermanas Serrano, desaparecidas en circunstancias que nunca se conocieron con certeza y por obra o perversidad de individuos que nunca se han identificado, se quiere cargar la culpa sobre un gobierno que nada tuvo que ver en el asunto, y un pueblo que fue tan víctima como ellas de las atrocidades que se perpetraron entonces, en una guerra surgida precisamente de la malvada política de “derechos humanos” de Jimmy Carter. Carter, el que echó abajo al Sha de Irán para hundir al Medio Oriente en los horrores que conocemos.

¿Quién mató al comendador?

El celo de la Corte sobre los niños desaparecidos, sin embargo, no toca lo que fue el verdadero espanto de esos años: el reclutamiento que hizo la guerrilla de niños y adolescentes, para usarlos como carne de cañón. Los militares tomaron muchos niños, la mayoría de los cuales fue adoptada; los niños de la guerrilla, en cambio, están todos muertos. Es muy del caso que los augustos jueces de la Corte se informen sobre la historia de los “samuelitos”, algunos fotografiados portando rifles frente al ya difunto supremo líder guerrillero.

En adelante y así como vamos, la Corte va a ocuparse de los despidos que hagan entidades públicas, el nuevo gran tribunal inquisidor. Ahora mismo, por cierto, la flamante alcaldesa roja ha purgado a sesenta rosados de la Municipalidad de San Salvador, que pueden comenzar a preparar sus apelaciones.

Las culpas y peor todavía, las condenas colectivas echan abajo lo que ha sido teoría y aplicación del Derecho Penal, que se basa en acusaciones y pruebas puntuales para procesar a hechores reales e identificados.

¿Quién mató al comendador? ¡Fuenteovejuna señor! No, fue el Reino entero…

 

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